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11 2 07 VIAJES piernas) está totalmente cubierto por pañuelos y corbatas multicolores. Dicen que es la mezcla de un dios local con San Judas Iscariote y San Simón. Que dentro de la cabeza de madera se esconde la calavera de algún ídolo maya, de tal forma que mientras que parece que rezan a un santo católico en realidad están venerando a uno indígena. Cada año, Maximón es custodiado por una familia diferente de Santiago, que durante ese tiempo no se dedica a otra cosa. Los fieles aportan al santo milagrero ofrendas de dinero, flores, tabaco y ron. Doy fe de las ofrendas (a la vista estaban) y de los milagros: durante todo el rato que permanecí en su presencia, uno de sus celadores no paró de fumar y, milagrosamente, no ardió a pesar de los litros de alcohol que llevaba encima. Fiesta en Santa Catarina de Palopó a orillas del lago Atitlán. Los personajes barbudos representan a los conquistadores españoles (Viene de la página anterior) tierra (Itzamna) a sus creencias religiosas (oczah- ool) muy orgullosos de su pasado, pacíficos, que no dóciles. Gente que es amplia mayoría en el Altiplano, una tierra que sí es alta (una media de 1.500 metros sobre el nivel del mar) pero que dista mucho de ser plana. Al lago Atitlán, de color azul intenso, cobalto aquí, esmeralda allá, el más hermoso del mundo en palabras de Aldous Huxley, podemos tomarlo como centro geográfico del actual territorio maya guatemalteco. Está rodeado por los volcanes Atitlán (3.537 metros) Tolimán (3.158) y San Pedro (3.020) Y por pueblecitos, la mayoría con nombres de santos. Desde Panajachel, que no es el más bonito, pero sí el único con hoteles de categoría internacional, tomamos un ferry que atraviesa el lago de norte a sur y nos lleva hasta Santiago de Atitlán. Sus habitantes son mayas atitecos, reconocibles por sus vestimentas azulgranas, y no me refiero a las inevitables camisetas de Ronaldinho que lucen un niño sí y otro no. Cada localidad maya tiene sus propios diseños tradicionales de ropa, como si de un uniforme se tratase, lo que facilita a los iniciados descubrir de qué comunidad son. Las mujeres lavan la ropa en el lago y casi todas lucen un curioso tocado llamado tocoyal, exclusivo de este pueblo, que no es otra cosa que una larga cinta multicolor de veinte metros enrollada en la coronilla a modo de ensaimada. Desde el embarcadero, una empinada cuesta cuajada de tiendas de artesanía (fundamentalmente tallas de madera perfectamente Una mujer maya acude con sus hijos al mercado de Chichicastenango prescindibles) nos lleva hasta el mercado. Aquí reina el caos organizado, paraíso de los fotógrafos. Casi no hay que escoger el tema, todo es interesante. Un poco más allá la plaza con la iglesia de Santiago Apóstol (1547) No sólo su decoración a base de símbolos paganos (mazorcas de maíz, pájaros quetzales... nos dan idea del sincretismo que reina en todos los templos católicos mayas, una larga hilera de santos, vestidos con estridentes camisones de los colores de la cofradía que los custodia, atestiguan que estamos en el reino de la costumbre que es así como los lugareños llaman a la mezcla de ambas religiones. Un poco más allá, alguien nos conduce hasta una casa mas bien humilde. Dentro se encuentra Maximón, quizás el ejemplo más claro de ese sincretismo. Se trata de una imagen curiosísima que encarna a una de las divinidades adoradas por los mayas. No les haga fotos, que piensan que les roban el alma ¿Y si les doy diez dólares? Ah, bueno, entonces no hay problema. Pero dele menos, si no quiere ser usted el robado Buen consejo. La imagen de Maximón es como un maniquí bastante burdo al que sólo se le ve la cara, de rasgos occidentales. Lleva sombrero de ala ancha y un puro en la boca. El cuerpo (parece que no tuviera Cada localidad maya tiene sus propios diseños tradicionales de ropa, como si de un uniforme se tratase, lo que facilita a los iniciados descubrir de qué comunidad son Chichicastenango- Chichi para los lugareños, que no entienden las risitas de los españoles al oír su apodo- -atrae a los viajeros por su magnífico mercado indígena, sin duda el más colorista del continente junto con el de Pisac, en Perú. Aunque abre todos los días, los jueves y domingos son los más concurridos. Otra vez el caos organizado, una casta orgía para los fotógrafos. Aquí la población es cakchiquel, pero atrae a otros mayas de muchos lugares. Hay que recorrerlo desde primera hora de la mañana, dejándose llevar por el gentío, por los colores, los olores, los sonidos... De vez en cuando hay que detenerse en la escaleras que suben a la puerta de la blanca iglesia de Santo Tomás, construida en 1540 sobre ruinas mayas y dónde el párroco Francisco Ximénez descubrió en el siglo XVII el Popol Vuh el primer libro pintado Desde esa atalaya se puede contemplar el abigarrado mundo maya en todo su fulgor actual. Y por fin, el Petén, la cuna maya, fronterizo con México. Los mayas que hoy viven en el Altiplano, tuvieron sus antepasados en el Petén, y no sabemos como, pero después del Apocalypto abandonaron esa zona dejando en ella joyas arquitectónicas como Tikal. Me encuentro en la cumbre del Templo IV hasta la que he subido por una cómoda escalera de madera. Desde sus 64 metros de altura se ve un auténtico mar verde formado por las tupidas copas de los árboles de este bosque tropical húmedo. Difícil describir toda la grandeza de Tikal que los arqueólogos van sacando a la luz poco a poco. Apocalypto redivivo si no fuera por un pequeño detalle. ya no están los mayas, se fueron hace mucho. O los echaron. El mercado más colorista