Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
28 1 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Israel Ultraortodoxos: un mundo aparte Puritanos y rigoristas, puntillosos en el cumplimiento de todos los rituales de la tradición, anacrónicos, recelosos del forastero y, a menudo, hostiles al mismo Estado israelí que les protege: otro universo POR LAURA L. CARO. JERUSALÉN ija judía! La Torah te obliga a vestir con modestia. Nosotros no toleramos que por nuestras calles pase gente vestida de modo inmodesto. Por favor, no violente nuestros sentimientos Como explica con esta advertencia de resonancias arcaicas el cartel colgado desde tiempos inmemoriales en una de las entradas del barrio, no son bienvenidos los forasteros a Meah Sarim. En pocos lugares del planeta uno puede sentirse tan ajeno, tan intruso, tan inoportuno y tan extranjero como en este barrio del norte de Jerusalén, donde los judíos ortodoxos o ultraortodoxos- -para muchos una mera hipérbole retórica- -han materializado hasta la extenuación su modo de vida hostil al mundo exterior. Barrio en el que los hombres de piel cerúlea, barba poblada y tirabuzones que bailotean sobre las orejas- -los alada- H Un ultraortodoxo israelí recibe entrenamiento militar AP res- -caminan ensimismados bajo sus sombreros negros de ala ancha por un lado de la calle, cuidadosos de no rozarse con las mujeres de cara de porcelana antigua, cubiertas con horribles ropas para hacer desaparecer cualquier belleza de su femineidad, que desfilan apartadas por el otro lado de vías que apestan a caldos espesos y a tiempos viejos. No está bien el contacto físico con la hembra con la que no se está casado: los rabinos del Talmud lo desaprueban. Oler la fragancia de mujer extraña, jamás dar la mano, ni ver su cabellera, prácticas que pueden disparar los impulsos sexuales incontrolados hasta corromper al individuo. Y con él a la sociedad. Mirado desde fuera, el universo de estas gentes es el de quienes han optado por la automarginación para dedicar su vida al Dios de sus antepasados: al ansia de pureza y rigor en el seguimiento de las tradiciones de la Halakha, la Ley judía, el Tanakh, lo que los cristianos llamamos el Antiguo Testamento, la Torá, los cinco libros de Moisés directamente inspirados por Dios, el de los Profetas y las Escrituras. Parecen seres de otra era, de costumbres fosilizadas, con jornadas de estudios de catorce y dieciséis horas diarias de los textos sagrados- -la Mishna, la Cábala... -interrumpidas apenas por la oración, en una burbuja de religiosidad con carácter de dedicación exclusiva, que sus propios compatriotas israelíes, los laicos, que constituyen el 80 por ciento de la población, tachan a menudo de egoísta y fanática. Y razones que esgrimir no les faltan. Porque los ultraortodoxos- -una forma generalizada y simplista de referirse a una constelación de sectas, a menudo muy enfrentadas entre sí- -pueden quedar excluidos del servicio militar