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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE Cinco reinas al calentamiento global y en parte a la luz que proyectan las Las primeras damas de la ciencia La última semana de febrero en París ha brillado el sol. En parte debido trayectorias de cinco científicas, galardonadas por L Oréal- Unesco POR MAYTE ALCARAZ FOTOS SÉVERINE VASSELIN GAMMA PRESS maginen una mujer africana (de Isla Mauricio) que cura la disentería, la diarrea, los hongos y el asma. No se equivoquen pensando en una hechicera o en una bruja de pelos de alambre: nuestra protagonista es guapa, joven (47 años) perfectamente asimilable a los estilismos europeos, madre de dos niños la pequeña apunta maneras hacia la ciencia y es morena pero no de azabache, sino que más bien parece que el sol hubiera abreviado el paso por su piel por sabe Dios qué razones. Es como si en vez de mezclar en su probeta las plantas de Isla Mauricio para obtener remedios contra las bacterias, hubiera echado pigmento negro y amarillo (hindú) para formar su propia piel del color desteñido de los campos de su país. Ella- -la mujer africana- -aprovechó los conocimientos de sus mayores, auténticos artesanos de la plantas silvestres a las que convertían en infalibles medicamentos para curar a los niños de pies descalzos de Mauricio. Ameenah- -que así se llama nuestra prime- I ra protagonista- -conoce muy bien, además de las fórmulas magistrales fitosanitarias, los pecados capitales de los humanos, también de los africanos; Me van a decir cuando llegue a mi país: tienes ese premio porque eres mujer Se refiere Ameenah a uno de los galardones científicos más importantes del mundo, con el que ha sido condecorada. El que distingue a cinco investigadoras que representan a otros tantos continentes: el premio L OréalUnesco for Women in Science 2007, que el pasado 23 de febrero les fue entregado en la sede de la Unesco en París a cinco herederas del saber de Madame Curie. Y una de ellas es Ameenah GuribFakim. Junto a ella, otras cuatro destacadas catedráticas: Margaret Brimble (Nueva Zelanda) Tatiana Birshtein (Rusia) Ligia Ameenah, de Isla Mauricio, con su hija Imaan Gargallo (Latinoamérica) y Mildred Dressselhaus (Norteamérica) recibieron de manos del director general de la Unesco, Koïchiro Matsuura, y del presidente de L Oréal, sir Lindsay Owen- Jones, ese galardón de rango universal. Paseantes discretas entre los parisinos, que quieren sacudirse el febrero más incoherente que el calentamiento global patrocina, bien pudieran hacernos creer a sus interlocutores, dada la desarmante modestia de todas ellas, que se trata de cinco mujeres más de viaje en la poliédrica capital francesa. Pero no, ni con amnesia puede uno tragarse que está ante cinco ciudadanas comunes. ¿O sí? Bien es verdad que todas ellas son madres y esposas, como tantas otras; pero también catedráticas y prestigiosísimas científicas (esto ya no tan habitual entre las féminas) profesoras de algún Nobel y descubridoras de medicamentos contra enfermedades graves... Esto último ya es indiciario de que estamos ante personas que, de comunes, nada. Sin embargo, Ameenah no se sale de los cánones cuando confiesa que su modelo para progresar en la ciencia ha sido y es Marie Curie, una colega, también de trazos discretos. Y como la francesa, la africana también tiene su propio Pierre Curie, su marido, su compañero en el viaje de la ciencia, padre de sus hijos y al que no renunciaría, así le maten. Y es que, como el resto de premiadas, es políticamente incorrecta desde el punto de vista de cierta sensibilidad feminista: Lo primero es mi familia y gracias a ella yo puedo desarrollar mi trabajo Gasta poco en lamentos personales o de género y se esfuerza en pedir para su profesión: La falta de interés por la ciencia no es un problema de género, sino global y reclama que las publicaciones científicas no sólo difundan los logros sino también los fracasos de la ciencia, cuyo proceso, a pesar de la frustración del resultado, siempre es meritorio Sueña con desarrollar la industria de las plantas medicinales para conseguir medicamentos baratos y efectivos disponibles para los más pobres, lo que ayudaría a su vez a la creación de nuevos puestos de trabajo y oportunidades, aliviando la pobreza No en vano, la OMS estima que más del 80 por ciento de la población en países en vías de desarrollo utiliza plantas medicinales para sus necesidades sanitarias y, a su vez, las naciones desarrolladas se interesan cada vez más por los remedios naturales. Ella está contenta con su trabajo y con este premio; es más, lo prefiere a un Nobel, ese que se da en Suecia es un galardón muy político recalca. (Pasa a la página siguiente) Sueño con desarrollar plantas medicinales para conseguir medicamentos baratos para las comunidades más pobres afirma Ameenah Gurib- Fakim, una de las premiadas Tatiana Birshtein, una orgullosa abuela experta en la estadística de los polímeros