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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE NUESTROS CORRESPONSALES Roma B. Aires Bruselas Y el zapato de Cuauhtémoc Fuera de la amenaza de los porristas, la televisión sirve todo el fútbol mexicano, articulado por un inextricable mecanismo de clasificaciones y porcentajes que lo convierten en un acertijo. En semejante universo deportivo brilla la luz de Cuauhtémoc Blanco, que hace caja hablando por la bota POR MANUEL M. CASCANTE La mano de Dios París Rabat Nueva York Jerusalén ste año, que no puedo ver la Liga española, me estoy aficionando al futbol (aquí es palabra aguda, sin acento en la u de México. Aficionándome a verlo por televisión, claro, no en los campos, pues los porristas (peñistas) de estos pagos, sin llegar a ser tan cafres como los tifossi italianos, pueden resul- E tar bastante brutos, y no es plan arriesgarse a recibir una madriza por algo que ni te va ni te viene. Sólo en una ocasión he pisado un estadio mexicano, el Azteca, no tanto por razones deportivas como estéticas (se trata de un fabuloso recinto, con capacidad para 115.000 espectadores) y sentimentales: allí se han disputado dos finales de Copa del Mundo, allí Lisboa MÉXICO MANUEL M. CASCANTE marcó Maradona el mejor gol de la historia y allí bajó Dios la mano para endosarle un tanto a Peter Shilton en aquel inolvidable Inglaterra- Argentina del 86... El caso es que hace cuatro meses que sigo el balompié local y aún no termino de comprender su mecanismo. Todavía no tengo claro en qué se diferencia el torneo de apertura del de clausura, o por qué hay una clasificación general y otra por grupos. Tampoco he conseguido que alguien me explique el complicado sistema de porcentajes que decide los descensos de categoría. Ni cómo se permite que cuatro clubes puedan pertenecer al mismo dueño. Personalmente, me gustan las Chivas del Guadalajara, que visten a rayas rojiblancas como el Athletic de Bilbao e, igual que aquél, sólo utiliza jugadores de la tierra. También, por llevarle la contraria a mi compadre, que le va el América, su eterno rival. Éste, el equipo más poderoso del país (equivalente al Real Madrid) cuenta en sus filas con un curioso jugador: Cuauhtémoc Blanco. Un tipo que pasó sin pena ni gloria por el fútbol hispano (estuvo un par de años en el Valladolid) y que es el verdadero ídolo de su afición. Nacido en el conflictivo barrio de Tepito, en el Distrito Federal, raro es el encuentro en el que Temo no se lía a puñetazos con algún rival, con el árbitro, con los fotógrafos, con el utillero y hasta con los propios compañeros. Todo un carácter. Lo más curioso es que, cada vez que marca un gol, Blanco lo celebra quitándose una bota (al parecer, obedece a un compromiso contractual con su marca patrocinadora) y, arrodillado, se la coloca a la altura de la oreja, como si imitara al Superagente 86 hablando por el zapatófono A mí me produce cierta grima; especialmente, después de haberlo visto anunciar un fungicida. Entre Chivas y América Washington Berlín Atenas Londres Berlín Pekín Viena Estocolmo La pasión de la afición mexicana no siempre se expresa a besos AP