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D 7 4 2 07 Es la cabeza visible de un espacio muy singular, un lugar pensado para aprender, crear y disfrutar sobre todo con la literatura, pero también con el arte y la publicidad: Hotel Kafka, en el corazón de Madrid. Nacido en San Sebastián (1971) y autor de la novela Lo malo del talento y de diversos relatos, Eduardo Vilas propone, junto a un nutrido grupo de autores (Jordi Doce, Eloy Tizón, Isaac Rosa, Rafael Reig, Mercedes Cebrián... un viaje apasionante para conocer y dominar los engranajes del oficio de escribir y, también, del placer de leer ISABEL GUTIÉRREZ- ¿Qué es Hotel Kafka? -Un lugar de paso y un espacio abierto para, entre otras cosas, aprender a escribir y para enseñar a hacerlo de otra manera, de tú a tú, con menos prejuicios. ¿A qué se refiere con menos prejuicios -A introducir nuevas estrategias y técnicas, nuevos temas y una manera de contar menos llorona de lo que se ha venido haciendo. Todo eso de la memoria, la escuela de los 70, el pueblo... Salir de ello y empezar a contar el mundo con otro chip, pero sin intención de sentar cátedra. ¿Sería algo así como hacer escritores a la carta? -Efectivamente. No decimos que la buena literatura es esta, esta y esta. Nos da igual que un alumno quiera escribir como Capote, Burroughs, Bukowski o Faulkner. Sólo intentamos orientarle en aquellas cosas sobre las que tiene facilidad. Al fin y al cabo, a la larga uno no puede escribir más que como puede escribir. ¿Y dónde queda el talento? -El talento no es la suma de un montón de cualidades, sino el descarte de lo que no puedes hacer. Uno tiene que crear su propio estilo y hacerlo crecer. -Ustedes hablan del laberinto de la creación ese andar y desandar hasta que, por fin, sale algo bueno. -La creación es un aprendizaje que no termina nunca. Lo que pasa es que, cuanto más sabes, más podrás hilar fino. ¿Y sus alumnos pretenden vivir de la literatura? -Hay de todo. Hay gente con un proyecto literario muy definido y también lectores muy voraces que quieren acercarse a cierto discurso con más conocimiento. ¿Se escribe más que se lee? -Es un pecado que se ha cometido siempre. No se puede escribir bien sin ser un buen lector. Ser un buen lector no te garantiza ser más que un buen lector, que no es poco... Pero para ser un gran autor hay que ser un buen lector. ¿Se sorprenden con lo que GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Eduardo Vilas ESCRITOR Y DIRECTOR DE HOTEL KAFKA La mitificación del escritor como ente sufriente es una soberana tontería ningún camino es en vano, porque todo lo que se aprende se puede aplicar. En fin, es más fácil saber qué clase de escritor quieres ser que qué clase de persona quieres ser. ¿Qué se aprende de los errores? -Se aprende muchísimo más que de la conferencia más erudita. Cuando uno es consciente de sus errores, no los vuelve a cometer. ¿Hasta qué punto la vanidad interfiere en el aprendizaje? -Hay dos tipos de alumnos: los que vienen a aprender y los que vienen a mostrar lo que saben hacer. Pero, en general, tratamos con gente bastante sensata. ¿Y qué hay del supuesto sufrimiento que lleva consigo todo trabajo creativo? -Existe una mitificación del escritor como ente sufriente que es una soberana tontería. Al cabo, ésta es una vocación como otras, aunque para realizarla debas arañar el tiempo. ¿Por qué escribir para niños y jóvenes es rentable? -Porque hay una generación de padres que quieren que sus hijos lean mucho, que sean muy cultos y muy listos. -Pero, ¿la literatura se enseña bien en el colegio? -En el colegio se estudian fechas, movimientos, generaciones... Y la literatura no es sólo su historia. Hay que saber cómo un texto funciona por dentro. Los mecanismos y los recursos creativos, el narrador, los puntos de vista... Es una gozada trabajar así, porque los niños son mucho más entusiastas y tienen muchos menos prejuicios. Además, es asombrosa su capacidad para entender la poesía. -Como alumnos, ¿los niños son menos temibles que los adultos? -Tienen una cosa absolutamente encantadora: te exigen que les trates como adultos. Y resulta que, de vez en cuando, te encuentras con un adulto que pretende que le traten como a un niño. Y es que todos pretendemos que nos amen, que nos quieran, que nos mimen... Los cimientos del edificio Queríamos distinguirnos y no incluir la palabra escuela con todas sus connotaciones. Mejor la palabra hotel que es un sitio de paso, donde normalmente se está a solas; tiene algo que siempre te empuja a escribir cuando te alojas en uno, con su mesita, su papel para cartas... Aquí todos somos creadores y todos tenemos problemas. Pero se puede aprovechar la experiencia de otros autores que ya han pasado por ese camino porque realmente en esto se dan muchos palos de ciego SIGEFREDO descubren por ahí? -Hay gente que hace apuestas muy, muy altas y que aún no está preparada para correr. Primero, hay que enseñarle a andar. Hay quien quiere escribir como T. S. Eliot y punto, así que habrá que empezar desde el principio. Pero puede que, meses más tarde, decida dedicarse a todo lo contrario. Bueno,