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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE Hotel Majestic, recuerdo de una vieja Europa que se vende ahora al mejor postor gares. Pero fue en el antiguo Hôtel Majestic donde se forjó la leyenda de un primer libro escrito al fragor de una guerra mundial. Entre 1908 y 1940 el Majestic ocupó un puesto capital en la historia del lujo, la moda y lo que entonces podía entenderse por gran mundo de las artes, las culturas, el ocio, etc. En los salones de ese hotel se celebró en 1922 una multitudinaria cena mundana que forma parte de la historia del gran arte. En esa cena se encontraron, por primera y única vez, tres de los más grandes creadores del siglo XX: Marcel Proust, James Joyce y Pablo Picasso. Es leyenda que Picasso pronunció un discurso ¡en catalán! Y se han escrito ensayos y libros intentando especular con lo que pudieron decirse Joyce y Proust. A juzgar por las últimas noticias, no se dijeron nada inolvidable. Joyce bebía demasiado. Y Proust estaba punto de mudarse, si no lo había hecho ya, a su último domicilio de la rue Laperouse, lindando con el Majestic. Mientras tanto, el hotel había entrado ya en la historia de las leyendas, a través de las aventuras de Arsène Lupin, el ladrón de guante blanco, atraído, él o su creador, por el laberinto de pasillos, salones y sótanos llamados a jugar un papel muy siniestro pocos años más tarde. En el Hôtel Majestic se instaló el comandante en jefe de las tropas del III Reich, tras la ocupación. Una de las numerosas residenciales oficiales y oficiosas de la Gestapo se instaló en el Hôtel Raphael, en la misma calle, frente al Majestic. Entre los oficiales que allí trabajaron destaca la figura de Ernst Jünger, uno de los dos o tres escritores alemanes más grandes del siglo XX. Sus legendarios Diarios de París se escribieron entre el Raphael y el Majestic, precisamente. Hubo otro español importante que también pasó por ambos hoteles: Dionisio Ridruejo, que contó de manera exquisita su paso por un burdel próximo, y recordó el comentario de una prostituta que intentaba atraerlo hacia el lecho con una sonrisa y este comentario ácido: ¡Aquí está Francia, trabajando! ¡Voila la France, au travail! (un archirrepetido lema de Petain) En el Majestic residió el general Dietrich von Choltitz el día que recibió de Hitler la orden de destruir París, para dejar a los aliados un campo de ruinas. Von Choltiz fue detenido por un soldado español a las órdenes del general Leclerq orgulloso todavía de su militancia en la CNT- FAI. Anécdota esta última que me contó Dominique Lapierre, coautor de ¿Arde París? que tenía un piso frente al Majestic, donde me invitó a tomar café con motivo de un encuentro cuyo rastro escrito debe vagar por los archivos de ABC. En verdad, la leyenda del Palacio de Castilla y el Hôtel Majestic quizá continúe creciendo con el tiempo. Simenon le consagró una novela Les caves du Majestic Buena parte de la obra narrativa de Patrick Modiano sigue la pista a personajes que se cruzaron por los pasillos de ese hotel. Y una memorable película de Jean- Pierre Melville L Armée des ombres evoca las mismas sombras. En ese hotel se firmó el fin de la guerra de Vietnam, y se refundó la OSCE. Quienes hemos cubierto la actualidad europea en París guardamos del Palacio de Castilla, del Hôtel Majestic, el recuerdo del perfume embriagador de una vieja Europa difunta, dispuesta a vender sus últimos despojos a un afortunado inversor chino o a un príncipe saudí. Azorín, enviado especial de ABC En mayo de 1918, todavía bajo el azote de la Primera Guerra Mundial, Azorín fue enviado especial de ABC en París, donde después sería corresponsal de este mismo diario. Azorín siempre estuvo muy vinculado con la capital francesa a través de este diario. Al gran escritor y perio A estas pocas páginas ha quedado reducido mi viaje a París: el viaje que hice- -en mayo de 1918- -como enviado del diario ABC. He querido suprimir todo lo que no se relaciona con el título de este libro. En esas páginas escritas en París, al reimprimirlas, he añadido detalles e incidencias que entonces no se podían decir. La realidad verdadera queda expresada en el presente volumen. Mi deseo es dar una visión directa, dista le gustaba alojarse en el hotel Majestic, donde escribiría las cronicas que recopiló en el libro París bombardeado A continuación, reproducimos el prólogo en el que recuerda el cuartito silencioso del Majestic en el que se encerraba para escribir sus reportajes para ABC. la lejanía, cada vez mayor, vuelve a sentir unos minutos que ya pasaron para no volver jamás, y evoca unas cosas a las cuales se aferra con profundo cariño antes de que se esfumen definitivamente en lo pasado. ¡Y esos minutos ya no volverán! No volverán las horas pasadas, en aquellos días trágicos, allá arriba, cerca del Arco de la Estrella, en el cuartito silencioso del hotel Majestic... sobria y fiel de las cosas. Van al final algunos recuerdos de mi estancia en la gran capital francesa. Han sido escritas esas páginas a algunos meses de distancia; las otras las escribí día por día, hora por hora, bajo la presión inmediata de lo que yo iba viviendo. Mucho he escrito durante la guerra; pero entre todo, acaso lo que más place al artista literario- -o lo que menos le disgusta- -son esos breves párrafos en que el espíritu en