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28 1 07 PRÓXIMA PARADA NUESTROS CORRESPONSALES Roma Buenos Aires Lisboa París Rabat Toda la historia del siglo XX ha pasado por este edificio de Bruselas, desde los millonarios de los años 30 a las botas nazis ABC Nueva York Bruselas Belle époque El Residence Palace nació como un edificio de apartamentos de lujo. Los nazis instalaron allí su cuartel general. Tras la guerra parecía un lugar maldito. Pero hoy es un oasis acristalado en la jungla burocrática TEXTO: ENRIQUE SERBETO Jerusalén BRUSELAS ENRIQUE SERBETO México Washington Berlín Atenas Londres Berlín Pekín Viena Estocolmo uando fue inaugurado en 1928 se presentó como el edificio de apartamentos más confortable del Continente: 2.200 habitaciones repartidas en apartamentos amueblados, no amueblados, tiendas de lujo, locales, restaurante, teatro, peluquería y piscina El huésped es el rey presumían. Seguramente más de un monarca debió de alojarse en aquellos años de la belle époque en la Bruselas de entreguerras, donde los belgas exhibían sus inmensas riquezas venidas del Congo. La sociedad Residence Palace S. A. del financiero belga Lucien Kaisin quiso mostrar esa opulencia en un complejo residencial en el que no se descuidó detalle: ascensores, maderas nobles, calefacción central, servicios palaciegos, baños turcos, sala de esgrima, la crême de la crême para celebrar la prosperidad de un país que entonces no tenía ni cien años de independencia, pero que quería que la clase media viviera en edificios de apartamentos porque la construcción de casas individuales no re- C solvía los problemas de la vivienda surgidos tras la I Guerra. El proyecto fue diseñado por uno de los arquitectos más famosos del mundo, el suizo Michel Polak, y 1.200 obreros trabajaron casi cinco años para construir este sueño, a tiro de piedra del arco del Cincuentenario. Naturalmente, hacía falta un garaje para doscientos coches con su propio surtidor de gasolina, para que los clientes aparcasen sus automóviles, mientras elegían un apartamento de entre 8 y 22 habitaciones de 11 modelos diferentes según reza el folleto publicitario de la época, redactado en francés, inglés, alemán y español. Un importante banco, la Sociedad Belgo- Canadiense, tenía una oficina propia en el edificio, para las necesidades de tan selecta clientela. El edificio conoció una década de esplendor. En 1940, cuando Bél- Los ricos que habían desparramado aquí su dinero no quisieron volver a dormir en las mismas habitaciones que habían ocupado los nazis. El Gobierno se hizo cargo del complejo gica fue ocupada nuevamente por los alemanes, las autoridades nazis no tuvieron ninguna duda a la hora de elegir dónde instalarse: los mosaicos del patio central hicieron resonar el atronador paso de las botas de la Gestapo, acallando el trémulo rumor de la fuente art decó azul y oro, y por los pasillos y salones se escuchaban los brindis por las victorias de Alemania en el frente. Los ricos de toda Europa que habían desparramado su dinero en los años 30 no quisieron volver al Residence Palace. Nadie quiso volver a dormir en las mismas habitaciones que habían hollado los nazis. El Gobierno belga no tuvo más remedio que hacerse cargo del complejo de edificios y, con el tiempo y su expansiva burocracia, no le faltaron organismos a los que ir alojando allí. Ahora, todos esos organismos han sido transferidos a los gobiernos regionales y el edificio se ha quedado como una isla entre los resplandecientes y acristalados edificios de la burocracia europea. El Berlaymont, la estrella de cuatro puntas que aloja a la Comisión Europea, el Justus Lipsius donde trabaja Javier Solana y se celebran las cumbres europeas, el Charlemagne, la sede de la Dirección General de Relaciones Exteriores de la Comisión... El Résidence alberga ahora a las funcionales oficinas de corresponsales extranjeros (la de ABC entre otras) Un pabellón acaba de ser reinaugurado con apartamentos de uno o dos dormitorios- -qué lejos de las pretensiones originales- mientras que la tercera ala, la más grande, espera vacía que se construya adosada a su fachada el futuro edificio donde se reunirán los jefes de Estado y de Gobierno, en este rincón de la historia de Bruselas, acosado por el acero y el cristal futurista.