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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE Luchador hasta las últimas horas El alcalde de Fago luchó por su pueblo hasta el final. Según cuenta el presidente de la Jacetania, Alfredo Terrén, poco antes de su asesinato el viernes día 11, Miguel Grima se mostró tan participativo como de costumbre en la reunión de alcaldes y miembro del Consejo Comarcal, donde era firme defensor de los intereses de los núcleos pequeños. En concreto, recuerda, intervino para reclamar un sistema de reparto de las subvenciones que favoreciera a aquellos municipios con poco presupuesto y para apoyar el proyecto de crear una brigada supramunicipal que atendiera una serie de servicios en los pueblos con pocos recursos, como las reparaciones de un corte de agua o un reventón. Tras el Pleno en Jaca, Miguel Grima cogió su Mercedes 190 para regresar a Fago por la N- 240 y la estrecha carretera parelela al río Majones. En el cruce entre ambas, en Villarreal de la Canal, se detuvo en la panadería de Pedro Gracia y su mujer, Alicia Ángeles, entre las 21,30 y las 21,45 horas, aproximadamente. No solía parar allí, pero aquella noche le debería de hacer falta pan y así lo hizo. Fueron los últimos que lo vieron con vida. Llamé en cuanto me enteré de que lo habían encontrado asegura el panadero. No había pasado nada nunca parecido en la zona se lamenta su mujer. El propio presidente del Consejo Comarcal de la Jacetania fue la persona que encontró el cadáver de Grima junto a la cuneta. El socialista Alfredo Terrén se muestra rotundo al defender la figura del alcalde asesinado, a pesar de ejercer el cargo con otras siglas. Era de lo mejor que teníamos Todo el mundo piensa que aquí no hay gente tan mala para cometer esa barbaridad afirma. En Fago permanecen carteles de queja por algunas decisiones del alcalde asesinado Un amplio operativo rastrea el entorno de la carretera que recorrió Grima antes de morir incluye un peculiar sistema de gestión conjunta del valle con su hermano mayor, Ansó. Fago es el pueblo más alejado de la capital comarcal, Jaca, y sólo el viaje desde allí supone una hora en coche. Esta población recuerda con orgullo cómo, hasta bien entrado el siglo XX, mujeres aragonesas y navarras cruzaban a pie el Pirineo al comenzar el invierno para trabajar en las fábricas de alpargatas del lado francés. Eran conocidas como las golondrinas ya que regresaban en primavera. compartir la vida en este apartado paraje con su mujer. Además de poner en marcha un negocio de turismo rural, en 1999 se presentó a alcalde, puesto para el que fue reelegido la última vez con casi el 75 por ciento de los votos. Dispuesto a poner orden y hacer respetar las normativas por muy aislado que estuviera Fago, se topó con numerosas dificultades y muchas de sus decisiones acabaron en los tribunales. De ahí que tras su muerte se hayan disparado las conjeturas sobre múltiples enemigos y los posibles móviles del crimen: desde impedir el empadronamiento de nuevos vecinos a a la regulación de la caza. Aún estos días se puede leer en pequeños carteles en la calle Mayor: Déjame ser ganadero, déjame jugar al baloncesto... Cuéntame las cuentas, déjame tener una terraza con mesas en verano, tolérame, déjame vivir en paz ¿Pero realmente eran éstas suficientes razones para que se cometiera el brutal asesinato? Los vecinos, atrincherados frente a los periodistas en sus casas, viven en un mar de murmuraciones. Pero lo único que quedó claro desde el principio es que se trató de un plan organizado para tender una emboscada al alcalde en una curva de la carretera. A falta de vecinos por las calles y con el tañido automático de la campana de la iglesia como único sonido autóctono, en el pueblo sólo se ve a los enviados de los medios de comunicación, la mayoría de los cuales nunca habían oído hablar de Fago. Ya han desembarcado los primeros periodistas extranjeros, seducidos por esta historia de intriga y sangre. Zona despoblada Hoy se trata de una de las zonas más despobladas de la comarca. Apenas una treintena de vecinos habitan Fago, alejado de las estaciones de esquí y el turismo masivo de otros valles pirenaicos. El pueblo vive ahora conmocionado por el asesinato de su alcalde, Miguel Grima. Nunca se había visto invadido por decenas de periodistas, que acuden atraídos por el misterioso crimen, propio de una novela negra. Grima, procedente de Zaragoza, decidió hace casi dos décadas No abren ni a la cartera Incluso permanece cerrada la tienda- bar, en la cual hay un vistoso cartel de protesta por las dificultades para poner terraza. Fago no es Nueva York advierte. La rutina del pueblo se ha alterado de tal forma que hasta la chica que trae desde Ansó el correo tiene dificultades para el reparto. Molesta por la avidez de los periodistas, confiesa que antes, o se las entregaba en mano o me dejaban abierta la casa. Ahora ni siquiera me abren la puerta