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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE En la estación de Wengen (Suiza) donde fue suspendida una prueba de la Copa del Mundo de Esquí Alpino, apenas unas manchas blancas salpican el suelo AFP ALPES PIRINEOS Postales verdes en el reino de la nieve El blanco se dibuja en las cumbres y en las pistas donde funcionan los cañones. Pero muchos pueblecitos del Tirol presentan un aspecto primaveral POR J. F. ALONSO INNSBRUCK (AUSTRIA) Afilados macizos de roca desnuda La tenacidad de las mangueras que día tras día escupen nieve artificial maquilla un paisaje parduzco. La alarma cunde entre los comerciantes del Pirineo francés POR J. I. GARCÍA GARZÓN SAINT- LARY (FRANCIA) ice Verena Staudinger, nacida en Innsbruck, guía de habla hispana, que un día como hoy de hace un año el termómetro marcaba menos cinco o menos diez grados durante las horas de luz, y que el valle estaba cubierto por una manta blanca. Eso era lo normal sonríe. Lo anormal es el paisaje que nos muestra desde la estación de Seegrube Nordpark, a 1.905 metros. Es media tarde, la temperatura ronda los siete grados sobre cero y las manchas de nieve sólo salpican las zonas más altas de los Alpes, los glaciares, las pistas en las que ayudan los cañones. Innsbruck, la capital del Tirol, y los pueblos cercanos lucen un verde impecable. Otros años ha nevado poco- -añade- pero no recuerdo tanto calor en esta época D Uno de cada cuatro habitantes de la región vive del turismo. Esperan como una bendición las nevadas que devuelvan el paisaje al estado natural de las cosas. Febrero es el gran mes del esquí, confían. Aunque cuando lleguen las tormentas quizá les persiga la inquietud que desprenden las tertulias en la calle, las estadísticas de los científicos. Un informe de la OCDE que se publicará íntegramente en febrero asegura que 1994, 2000, 2002 y 2003 han sido los años más cálidos en los Alpes en los últimos cinco siglos, y que un aumento de la temperatura media en uno, dos o cuatro grados podría reducir las 666 grandes o medianas áreas esquiables a 500, 400 y 200, respectivamente. Algo de eso piensa Verena mientras mira el horizonte. Mediados de enero en los Alpes, quién lo diría sto es normalmente impresionante, lleno de nieve, con las pistas a pleno funcionamiento... Eduardo, un tipo deportivo, amante de la naturaleza y de los deportes de montaña, en especial del esquí, habla, con un tono en el que se transparenta la decepción, del aspecto habitual de Saint- Lary, una de las estaciones que salpican los Pirineos franceses y que siempre había sido una garantía de nieve por estas fechas. Ha venido a la cabeza de un grupo de escolares españoles que, en anteriores ocasiones, había preferido Andorra, pero que este año se decidió por la estación francesa, cercana a Bielsa (Huesca) agradable y bien comunicada, por las posibilidades que ofrece y su variedad de pistas, tanto para esquiadores principiantes como E para los más avezados que prefieren emociones fuertes. Las escasas pistas abiertas en Saint- Lary, alimentadas día tras día por la tenacidad de las mangueras que escupen nieve artificial, son esporádicas manchas blancas en unos parajes en los que paulatinamente, y contra lo que suele ocurrir a estas alturas del calendario, la roca ha ido restando terreno a la nieve y convirtiendo el cotidiano paisaje de tarjeta navideña en una sucesión de afilados macizos de color parduzco con algún vestigio del elemento blanco. Una imagen que, según comentan los esquiadores en una de las cafeterías de la estación, se repite en otras zonas pirenaicas y que ha encendido las señalas de la alarma en los comerciantes de la zona. Sin su materia prima, la industria no funciona.