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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE que acatan el resto de hombres y mujeres, que dedican respectivamente tres años y 21 meses de su vida a cumplir con el Ejército. También pueden excluirse de trabajar o de pagar impuestos. El Estado judío ha renunciado en parte al principio de igualdad de derechos y deberes para proteger la peculiar vida cotidiana de estas personas, en una suerte de reconocimiento y de gratitud a su obstinada forma de mantener vivas las raíces hebreas, que son las que al fin y al cabo dan sentido al propio Estado de Israel. El Estado que les mantiene. A través de ayudas públicas a la vivienda o a los hijos, y que van a parar en buena parte a sus bolsillos, porque constituyen la capa social más humilde y con mayor tasa de natalidad. Y a través de subvenciones- -no siempre transparentes- -a sus partidos políticos por los apoyos que negocian en el Parlamento israelí. La paradoja llega cuando buena parte de estos hombres y mujeres de aspecto anacrónico y hermético, los judíos puros son abiertamente antisionistas. Y rechazan la existencia de ese mismo Estado judío sin un Mesías, lo que les granjea la animadversión de quienes les acusan de manipular al sistema para conseguir de él los recursos que les permiten seguir viviendo a contracorriente de sus semejantes. Pero a costa de ellos. El conflicto regional, por muy religioso que parezca, les trae sin cuidado. do mucho más amplio. No se puede escribir más de dos letras, ni borrarlas, ni llevar a cabo prácticamente ningún esfuerzo. De hecho, las mujeres cortan en secciones el papel higiénico antes de la entrada del Sabbath porque la acción implica un gesto entendido como melachah Y si alguien osa conducir ese día por sus barrios, lo más seguro es que su coche termine apedreado. En Sabbath no se puede pulsar un interruptor, ni tener contacto con aparatos eléctricos, ni siquiera utilizar el móvil. Una compañía telefónica israelí lanzaba en marzo de 2005 el primer celular kosher -que quiere decir adecuado la palabra mágica con que los rabinos distinguen lo que es válido de lo que es una ofensa a Dios- un aparato telefónico que permite programar las llamadas el día anterior, y además bloquea automáticamente el acceso a números indecentes como líneas eróticas o servicios de juego y apuestas, considerados envilecidos y contrarios a la ley tradicional judía. Cuidado con lo que comes Son estas autoridades rabínicas, implacables revisores de cada detalle del día a día, las que definen qué hay que comer. Carne de animales con pezuña partida que no hayan sufrido al morir y jamás mezclados con lácteos, pescados sólo con escamas, huevos sin manchas de sangre, todo de acuerdo al conjunto de criterios religiosos prescritos en la Torah, que señala este régimen como fuente de equilibrio para el cuerpo y el alma. Los rabinos deciden también cómo hay que levantarse, cómo hay que vestirse, cómo hay que dormir con el cónyuge y cómo hay que comportarse en los supuestos más insospechados. Valga una de sus últimas órdenes, publicada puntualmente por los diarios de Israel una vez a la semana, en la que se podía leer la concesión por primera vez de autorización, en pleno siglo XXI, para que los jóvenes judíos ortodoxos puedan saltarse la prohibición del Sabbath y arrancarse las espinillas de la cara como todos los adolescentes. El celo de los rabinos puso contra las cuerdas a la aerolínea israelí, El Al por viajar el pasado diciembre en sábado para tratar de recuperar los vuelos perdidos en una huelga. El último capítulo es que se niegan a levantar el mandato que ordena a las mujeres ocupar asientos sólo en la zona trasera de los autobuses que cruzan Mea Sharim para que no se toquen con los hombres. En su universo cerrado al común de los paganos, siempre parecen expresar el mismo reproche: Por favor, no violente nuestros sentimientos Ascensores del sábado Su impronta está por todas partes. Particularmente en Jerusalén son inevitables los llamados ascensores del sábado Los elevadores que durante el Sabbath el día santo de descanso judío, que empieza al anochecer del viernes y dura 24 horas- -se detienen uno a uno en cada piso convirtiendo cada trayecto en un viaje interminable... porque los ultraortodoxos no pueden en este tiempo apretar botón alguno. Se trata de observar escrupulosamente la regla de no hacer en el día de celebración ninguna forma de melachah término habitualmente traducido como trabajo pero que remite a un significa- Los rabinos deciden cómo hay que vestirse, cómo hay que dormir con el cónyuge, qué hacer para evitar malas tentaciones y qué hay qué comer y cómo hacerlo. A menudo no trabajan, ni pagan impuestos, ni van al Ejército. Pero el Estado les protege en una suerte de reconocimiento de su celo en la preservación de las raíces hebreas Como si se hubieran recluido en un mundo propio al margen de tiempo REUTERS