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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Arrigo Sacchi ha denunciado la relación que muchos dirigentes y jugadores muy famosos mantienen con el mundo ultra. En la imagen, un partido Lazio- Roma, en 2005 los jefes de los aficionados más radicales, movimiento conocido en Italia como el tifo organizzato y recordaba que él, en su etapa de seleccionador, sufrió el acoso ultra en una ciudad. Le insultaron por no llamar a un jugador local, que ni siquiera era titular en su equipo. El entrenador de ese equipo le confesó ese mismo día que a él le había pasado lo mismo cuando llegó a la ciudad y que el jugador en cuestión frecuentaba con esos aficionados radicales. Después de la muerte de Vicenzo Spagnolo antes comentada- -su asesino quedará en libertad absoluta a final de mes- el fútbol italiano ha protagonizado otros incidentes graves, pero todo el entorno miró para otro lado por la sencilla razón de que no hubo muertos. Uno de los casos más recordados fue el derby romano que se suspendió en marzo de 2004 por la presión de los ultras de los dos clubes que se inventaron la falsa noticia de que un aficionado había muerto por la intervención de la Policía y negociaron sobre el césped con los jugadores y el árbitro hasta provocar la suspensión. Era un pulso a la sociedad y a la justicia. Y públicamente demostraron su poder, sin que posteriormente se tomara ninguna medida para evitar que un caso así pudiera volver a suceder. En abril de 2005 un cohete alcanzó al portero del Milán, Dida, en un partido de Champions contra el Inter, lo que provocó también la suspensión del partido con la posterior fuerte sanción de la UEFA al club interista. A nivel doméstico, la Federación italiana dictó una orden para suspender todos los encuentros en los que hubiera lanzamientos de objetos al terreno de juego. Un mes después se vivieron casos parecidos y ni se pararon los partidos, ni ocurrió nada. Es más, en junio de ese año entró en vigor la denominada Ley Pisanu un ex ministro que había comenzado la cruzada contra la violencia en 2003 después de la muerte de otro aficionado, Sergio Ercalano, en un Avellino- Nápoles. Esas normas sólo se cumplieron en casos muy especiales y quedaron en fuera de juego por las prórrogas solicitadas por los clubes, respaldados por la Liga Profesional, o los Ayuntamientos, dependiendo de quien era propietarios de los estadios. Hecha la ley, hecha la trampa. AP Inglaterra, tolerancia cero Es el espejo en el que mirarse. Nadie como los ingleses ha sufrido la violencia en el fútbol, provocada normalmente por sus hooligans pero cinco leyes en quince años han convertido el fútbol inglés en un ejemplo. A las medidas especiales contra los violentos, hay que sumar las ayudas para la reconstrucción y renovación de todos los estadios. Todo está estipulado en las leyes: desde el arresto a la cárcel, tras el juicio correspondiente. El 43 por ciento de los partidos ingleses no ha necesitado la presencia policial. Y la legislación también integra a los menores.