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4 3 07 VIAJES En el Amazonas colombiano viven diecinueve grupos indígenas La artesanía de ticunas o huitotos se expone y se vende junto al río Una lancha de turistas se detiene en una de las comunidades indígenas que viven en los márgenes de este inmenso río Amazonas Colombia empieza a pedir turno en la agenda de los viajeros. Su oferta natural es enorme. He aquí un recorrido entre la selva y el agua, en la frontera con Brasil y Perú TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO La llamada del ecoturismo os policías nacionales Silva e Ipuchima desenfundan un teclado Yamaha y un micrófono, los conectan a la luz y echan una ojeada al cielo. A eso de las dos y media aterrizará, como todos los días, el vuelo de Aerorepública procedente de Bogotá. Silva e Ipuchima calientan la voz en la sala de recogida de equipajes, una estancia rudimentaria con cinco ventiladores de as- L pa que renuevan con esfuerzo el aire húmedo y pegajoso de esta esquina del mundo. Ha llovido hace un rato, antes de que llegara el único avión de pasajeros que hoy tomará tierra en esta pista, cargado de turistas y de mercancías para Leticia, la capital del departamento. No hay protocolo, ni finger ni follow me Se detiene el avión junto a la caseta- recepción, bajan los pasajeros, y Silva e Ipuchima, vestidos con su uniforme caqui, se arrancan con una melodía de aire brasileño. No parece que desafinen en exceso, mientras los pasajeros se hacen con su maleta y degustan una refrescante mezcla de cachaza y hielo. Bienvenidos al Amazonas, la mayor reserva mundial de la biosfera proclama Ipuchima antes de entonar el siguiente son. En realidad, la Amazonia mancha de verde siete países, pero nosotros estamos en Leticia, un curioso lugar lejos de cualquier sitio, pero a dos pasos en sentido literal de Brasil y Perú. Hasta aquí sólo se puede llegar en avión (una hora y cuarenta minutos desde Bogotá) o en barco, en una travesía de varios días desde Iquitos o Manaos. Quizá por eso, cuando el vuelo de Aerorepública despega