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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Un Oscar genuinamente africano En 1952, Humphrey Bogart recibía el único Oscar de su carrera por La reina de África El filme se había rodado en su mayor parte en el Congo Belga en unas condiciones muy duras. Al subir al escenario, un Bogart nervioso y emocionado, dijo: Hay un largo camino desde el Congo Belga al Pantages Theatre, pero prefiero estar aquí antes que allí. Luego comentó que cuando pronunciaron su nombre como ganador, Lauren Bacall, que estaba embarazada, lanzó un tremendo grito y pegó un bote. Pensé que había tenido el bebé Bogart, menos duro que de costumbre, con su único Oscar ta al Oscar, cuatro periodistas mexicanos me preguntaron si pensaba que iba a ganar... Yo les dije muy seriamente: Sí, estoy convencido, ya he pagado los 25.000 dólares que me han pedido. Los norteamericanos tienen sus defectos, pero son hombres de palabra. Cuatro días después, los periódicos de México dijeron que yo había comprado la estatuilla por esa cantidad. Se montó un buen lío en Los Ángeles. El productor, Serge Silberman, no paraba de recibir télex tras télex, hasta que tuve que tranquilizarle diciendo que todo había sido una broma. Tres semanas después, la película obtuvo el Oscar, por lo que pude seguir diciendo: Los americanos tienen sus defectos, pero son hombres de palabra. Audrey Hepburn hizo su primer papel estelar en la película Vacaciones en Roma (1953) y ganó el Oscar a la Mejor Actriz, aunque no fuera muy conocida y en la lucha por la estatuilla estuvieran Ava Gardner Mogambo y Deborah Kerr De aquí a la eternidad Hubo numerosas anécdotas en torno a ese Oscar y a esa película que la lanzó al estrellato. Una de ellas es que, al acabar el rodaje, a la Paramount- -pese a haber firmado un largo contrato a Audrey- -le entraron dudas sobre su tirón en la taquilla y quería que Gregory Peck, actor más consolidado en Hollywood, encabezara en solitario los créditos. Parece ser que Peck se negó y advirtió además a los productores AP Welles durante el rodaje de Ciudadano Kane nes. El discreto encanto de la burguesía dirigida por Buñuel, representaba a Francia en la categoría de Mejor Película Extranjera; Mi querida señorita de Jaime de Armiñán, fue nominada también en ese apartado en representación de España; el propio Buñuel compartía nominación al Mejor Argumento y Guión Original con Jean- Claude Carrièrre por El discreto encanto... y Gil Parrondo era candidato a la Mejor Dirección Artística por Viajes con mi tía En su libro de memorías, Mi último suspiro escrito también al alimón con Carrière, Buñuel relata lo ocurrido. Como notas aclaratorias conviene apuntar que él no era muy amigo de los Oscar y que, tres años antes, había declarado que no le complacía la nominación de Tristana Por otro lado, entonces como ahora, había rumores sobre supuestos amaños para posicionar determinadas películas. Pero dejemos que sea el propio Buñuel quien narre lo ocurrido: Cuando la película fue candida- AP La boca de la verdad del error que iban a cometer: Esta chica será una gran estrella les dijo. El tiempo le dio la razón. El año siguiente, la entrega de los premios de la Academia tuvo dos sedes: el teatro RKO Pantages de Hollywood y el teatro NBC Century de Nueva York. En la ciudad de los rascacielos, los aficionados que aguardaban a las nominadas Deborah Kerr y Audrey Hepburn se llevaron una decepción, pues ambas trabajaban en distintas obras en Broadway y llegaron tarde a la ceremonia. Algunos cronistas de entonces contaron que Audrey fue corriendo desde la calle 46, donde se representaba Ondine hasta el teatro NBC. Ese prodigio olímpico es dudoso que se produjera, pero lo cierto es que llegó a tiempo para que Fredric March le diera la estatuilla. En ese momento, por su cabeza pasarían muchas cosas y quizá re- cordara los instantes más divertidos del rodaje, que se desarrolló en Roma por deseo del director William Wyler. Durante el mismo, Gregory Peck gastó algunas bromas a la actriz. La más renombrada tuvo lugar en la escena de La Boca de la Verdad una de las atracciones turísticas de la capital italiana. Según la leyenda, si un mentiroso introduce la mano en ese medallón que representa la cabeza de una deidad marina con barba y cuernos, la boca se cierra y devora su mano. A Gregory Peck se le ocurrió, sin que la actriz supiera nada, meter la mano en la boca y esconderla debajo de la manga al sacarla. El susto que se llevó Audrey Hepburn fue monumental, pues pensó que en realidad algo se había comido su mano. Wyler, por supuesto, dio la toma por buena y la incluyó en el montaje final del filme. Buñuel, y su discreto encanto, durante el rodaje de una de sus películas ABC