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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE Alumno de La Salle y de los jesuitas En un larguísimo discurso en septiembre de 1995 con motivo del cincuenta aniversario de su ingreso en la Universidad de La Habana, Fidel Castro relató al claustro académico y a los estudiantes sus recuerdos escolares desde su tierna infancia en Santiago de Cuba, donde primero fui alumno externo en el Colegio de La Salle, y después interno hasta que tuve que tomar la decisión de irme de aquella escuela por violencia física contra mí, que me obligó a hacer uso de la violencia contra un inspector Después de una breve etapa en el Colegio Dolores, decidí irme sin conflictos para el Colegio de Belén, que era el mejor colegio que tenían los jesuitas en este país. Me atrajo la idea. Me sentía mas conforme con la disciplina de los jesuitas y su comportamiento en general Era el mejor colegio de La Habana, y contaba con muchos jesuitas españoles. Castro recordó que tuvo que ir a misa y tuvo que estudiar historia sagrada más de la que le hubiera gustado. Aun así, el comandante reconoció que de su casa y de esa escuela había aprendido un profundo sentido de la justicia, una ética determinada que se va adquiriendo Lástima que la hubiese entendido tan mal. Castro recibió a Juan Pablo II en 1998 con la intención de congraciarse con la Iglesia, pero sin variar su política 1959 y, muy a su pesar, lo aplicó a Fidel Castro el 3 de enero de 1962 para evitar que el comandante supremo engañe a los católicos. En un famoso discurso del 2 de diciembre de 1961, Fidel Castro se declaró marxista- leninista y anunció que llevaría a Cuba al comunismo. A partir de ese momento, la sanción era inevitable y, aunque el dictador había abandonado la fe católica, el Papa la impuso para eliminar cualquier ambigüedad. 1962, al presidente norteamericano, J. F. Kennedy, y al líder soviético, Nikita Jruschev, cuando ambos libraban ante un mundo angustiado el vertiginoso pulso de la crisis de los misiles Juan XXIII era el Papa de la paz y de la concordia, pero tenía que hacer frente a un Castro que, desde 1961, estaba expropiando las escuelas religiosas, reprimiendo las manifestaciones católicas y expulsando de la isla a centenares de sacerdotes y religiosos. AP Pontífice de la paz Paradójicamente, Juan XXIII no era un enemigo de Cuba, sino todo lo contrario, y la historia recuerda su poderoso llamamiento a la paz dirigido, en octubre de Si Juan Pablo II le recibió y visitó después en Cuba fue porque el Vaticano trata con todos los Estados, pero esos acontecimientos no eliminan la excomunión La hostilidad contra la religión católica continuó siendo muy fuerte hasta 1992, año en el que el dictador cubano empezó a decir que el régimen era secular en lugar de ateo y permitió la entrada en el Partido Comunista a católicos practicantes. Durante la famosa visita de Juan Pablo II a la isla en 1998, Fidel Castro le acogió con gran respeto y no movió un músculo cuando, durante una misa a la que asistía en primera fila, el Papa lanzó un fuerte llamamiento en favor de la libertad de conciencia, que es el fundamento de todos los demás derechos humanos En diciembre de ese año, Castro permitió por vez primera que su pueblo volviese a celebrar la Navidad, pero la apertura religiosa o política del régimen fue poco más allá. En 2003 asistió a la reapertura de un convento y en 2004 restituyó al Patriarca Ecuménico Bartolomé I la pequeña catedral ortodoxa de La Habana. En abril del 2005, asistió a un funeral por Juan Pablo II en la catedral católica de La Habana, que no había pisado desde la boda de una de sus hermanas en 1949. El cardenal Jaime Luis Ortega y Alamino le agradeció entonces su presencia y la condolencia oficial por la muerte del Santo Padre. La historia se dispone ahora a pasar una nueva página con la desaparición de otro de sus protagonistas. Pero, por el momento, la decisión del Vaticano no ha cambiado.