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28 1 07 VIAJES En el palacio Hofburg cuelgan los retratos de los 16 hijos de la emperatriz María Teresa (Viene de la página anterior) ligiosas, como siempre en el Tirol. Los dos Juegos Olímpicos celebrados en Innsbruck han aportado a la ciudad y a su entorno una popularidad inmensa. Basta una prueba para comprobar el efecto: las pistas de esquí suelen estar llenas de estadounidenses, para quienes, entre otras cosas, resulta sorprendentemente más barato esquiar aquí que en Colorado. También hay australianos (Innsbruck tiene una oficina de turismo propia en las antípodas) y, desde luego, alemanes o italianos: el Tirol les queda a tiro de excursión de fin de semana. En cuanto a los españoles (60.000 pernoctaciones en 2006) por ahora preferimos estas montañas en primavera- verano, cuando el verde se come al blanco. Un paseo por el techo 2.657 tejas de cobre dorado que añadió Maximiliano I a la antigua residencia de Federico IV En. tre las dos luces del atardecer y el blanco azulado de los riscos, el tejadito desde el que el emperador contemplaba el trajín cotidiano de la ciudad es un imán para las cámaras de los turistas. Disparan como si se fuera a acabar el mundo. Alrededor, las callejuelas, edificios hermosos como esa cercana fachada de estilo Regencia; la torre vieja, un punto de observación al que merece la pena subir a pesar del esfuerzo, 148 escalones y noventa y tres metros de altura, y el palacio Hofburg, reformado en estilo rococó durante la época de María Teresa. Su interior se antoja desangelado, con pocos muebles, y sólo la sala central, llena de retratos de la interminable familia de la emperatriz, confirma el esplendor que se supone al edificio. En cuanto dejamos atrás la zona más abigarrada del centro, la vista se va casi sin pretenderlo a las montañas. A muy pocos kilómetros de estas calles están las estaciones de esquí, los glaciares- -en los que la nieve está asegurada incluso un invierno en el que parece primavera- y los pequeños pueblos que siembran las laderas de casitas tradicionales, o de residencias de quienes se han cansado del agobio urbano de Innsbruck. En Igls, esta mañana, las balas humanas del bobsleigh vuelan sobre el hielo. Apenas se les puede seguir con la mirada. Esta pequeña localidad vivió una enorme transformación durante los Juegos Olímpicos de 1976, y merece una parada, aunque sea para ver la iglesia, quizá del siglo XIII, y las fachadas de las casas, decoradas con pinturas reEn la carretera que nos lleva a Kühtai, un pueblecito situado a más de dos mil metros, sobran las curvas en las que detenerse para atrapar tantas postales alpinas como queramos. Y una vez arriba, aparece al fin el invierno tal como lo imaginamos en los Alpes. El hielo. La nieve. Las siluetas abrigadas que descienden en zigzag. Los remontes en danza. Incluso un viento afilado que corta los labios, que nos obliga a cerrar la cremallera del anorak a la altura de los ojos. Desde aquí arriba, el mundo es blanco y radiante. Por eso, los Habsburgo eligieron Kühtai para instalar su pabellón de caza. Sentados a la mesa junto a un descendiente de Sissi y Francisco José, alguien pregunta: ¿Y si nieva tanto como para quedarse aislados? El conde de Stolberg- Stolberg sonríe: Bueno, aquí eso no sería demasiado grave, ¿no cree? Una noche en el pabellón de caza de los Habsburgo La residencia imperial de Kühtai, el pueblo más alto de Austria (2.020 m) tiene una historia casi tan larga como la de la familia Habsburgo. Ya se hablaba de este edificio en el siglo XIII, o en el XV cuando el emperador Maximiliano I supervisaba la caza en la zona. Desde la distancia, este pabellón reconvertido en hotel se camufla hasta confundirse con el mar de nieve de las montañas, con los esquiadores que suben y bajan, o que utilizan los trineos para explorar las laderas. En 1893, el emperador Francisco José y su esposa Sissi legaron la propiedad a su hija Marie- Valérie (1868- 1924) quien a su vez la regaló como presente de boda a su hija Hedwig al casarse con Bernhard de Stolberg- Stolberg. En 1952, el conde Karl El conde de Stolberg- Stolberg, en el pabellón de caza convertido en hotel de Stolberg- Stolberg, bisnieto de Sissi y Francisco José, decidió revitalizar la residencia y transformarla en hotel, en el edificio actual, una perfecta combinación de las comodidades modernas y del aroma aristocrático de otros siglos. Su hijo Christian, conde de Stolberg- Stolberg, está ahora al frente del negocio, de diciembre a abril. Hacemos un gran esfuerzo por mantener y poner al día nuestra herencia, la atmósfera de nuestra familia asegura mientras muestra alguna de las 37 habitaciones del Jagdschloss Kühtai. El conde explica con detalle la relación de los Habsburgo con el Tirol, mientras come un Tafelspitz el plato preferido de Maximiliano. Cuando nos vamos, nos repite un mensaje que ya había dicho nada más abrir la puerta: Díganle al Príncipe Felipe que sería un honor recibirle en esta casa Jagdschloss Kühtai. A- 6183 Kühtai Tirol. T. +43 (0) 5239- 5201. Precios: a partir de 120 euros por persona, en media pensión. Más información: www. jagdschloss. at