Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
11 2 07 EN PORTADA Guerra civil en el Islam TEXTO: M. AYESTARÁN A. SOTILLO INFOGRAFÍA: PEDRO SÁNCHEZ ace diez o quince años las diferencias entre chiíes y suníes apenas eran algo más que una controversia académica. Hubo fanáticos enfrentamientos en Afganistán entre la minoría chií y los talibán, que preludiaron la actual brecha entre ambas comunidades. La ocupación soviética de Afganistán y el entrenamiento norteamericano de la guerrilla islamista alimentaron a varios grupos ultraintegristas, que predicaban un wahabismo de un radical rigorismo suní y ferozmente antichií. La cruzada de Al Qaida nacida en Afganistán iba dirigida tanto contra contra ateos e imperialistas norteamericanos, como contra apóstatas chiíes. En estos últimos veinte años, además, Arabia Saudí e Irán han disputado de forma más o menos encubierta el liderazgo musulmán. Sobre todo después de que el ayatolá Homeini se hiciera con el poder en Teherán e impusiera un politizado integrismo interior y una agresiva política exterior que hicieron temer a la Monar- H quía saudí la pérdida de su ascendente sobre el Islam como guardiana de los santos lugares. Pero entre musulmanes de a pie, fuera de Afganistán, Pakistán o el Líbano, la distinción entre suníes y chiíes seguía pareciendo una rareza para académicos y periodistas. Ha sido la guerra de Irak la que ha reabierto el viejo cisma y lo ha convertido en un abismo que amenaza con arrastrar al Islam a una sangrienta guerra civil. La destrucción por la insurgencia suní de una de las más sagradas mezquitas chiíes en la ciudad iraquí de Samarra fue la salvajada idónea para enloquecer a la población chií. Desde entonces el conflicto de Irak ha pasado de ser una guerra contra Estados Unidos a convertirse en una matanza interconfesional entre suníes y chiíes que amenaza ahora con romper el país y extenderse más allá de sus fronteras. Nunca van a volver a estar juntos. Los árabes de Irak ya han superado el límite de lo perdonable entre comunidades. Es el fin de Irak y el comienzo de tres nuevos Estados independientes. No hay vuelta atrás y creo, además, que esto era lo que buscaban los estadounidenses asegura el analista kurdo Azad Aslan del semana- rio Kurdish Globe. El análisis de una publicación kurda puede parecer interesado, dadas las ansias de ese pueblo por crear su propio Estado independiente. Pero que la brecha comunitaria se hace cada día más insalvable es una realidad innegable que amenaza a todos los países de la zona con diversidad confesional. Sólo hubo un efímero momento en el que pareció invertirse la tendencia. La incapacidad del Ejército israelí para acabar con el grupo chií libanés Hizbolá, pese a 34 días de bombardeo durante el pasado verano, convirtió al jeque Nasrala en un ídolo para todos los árabes, chiíes o suníes. Algunos lo saludaron casi como a un nuevo Nasser, que podría resucitar el fenecido nacionalismo de antaño. Pero la euforia acabó con la ejecución de Sadam difundida a los cuatro vientos, y que para muchos suníes fue equiparable a las decapitaciones de Al Qaida. Los mismos suníes- -egipcios, jordanos o argelinos- -que habían vitoreado a Nasrala se sintieron insultados por lo que percibieron como una ofensiva venganza tras conquistar el poder de la mano de EE. UU. Por más que no hay antiamericanismo más feroz que el del libanés Nasrala, el iraquí Al Sadr o e iraní Ahmadineyad El clérigo chií Moqtada al Sadr controla las milicias del Ejército del Mahdi que se han infiltrado en los cuerpos de seguridad iraquíes pese a su radicalismo AP