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18 2 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Oscar Los dioses deben de estar locos Hollywood es un moderno Olimpo, y las estrellas del celuloide sus apasionados dioses. Los Oscar alimentan una mitología repleta de oscuras tramas y también de momentos surrealistas, emotivos o mágicos POR PEDRO TOUCEDA eamos lo que a continuación se relata como un modesto borrador a vuelapluma, por los imperativos del periodismo, de la sinopsis argumental de una película. El Oscar al Mejor Guión Original que obtuvo Orson Welles por Ciudadano Kane -el único que ganó al margen del honorífico de 1970- -volvía a ser actualidad en 2003. La estatuilla se anunciaba como la atracción de una subasta de la casa Christie s de Nueva York. El Oscar se incluía en una selección de material del director que pensaba venderse por 300.000 dólares (unos 230.000 euros) Después de que la noticia levantara cierta polvareda, la Academía ejerció su derecho de recompra por un dólar. Aunque no es un dato muy conocido, parece ser que desde 1950 todos los galardonados en la glamurosa ceremonia de Los Ángeles están obligados a firmar un particular acuerdo. En él se reconcoce la prioridad de la Academia para recomprar la estatuilla, por el precio nominal de un dólar, en el caso de que alguien en horas bajas, o sus herederos, tuviera la tentación de negociar con ella. Lo más curioso es que el Oscar de Welles- -hay que reseñar que Herman J. Mankiewicz fue coautor del guión- -no se encontraba ligado a esa cláusula, pues se entregó en la ceremonia oficiada el 26 de febrero de 1942 en el hotel Biltmore de Los Ángeles. Pero aquel pobre Oscar fue víctima de una serie de carambolas, que parecen pergeñadas por un diablillo metido a guionista. Durante años se pensó que el Oscar se había extraviado, por lo cual Beatrice Welles, la menor de sus tres hijas y única heredera, solicitó en 1988 un duplicado a la Academia. Ella sí tuvo que firmar el acuerdo de L En busca del Oscar perdido privilegio de compra, que incluía, según la Academia, tanto a la réplica como al original en caso de que fuera hallado. El original apareció de pronto seis años después. Su dueño durante mucho tiempo había sido Gary Graver, el director de fotografía de los últimos filmes de Welles, quien aseguraba que el propio Orson se lo había regalado. Graver lo vendió a la empresa Bay Holdings por 50.000 dólares (unos 38.000 euros) Dicha empresa puso a la venta la estatuilla a través de Sotheby s y la noticia llegó a oídos de la hija de Welles, quien bloqueó la venta y recuperó el Oscar. Éste volvió a ser noticia, como se refería al principio, en la subasta de Christie s de Nueva York, donde Beatrice intentó venderlo y la Academia intervino para ejercer su derecho. Pero ella, tenaz como su padre, no se quedó conforme y hubo litigio. Poco después, un juez de Los Ángeles otorgó a la hija de Welles la propiedad del Oscar original. La Academia realizó una apelación, pero lo último que se conoce es que en 2004 un juez dictaminó de nuevo a favor de Beatrice y que ella seguía empeñada en subastarlo y donar lo obtenido a una sociedad benéfica. Ésta es sólo una de las muchas historias nacidas en torno a los Oscar, historias donde la leyenda y la realidad a veces se funden para crear la mitología de los dioses del celuloide. La aventura del Oscar de Welles podría tener jugosos flash- back acerca de las maniobras del magnate de la prensa W R. Hearts para que Ciudada. no Kane no obtuviera ninguno de los nueve Oscar a los que esta- ba nominada. De hecho, en la ceremonía del Biltmore, el grupo de Louella Parsons, columnista al servicio de Hearts, aplaudía con fervor cada Oscar que perdía Ya antes, Hearts había presionado a la opinión pública para que la obra no viera la luz por ofrecer una imagen distorsionada de su persona. El propio Welles contó cómo salvó de la hoguera a la película: Hubo un pase para Joe Breen, jefe de censura, quien decidía si el negativo debía ser quemado o no... Yo cogí un rosario, lo coloqué en mi bolsillo y cuando acabó el pase lo dejé caer delante de Breen, un ferviente católico. Perdóneme dije. Recogí con delicadeza el rosario y lo guardé. Si no hubiera hecho eso, no habría existido Ciudadano Kane Otra historia llena de gotas de surrealismo, fue la protagonizada por Luis Buñuel, maestro del género, en 1973. En esa edición, como en la actual, había un cierto color hispano en las nominacio- Por un puñado de dólares Audrey Hepburn, tras recibir su Oscar por Vacaciones en Roma AP La odisea del único Oscar que obtuvo Orson Welles por Ciudadano Kane es digna de ser filmada. Le costó mucho ganarlo y luego ese Oscar parece haber llevado su propia vida