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4 2 07 GENTE BEATRIZ CORTÁZAR Al punto Isabel Preysler: verdades y mentiras Isabel Preysler está acostumbrada a que hablen de ella- -y a que fabulen sobre ella- pero algunas veces pide cuentas por ello odo un recordatorio es el que ha hecho el programa Hormigas blancas (Telecinco) con los dos especiales dedicados a la figura de Isabel Preysler. La incuestionable reina de corazones y último reducto del glamour en el couche ha seguido estos capítulos (el primero en diferido, el segundo en directo) y ha alucinado con muchas de las cosas que se han afirmado, hasta el punto de que ahora son sus abogados los que estudian las medidas que tomarán en según qué asuntos (el bufete envió una carta al programa del pasado martes avisando a navegantes) No hay duda de que el mito creado en torno a la figura de Preysler vivió su máximo esplendor tras enamorarse de Miguel Boyer y pasar de las portadas de las revistas a las de los periódicos. Pero también es verdad que, desde hace años, la actual señora de Boyer hace una vida totalmente alejada de los focos salvo las contadas ocasiones en las que posa para sus contratos publicitarios con Porcelanosa o la joyería Suárez. Se ha llegado a decir que su T padre la mandó a España para separarla de un señor casado, cuando lo cierto es que de quien se enamoró a los 17 años fue de un chico de 26, que pertenecía a una familia muy conocida y ya era empresario. Ante la posibilidad de que la pareja pudiera casarse en seguida (él ya tenía sus negocios) el padre de Isabel prefirió que se fuera una temporada a la casa de sus tíos que vivían en España. Isabel pertenecía a una familia muy conocida en Filipinas, puesto que siempre se había relacionado en círculos diplomáticos, de ahí que tuvieran grandes amigos en Madrid. Por desgracia, en esos años, en su país no había clase media y de ahí que, o te morías de hambre o pertenecías a un círculo muy alto y reducido, como es el caso. Cuando Preysler llegó a Madrid en seguida la recibieron y abrieron las puertas de los salones de la sociedad de entonces. El club de polo al que acudía en Filipinas estaba vinculado al club Puerta de Hierro, uno de los más restringidos en el Madrid de los años 60. Justamente en uno de esos guateques conoció a Carmen Martínez Bordiú y comenzó una amistad que perduraría. Contra de lo que se dice, Carmen no fue quien la introdujo en sociedad puesto que ella ya tenía sus contactos. Golpes bajos Una de las cosas que más le duele es cómo se ha contado la muerte de su hermano Enrique cuando tenía 24 años. A Preysler le ha molestado mucho que se dijera que había fallecido víctima de la heroína, cuando lo cierto es que murió por accidente por un escape de monóxido de carbono en la habitación de un hotel de Hong Kong. Fue un suceso terrible que destrozó a su madre y por eso ahora, a sus 84 años, volver a escuchar nuevas versiones sobre la muerte de su hijo ha sido duro. Es curioso ver cómo alguien no siempre se identifica con la fama que ha generado. En el caso de Preysler siempre se comenta que es una mujer fría, calculadora y ambiciosa, cuando los hechos dicen justamente lo contrario. Me explico. Si Isabel hubiera sido tan ambiciosa como la pintan lo tenía muy fácil: se habría casado con