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11 2 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Las cruzadas contra la violencia emprendidas tras la muerte de algún aficionado en los estadios pocas veces han dado frutos AFP Italia La caída del imperio del calcio En Italia el balón vuelve a rodar tras el parón de la semana pasada. Sólo habrá público en los estadios que cumplen las normas. En los demás se hará a puerta cerrada. Así lo dicta un decreto ley del Gobierno POR ENRIQUE ORTEGO a tenido que morir otro ser humano en las puertas de un estadio, esta vez un Policía en Catania, para que el Gobierno, la sociedad, los dirigentes deportivos y los medios de comunicación italianos vuelvan a preocuparse por uno de sus males endémicos: la violencia que rodea su deporte en general y su fútbol en particular, provocada en casi todas las situaciones por los grupos ultras bien conocidos por todos, que se amparan en el anonimato de la masa que acude a un acontecimiento deportivo y que en muchos casos sobreviven gracias al apoyo de los propios clubes y de los profesionales del balón, que temerosos de lo que les pueda pasar, son presa fácil de los chantajes. Italia, en este sentido, es la selva donde casi todo es factible. Los clubes han sido los primeros que H han defendido que había que reanudar la competición cuanto antes, sin detenerse a pensar que son culpables en gran parte de lo que está sucediendo por su permisibilidad con esos grupos radicales y con su facilidad para regatear las leyes establecidas al respecto. Hace doce años, en febrero de 1995, cuatro días después de la muerte de Vicenzo Spagnolo, un aficionado genovés, antes del Génova- Milán, el Consejo de la Liga dictó un plan antiviolencia de diez puntos que es prácticamente el mismo que esta semana se ha estado discutiendo y que ha quedado reflejado en ese decreto ley aprobado por vía de urgencia por Hace doce años tras la muerte de un aficionado se dictó un decálogo antiviolencia que no se aplicó y que es la base del decreto- ley aprobado ahora por el Gobierno el Consejo de Ministros italiano. Aquel decálogo se anunció con todo lujo de detalles y nunca se cumplió. Y uno de sus puntos principales hacía incidencia, precisamente, en las relaciones de los clubes italianos con los ultras, e incluso se les amenazó con penalizaciones en la clasificación si no desistían de protegerlos y subvencionarlos. Esta semana, Arrigo Sacchi, el técnico más innovador tácticamente del fútbol moderno y que el año pasado ejerció de director deportivo del Real Madrid, denunciaba en un artículo en la Gazzetta dello Sport la relación que muchos dirigentes mantienen con el mundo ultra. Incluso confesaba que sabía de jugadores muy famosos- -no daba nombres- -que regularmente cenaban con