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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Peregrinos chiíes se flagelan en conmemoración de la muerte del imán Husein durante la batalla de Kerbala en el año 680 AFP Las raíces Viejos pleitos a ferocidad con que se asesinan en estos días las comunidades chií y sunní en Iraq no es nada nuevo: así ha sido desde el siglo VII y en el balance general la parte minoritaria (un 9 aproximadamente) ha llevado casi siempre la peor parte. Sin embargo, el conflicto básico entre ellos- -por exótico que nos parezca- -no es de orden teológico o dogmático, sino fundamentalmente político, un mero problema de sucesión al califato tras la muerte de Mahoma. Elementos religiosos vienen después a cohonestar posturas políticas Las raíces del cruento conflicto que enfrenta a chiíes y sunníes están en el siglo VII: la muerte de Mahoma y el problema sucesorio. La política desplaza desde entonces dilemas teológicos y dogmáticos L Serafín Fanjul Catedrático de Estudios Árabes adoptadas de antemano y son útiles para insuflar aire a la secta cuando ya se ha esfumado toda posibilidad de sacar adelante proyectos políticos. Según un hadiz del siglo IX se cuenta que Mahoma profetizó que su grey se dividiría en 73 taifas, de las cuales 72 irían al Infierno y sólo una al Paraíso. Ar- Razi (m. 1209) en su exégesis a la aleya 21- 93 destaca que, si hablamos de puntos básicos, las fracciones del islam no son tantas ni muchísimo menos, pero si atendemos a cuestiones secundarias el número pasaría de las 73. Si queremos dar por bueno el texto del historiador at- Tabari (m. 923) que, a su vez, recogió extractos de la perdida historia de Ibn Ishaq (m. ca. 767) sobre los tiempos iniciales del islam, constatamos que los disturbios que siguieron a la proclamación de Ali (yerno y primo de Mahoma y cuarto califa) en 656, desembocaron en el arbitraje de Siffin (657) lo que provocó la primera escisión en el islam, la de los jariyíes, que dejaron el partido de Ali por haber aceptado someter la voluntad divina a un juicio humano. Al año siguiente, las tropas de Mu awiya proclamaron a éste califa. Ali, antes de dirigirse contra él, se volvió contra los jariyíes perpetrando la matanza de Nahrawan que, a su vez, indujo a un jariyí a a sesinarle en Kufa en el año 661, otorgando el triunfo final paradójicamente a la familia Omeya cuyo jefe era Mu awiya y a quienes los jariyíes consideraban usurpadores y enemigos de la fe. El tercer Imán, Husein, nieto de Mahoma e hijo de Ali, murió decapitado en Kerbala en 680, conmemorándose su martirio el 10 de muharram con la fiesta de Ashurá. Desde entonces, la pugna, más política que dogmática, ha ensangrentado al islam, compuesto por un 90 de sunníes o seguidores de la tradición del Profeta y a los que de modo harto esquemático- -aplicando terminología del cristianismo- -denominamos ortodoxos menos de 1 de ibadíes (jariyíes moderados que viven en el Mzab argelino, en Yerba, en el Yabal Nafusa y en Omán y que practican un islam ultrapuritano y rigorista, aunque no consideran infieles a los otros musulmanes, por lo que admiten los matrimonios mixtos, aceptan la creación del Corán (como los racionalistas mu tazilíes) niegan la visión de Allah en la otra vida y postulan la interpretación alegórica del Libro en pasajes antropomorfistas así como la condenación eterna para el pecador si no se arrepiente; y chiíes (o rawafid protestantes contra los, para ellos, gobiernos ilegítimos de los tres primeros califas, a los que maldicen. Los chiíes, o seguidores de Ali y Husein, se subdividen en gran número de sectas (Zaydíes del Yemen, Nusayríes o Alawíes de Siria, Ismaelíes septimanos o batiníes) pero entre ellos el grupo más nutrido es el de los duodecimanos (dominante en Irán e Iraq) que esperan la reaparición del duodécimo imán, el oculto desde 874: Muhammad al- Mahdi alMuntazar (el Esperado)