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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE El río Avon a su paso por Bath, la ciudad georgiana mejor conservada de Gran Bretaña comida exquisita acompañan al viajero en las cuatro horas que dura el recorrido hasta la localidad de Bath. Cuatro horas en las que todo está perfectamente organizado para el disfrute de los pasajeros. Sorbetes de champán con limón, aperitivos, flores, chocolates... No falta de nada en este viaje en el túnel del tiempo, en el que tras un par de sorbetes no resulta nada difícil perfilar la sombra del asesino tras los espesos cortinajes que separan un vagón de otro, o vislumbrar algún romance en el apartado con las cortinas sospechosamente echadas, o imaginarse a un norteamericano magnate del petróleo que ha cruzado los mares para recorrer la soñada Europa de la forma más idónea. A través de las ventanillas se suceden los pueblos de tejados de pizarra y la verde campiña inglesa salpicada con la estampa bucólica de vacas y ovejas. Finalmente se llega a la estación de Bath, famosa desde la época de los romanos que, atraídos por sus manantiales de aguas curativas, fundaron el balneario de Aqua Solis. Para los sajones tampoco pasó desapercibido el especial enclave de Bath. Aquí el Rey Oga fundó la abadía donde después fue coronado el Soberano Edgar, allá por 973. Pero quien de verdad le dio su esplendor y días de gloria a Bath fue Beau Nash, dandi y estandarte de la moda del siglo XVII, que sistematizó los baños, levantó teatros y se erigió en maestro de ceremonias en el auge de Bath. Jugó a la perfección los papeles de alcahuete, alcalde y hombre de mundo; y controló la actividad de la ciudad, hasta que consiguió que Bath se convirtiera en uno de los más reputados lugares de encuentro de la política, las artes y las ciencias de la sociedad británica de entonces. La visita de la Reina Anne en 1802 le dio un nuevo empuje que la Reina Charlotte realzó con su año de estancia en el año 1817. Arquitectos como John Wood, constructor entre otros muchos edificios de la ciudad, de las curiosas casas circulares que forman el Crescent Real Escritores como Jane Austen y Oliver Goldsmith. Pintores, músicos y actores hicieron de Bath su hogar en algún momento de más literarias épocas del reinado británico: en la georgiana, en la eduardiana, o en la victoriana, añadiendo así su granito de arena al ambiente de Bath, otrora glamoroso, hoy entrañablemente decadente. Se puede decir que es la ciudad georgiana mejor conservada de Gran Bretaña. A su belleza arquitectónica, al valor añadido de los baños romanos y a su carácter profundamente inglés hay que añadir el soberbio escenario que crea el río Avon a su paso por la ciudad, ensalzado por el Puente Circua Pulteney. Cae la noche, y es hora de regresar. Los farolillos se encienden, los pubs se animan. Pinta va, pinta viene. Termina la excursión de Bath, llena de sorpresas arquitectónicas, un magnifico balneario y un paisaje espectacular. El British Pullman espera a sus viajeros para ofrecerles una suculenta cena regada con excelente vino, en la que se suceden manjares servidos con elegancia. Los reservados vuelven a correr las cortinas, se escucha el adormecedor traqueteo del tren y, una vez más... la estación Victoria. En un solo día, en apenas unas horas, el hoy denominado Venice Simplon, Orient- Express ha vuelto a conseguir su propósito uniendo el pasado y el presente sobre unos vagones cargados de ensueño, en los que el mundo real se queda al margen y el hechizo se apodera del pasaje. Más información: www. orient- express. com una silueta impecable. Es el British Pullman pintado con suaves pinceladas en beige y marrón que evocan el tono sepia del pasado. Las ventanas, de regia madera, dejan adivinar una decoración acogedora que mantiene el sello años veinte sillones de orejas tapizados con cretonas y servicio de plata y cristalerías finísimas en las mesas. Terciopelos, sedas y una tripulación que, apostada en las puertas de cada vagón, brilla casi tanto como el tren por su indumentaria y por la amabilidad con que reciben al viajero. Cada carruaje tiene su propio nombre, su peculiar historia y, por supuesto, su decoración particular: El Vera con marquetería de antílope, fue construido en 1932 por el Metropolitan Commell Carriage and Wagon Co. Ltd y acogió al Príncipe Carlos y a la Princesa Ana en su primer viaje en ferrocarril eléctrico. El Persus en cambio, tuvo el muy sobrio destino de servir como vehículo del funeral sobre raíles de Winston Churchill en 1965. En el Phoenix viajó Charles De Gaulle, y el Zena sirvió para fines teatrales en la obra Un rico norteamericano en busca de la soñada Europa ORIENT- EXPRESS DE INGLATERRA York Liverpool Aberystwyth Manchester Birmingham Oxford N INGLATERRA GALES Bristol Cambridge Londres Bath Southampton Plymouth REINO UNIDO OCÉANO ATLÁNTICO 0 Km 100 Agatha sobre la escritora Agatha Christie, que inmortalizó este tren con su famosa novela Asesinato en el Orient Express tantas veces versionada o adaptada al cine. Un servicio de primera y una Cada vagón del ferrocarril tiene su propio nombre, su peculiar historia y, por supuesto, su decoración particular