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4 2 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Diamantes El sueño eterno En el mayor mercado de diamantes del mundo, en Amberes, se da forma a los sueños- -a veces convertidos en pesadillas- -concitados por estas gemas POR FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ. ESCRITOR N o hay piedra preciosa en la naturaleza que pueda comparársele, y ninguna suscita tanto deseo. Surgido de las entrañas de la madre Tierra, corta cualquier cosa que se le interponga y desde tiempos remotos ha fascinado a hombres y mujeres de todos los países, de todas las culturas. Dos veces más duros que el mejor acero, los diamantes, para los antiguos, eran fragmentos de estrellas, lágrimas de los dioses, y hasta su etimología resulta misteriosa. Quizá la palabra proceda del griego adamas inalterable o indomable, acepciones que apuntan bien a sus cualidades. Hasta el siglo XV sólo los reyes llevaban diamantes en Europa como símbolo de fuerza y victoria. También de amor y felicidad eternos. San Luis de Francia, en el siglo XIII, decretó que únicamente la Virgen María era digna de tal adorno. Una regla que se rompió en el reinado de Carlos VII, cuando la amante del Rey, Agnès Sorel, no pudo resistir la tentación. Dicen que fue la primera mujer en Europa que llevó puesto un diamante, aunque la primera que lo recibió como compromiso de boda fue María de Borgoña, señora de los Países Bajos, abuela del Rey y Emperador Carlos V Maxi. miliano de Austria se lo colocó en el dedo medio de la mano izquierda, donde los mágicos aseguran que nace la vena del amor que va fulminante al corazón. Son necesarias eras geológicas, a presiones increíbles (la torre Eiffel en una mano durante un millón de años) para que los diamantes emerjan de las entrañas volcánicas del planeta por el magma que fluye de fisuras abismales. Es entonces cuando quedan al alcance del hombre en las minas, en los lechos de los ríos, aluviones, mantos de roca eruptiva o tierras areniscas de Sudáfrica, Namibia, Lesoto, Botswana, Rusia, Brasil, Congo, Sierra Leona, Canadá, Australia El centro mundial del negocio del diamante lo ostenta la laboriosa ciudad portuaria de Amberes: belga y católica por la gracia de los tercios españoles y Felipe II. Por ella pasan ocho de cada diez diamantes brutos, y uno de cada dos tallados: un comercio que representa el 8 por ciento de las exportaciones belgas y emplea a más de treinta mil personas. La producción minera anual de diamantes naturales en bruto es de unos 8.000 millones de dólares, Bolsa de los diamantes en Amberes. Uno de los clubes más exclusivos del mundo TOURISM ANTWERP y los mayores países productores son Botswana, Rusia, Suráfrica y Angola, por este orden. Cinco quilates suponen aproximadamente un gramo de diamante, y al año se obtienen unos 25.000 kilos. Casi la mitad de esta cantidad está destinada a usos industriales. Sólo un 15 por ciento se considera de calidad suficiente para ser tallado, y representa el 78 por ciento del valor total del producto en el mercado. Un negocio controlado en su mayor parte por los tratantes hindúes y judíos, pero en el que va aumentando la influencia de otros intermediarios de Rusia