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16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE LA ELECCIÓN DE CARLOS III. En 1785, don Antonio Valdés y Bazán presentaba a Carlos III un proyecto para la sustitución del pabellón naval. La coincidencia del fondo blanco de nuestra enseña con las banderas de soberanías emparentadas- -como Francia y Nápoles- -y de otras naciones neutrales o enemigas estuvo en la raíz del cambio. Pero hubo algo más que diferenciar los navíos con vivos colores, muy visibles en la distancia: expresar la suspicacia del monarca frente a la Francia de los Pactos de Familia, que en la Paz de Versalles no ayudó a España a recuperar Gibraltar; había que manifestar independencia frente a presuntos paternalismos. Valdés entregó al rey una hoja con doce diseños (la lámina se conserva en el Museo Naval) Eligió el primero, con una variación: la franja amarilla central sería más grande a costa de las rojas hasta equilibrar la superficie de paño ocupada por cada uno de los colores. La bandera fue aprobada por Decreto de 28 de mayo de 1785 TRES MOMENTOS HISTÓRICOS. La bandera- -que nace tras el escudo- -no es en sus orígenes sino un escudo dibujado sobre un paño que se fija al extremo de un palo o asta. Arriba, el pendón de los Reyes Católicos que se conserva en el Museo del Ejército. Abajo, la bandera republicana y la constitucional HIMNO. Antigua marcha granadera compuesta por Manuel de Espinosa, músico de Carlos III, cuyas primeras noticias se remontan a 1749. El manuscrito se encuentra desde 1761 en la Biblioteca Nacional (arriba) Fue armonizado en 1908 por Bartolomé Pérez Casas, músico militar, cuyos derechos fueron devengados por sus herederos hasta 1998. Curioso destino el de una pieza modesta y sin letra oficial (Marquina y Pemán escribieron sendas versiones) PRIMER SIGNO GRÁFICO. En el reverso de algunas monedas del emperador Adriano (s. I) Hispania se representa como una mujer reclinada que sostiene una rama de olivo, con un conejo al pie