Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18 2 07 EN PORTADA Más ruido Estallan las fiestas (Viene de la página anterior) labras: el ne- gotio es la negación del ocio cuando uno está trabajando, y el ocio es el segmento del tiempo libre de que dispone una persona para hacer lo que le dé la gana, desde salir de copas o ir a una discoteca, sentarse en una butaca de cuero inglés a leer poesía del siglo XVII, o meterse en la cama a dormir o a hacer el amor. Sólo un hipismo imbécil y analfabeto asocia el ocio con irse de copas o a una orgía. Porque no estamos hablando de cosas distintas, sino de una sola que no se puede contraponer. Lo único que se confronta aquí es el ocio con derechos fundamentales como la inviolabilidad del domicilio y el derecho a la salud. Y eso es lo que reivindicamos las víctimas, que somos tantas Enfermedad, muerte, exilios temporales, hogares malvendidos... O emplearse con santa paciencia en pleitos, que aunque se ganen, no dejan de ser, como se sabe, toda una maldición. El presidente de Juristas contra el Ruido (www. juristas- ruidos. org) avisa de que lo que ha ocurrido en Canarias es la prueba de que al final se gana, como se gana el 80 de las denuncias por ruido. Siete consultas diarias es la media que recibimos en la web, que echa humo cuando con la primavera y el verano la gente empieza a abrir las ventanas y las fiestas y las terrazas a desplegarse por toda España. El problema es que tenemos una Ley del Ruido- -señala Herrera- -que potencia las mediciones en vez de las medidas cautelares, lo que deja a la víctima desprotegida. En las demandas apela- mos al derecho a la integridad, a la intimidad, a la inviolabilidad del domicilio y los tribunales cada vez están más sensibilizados Porque pocos argumentos se pueden alegar en defensa de los agresores cuando los agredidos llegan a los bufetes después de pasar por psiquiatras y psicólogos, con fobias al propio domicilio o, más aún, instalados en la figura del laberinto del caracol, cuando la depresión es tan profunda que ni siquiera pueden desprenderse de la casa en la que han invertido todo su dinero al sentirse incapaces de hacerle a otro esa faena Y si como dice Ignacio Sáenz de Cosculluela, presidente de la Plataforma Estatal de Asociaciones contra el Ruido y las Actividades Molestas (Peacram) las autoridades municipales apelan a que la idiosincrasia de este este país es el ruido y que en las fiestas vale todo, cambien ustedes la Constitución, la Ley del Ruido y las ordenanzas municipales, porque de lo contrario estarán prevaricando. Nadie está en contra de una verbena o un desfile, pero ¡hasta las diez de la mañana! ¡Durante quince días! ¿Por qué no se puede llegar a un acuerdo? ¿Por qué no llevar la música a todo volumen fuera de las zonas residenciales? Cambiar la Constitución El abogado que ganó la demanda de Pilar Moreno contra España, por la que se condenaba a nuestro país por contaminación acústica es rotundo: si el litigio enfrentara a los vecinos hay que aguantarse con el ruido ¿Por qué la gente tiene que huir de sus casas? Pero eso es lo que hace. Muchos pamploneses abandonan sus hogares en San Fermín o valencianos durante las fallas por glosar algunas de las fiestas más internacionales y estruendosas de la geografía española. El abogado valenciano Andrés Morey, que ganó en Estrasburgo el pleito de Pilar Moreno contra España, la segunda demanda por ruido en que se condenaba a nuestro país, y precisamente por contaminación acústica en aquella comunidad mediterránea, aconseja un ejercicio de ponderación de los intereses y derechos en juego. Me han consultado muchas veces sobre las fallas, y si se trata de una cuestión individual no vale la pena hacer nada porque económicamente es menor el coste de marcharse esos días de vacaciones que demandar. Por otra lado, éstas duran un tiempo limitado, que no es tan prolongado como considera el Constitucional para producir perjuicio. Ahora bien, no se pueden menospreciar los derechos humanos del afectado ni colocarlos debajo de determinados derechos al ocio, económicos o mercantiles. Podría darse el caso de que a alguien se le vulnerara el derecho a la intimidad en alguna circunstancia fallera y habría que distinguir entre la mascletá, que es puntual y concreta, y el pasacalle, de lo que son actividades anejas pero no propias de las fallas como las discos móviles. Y en ese caso habría que ver de quién es la disco: si es para los falleros, que son vecinos, no cabe otra que aguantarse, porque no vamos a meternos en una guerra vecinal; pero si han sido cuatro bares que quieren aprovecharse, se puede estudiar, porque el beneficio económico es sólo para ellos Cuestión de parné, por tanto. Y, sobre todo, de respeto y educación, como subraya prosaico el catedrático de física aplicada Amando García Rodríguez, autor de La contaminación acústica. Fuentes, evaluación, efectos y control que ha estudiado durante treinta años este asunto. Cuando hablamos de fallas no hablamos de ruido, sino de un sonido deseado porque es lo que se quiere. Nadie puede imaginarse ni una mascletá ni una entrada de moros a 50 decibelios porque al pirotécnico lo linchan allí mismo. Pero también es verdad que eso dura como mucho cinco minutos y luego hay un pasacalle y un ambiente festivo que nada tiene nada que ver con un altavoz atronando las 24 horas del día, que molesta hasta a los que nos gustan las fiestas. Se ha avanzado mucho y el bagaje legislativo es importante, pero no veo otra salida que educar a la gente, aunque ésta parezca cada día más difícil de educar El quid de la cuestión La mascletá es sonido, y no un ruido, al ser deseado por los que asisten al espectáculo. Y además dura unos pocos minutos EDUARDO MANZANA