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11 2 07 VIAJES El Templo I, o del Gran Jaguar, en la Gran Plaza de Tikal, da una idea de la magnificencia que alcanzaron las ciudades mayas durante el periodo clásico Guatemala Apocalypto la película de Mel Gibson, ha desatado la polémica sobre los mayas. Un viaje por el Altiplano de Guatemala revela cómo viven sus descendientes hoy TEXTO: FERNANDO PASTRANO FOTOS: PILAR ARCOS Apocalypto now maginemos por un momento que la cultura clásica española no fuera tan conocida en el extranjero como afortunadamente lo es. Que las grandes industrias cinematográficas nunca hubieran realizado una película sobre ella. Y que, por fin, un cineasta famoso filmase una, centrándose exclusivamente en la leyenda negra, regodeándose con el terror, los capirotes, los sambenitos, la hoguera, el garrote vil y la sangre que, por ejemplo, rodeaban un acto de fe de la Santa Inquisición, elevando así a categoría absoluta, única, lo que sólo es una parte de nuestra historia. ¿Ten- I dríamos derecho a enojarnos, a tildar el filme de simplificación manipulación y degradación de nuestra historia? Pues eso es lo que ha pasado con Apocalyto de Mel Gibson, recientemente estrenada en todo el mundo. La cinta en cuestión presenta a una civilización maya en declive y extremadamente cruel. Es sólo una película de ficción, es verdad, pero se trata de una superproducción hollywoodense, de formato muy atractivo, impecable factura y amplia distribución, que va a ser en muchos casos la primera (y me temo que única) información que tendrán mu- chos espectadores sobre la colosal cultura maya. Gran responsabilidad que a Gibson parece traerle sin cuidado o que- -lo que sería peor- -utiliza de forma artera. Que la civilización maya estaba en declive a la llegada de los conquistadores españoles es cierto. Ya sea por agotamiento (en el siglo XVI habían pasado más de 3.000 años desde su aparición) o por el calentamiento global que los investigadores acaban de descubrir que se produjo entre los años 700 y 900 (el mismo que acabó con la dinastía china Tang) el caso es que los mayas de 1521 evidentemente no eran los mismos que los del Periodo Clásico (250- 900) el de su mayor esplendor; el de unos arquitectos cuyas fantásticas obras siguen en pie; el de unas enormes ciudades- estado de hasta 100.000 habitantes ordenadas y cultas; el de una escritura ideográfica (no jeroglífica) de primer orden, la más compleja de América; el de una astronomía aún no superada, con el calendario solar de 365,25 días, más exacto que el gregoriano actual; el de unas matemáticas que ya utilizaban el concepto cero antes de que los árabes lo aprendieran de la India a finales del siglo VIII; el de una medicina desarrollada... En cuanto a la crueldad, es innegable que los mayas (como otras culturas mesoamericanas) practicaban los sacrificios huma-