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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE TRES SOMALIAS YIBUTI Golfo de Adén Ceerigaabo Bosaso Hargeysa Somalilandia Burko Garoowe ETIOPÍA Galkayo P u n t l a n d i a Dhuusa Beled Weyne Xuddur SOMALIA Garbahaarrey Baidoa Merka Jowhar Océano Índico KENIA Bu aale ÁFRICA SOMALIA Kismayo N 0 Km 200 Alumnos del colegio Farjanno, cooperativa que gestiona el agua de Jowhar ción que viene de los faraones lucha el Grupo de Mujeres, que recibió con esperanza a las Cortes Islámicas hasta que empezaron a prohibir la música en la radio y cerraron los cines. Había más seguridad, pero menos libertad No tienen mucha confianza en el nuevo Gobierno impuesto por Addis Abeba. Aunque Halimo reconoce que es mejor un mal gobierno que ningún gobierno cifra su resquemor en un refrán somalí: Cuando dos elefantes se pelean es la hierba la que sufre Pero no son los somalíes amigos de quedarse cruzados de brazos. Tras los saqueos que entre 1991 y 1992 desmantelaron el país, varios vecinos de Jowhar crearon, con el apoyo de Unicef y la Unión Europea, la cooperativa Farjanno canal del cielo Gracias a ellos, buena parte de Jowhar tiene agua corriente. Los clanes destruyeron todo. Farjanno quiere demostrar que es posible trabajar juntos como somalíes, dejando de lado el clan de cada uno proclama su presidente, Unsheye Ahmed Ano- der, rodeado del consejo de ancianos: su junta directiva. Fruto de ese espíritu es el colegio que depende de la cooperativa y en el que estudian 650 niños y niñas de entre 7 y 19 años, que comparten aulas. Aunque todas llevan pañuelo (azul, amarillo, verde, según la edad) son pocas las que se velan el rostro. Mientras se combate en Mogadiscio, 90 kilómetros al sur de Jowhar, las clases están a pleno rendimiento. La mayoría se imparten en inglés. El país se hizo con una mala reputación de hierro tras la desastrosa operación- -altruismo a punta de fusil- -que la ONU y EE. UU. desencadenaron a comienzos de los noventa, que se llevó por delante la vida de 113 soldados de la paz (18 estadounidenses) y más de 7.000 somalíes, costó más de 7.000 millones de dólares (por cada dólar en ayuda, se gastaron 10 en el despliegue militar) pero sobre todo acabó condenando al país al limbo de las regiones in- La imperiosa necesidad de una maternidad Marcos Ferreiro, ingeniero aeronáutico de origen asturiano, pidió una excendencia en su empresa para poder vivir sobre el terreno, con MSF, primero en Congo, ahora en Somalia, la realidad que queda a años luz de los trabajos y los días del primer mundo. En Jowhar ha seguido paso a paso- -con la supervisión del arquitecto técnico mallorquín Andreu Cortés, que para su sorpresa no tuvo ninguna dificultad en hallar carpinteros, fontaneros y electricistas no sólo bien cualificados, sino excelentes trabajadores a los que no les costaba rectificar cuando se equivocaban -la construcción de la nueva maternidad, que se inaugura dentro de nueve días. Sin sistema nacional de salud, MSF, que lleva en el país desde 1991, no pretende suplirlo, sino rebajar unos índices de mortalidad que han llevado a Somalia al fondo del agujero: 44 años de esperanza de vida. Con una población de ocho millones, de cada 1.000 niños que nacen vivos, mueren 225 antes de cumplir los cinco años (en España, con casi 43 millones, mueren cinco) Se crearon seis dispensarios en Jowhar, Mahaday y Aden Yabal, enclavados en la región del Shebeli Medio, para atender a 105.000 personas. El único hospital, dejado por los italianos, sigue la política del Banco Mundial: recuperar el coste de mantenimiento, lo que hace que la mayoría jamás acuda a un hospital que deja mucho que desear. De las 1.150 mujeres que fueron remitidas al hospital desde los dispensarios de MSF, sólo 4 parieron en el hospital. La mortalidad materna- -acentuada por la ablación y la infibulación, que sufre el 90 por ciento- -es una de las más altas del mundo: 1 de cada 16 perecen en el parto (7.306 al año, frente a 17 en España) La nueva maternidad era una imperiosa necesidad. tratables del globo, cebando la idea del nuevo barbarismo de una incorregible sociedad clánica (tribal) Como dice Itziar RuizGiménez en Las buenas intenciones un libro sobre el humanitarismo emprendido con más pólvora que magnolias, la comunidad internacional convirtió a los señores de la guerra en los principales y casi únicos actores políticos y sobre todo reforzó cierto imaginario colectivo que subsiste en Occidente que ve a las sociedades africanas como pueblos sin capacidad para gobernarse, como sujetos pasivos a la espera de salvación y no como agentes de historia con capacidad de decidir cómo quieren solucionar sus problemas Nuruddin Farah, acaso el más reputado, y libre, de los escritores somalíes (ahora en la diáspora) anota en las últimas páginas de Secretos su espléndida novela, ambientada en vísperas del hundimiento colectivo, cuando el régimen dictatorial, y Nonno, el sabio abuelo del protagonista, están a punto de expirar: Con la visión disminuida- -dice- mis esperanzas de que Somalia sobreviva a los desastres son nulas. Como yo, que estoy en mi lecho de muerte... ya está acabada. Es una tragedia que el país que tantas generaciones han luchado por construir se esté destruyendo pieza por pieza ante nuestros propios ojos invidentes. Maldición, me he quedado ciego por no hacer caso de las señales de advertencia. Nuestro pueblo no ha prestado atención a los signos que auguraban la catástrofe inminente. Yo estoy acabado. Nuestro país está acabado. Te aconsejo que hagas con tu vida lo que puedas