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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE leer un libro lo escribía. Vanidad que no se podía permitir John Barrymore, que aseguraba que lo que le disgustaba del teatro era no poder sentarse entre el público y verse a sí mismo actuar. Y es verdad que existe una especie de personajes (no es el caso del dandy Disraeli, desde luego) que no han leído más libros que los escritos o firmados por ellos. Expediente Ñ El libro de la peluquera n las tiendas (virtuales y reales) cada vez hay más libros sobre Hitler. Y además acaban de estrenar una comedia Mi Führer No sé si alguien ha dado el pistoletazo de salida para reírse del Tercer Reich, cosa que ya hizo S. Hanala Stadner con su libro, aquel que era un poco de Auschwitz, un poco de La tribu de los Brady y un poco de Raíces o es que está de moda. Yo misma me he visto comprando un DVD llamado Mi lucha (aunque es un documental sobre el bicho con bigote, no su obra literaria, que también está a la venta) Eso sí, la puse debajo de la segunda temporada de Doctor en Alaska y la tercera de Luz de luna para disimular. La cogí porque leí en la carátula que las imágenes contenidas podían herir la sensibilidad del espectador y eso siempre me llama mucho. Todo ya visto, nada nuevo, lo que me hiere bastante la sensibilidad. Ahora, que es edición especial limitada para coleccionistas. Nada menos. ¿Para coleccionistas de qué? ¿De cruces gamadas? Tengo miedo porque me he dado cuenta de que también compré hace tiempo (de la misma colección para coleccionistas) El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl. Me estoy empezando a dar escalofríos. Nada, lo próximo que me lleve a las estanterías va a ser el libro de la peluquera. De Ana María Ríos, la peluquera de portada, que su madre ha anunciado que está escribiendo un libro. ¡Ostras! (de Arcade) Supongo que sobre su experiencia en Cancún, no sobre los extraños caminos de la fama, esa suma de malentendidos, según Rilke. Sólo falta que Belén Esteban, la benefactora de los taxis, empiece con el suyo, que el posado ya lo tiene. Hay gente que se toma la literatura como Disraeli, que cuando tenía necesidad del Historias en bata Lo de la peluquera sí que es el triunfo de la voluntad. De la voluntad de hacer lo que a una le da la gana, como la concejal de Lepe. Despelotarse es todavía más tendencia que la hitlermanía. No sé si también correr en biquini por las calles de Miami, como Lindsay Lohan (ésta se ha quedado con ganas de ser vigilante de la playa, aunque le falla el cigarro en la mano; tía, que lo que hay que llevar es un flotador rojo sujeto con una cinta) O salir en pijama y bata en las revistas, como el adorable papá de Sofía Mazagatos. Vale que estos días, con motivo de la muerte de Carlo Ponti, también hemos visto cómo Sophia Loren y su marido se dejaban retratar a principios de los 60 en bata. Pero eran otras batas, otras pintas, otras celebridades (celebridades a secas) No vamos a recordar a Sophia Loren o a Ponti en bata (para dos) Lo que para ellos es una anécdota para otros es una categoría. Sin embargo, no sé lo que pasará con Ana María Ríos en el futuro, por qué se le recordará más, si por sus seis días de cautiverio en la enfermería (por nadie pase) por el posado o por quién sabe qué ahora que es una estrella. Esto acaba de empezar, me temo. Parece que Yvonne de Carlo prefería no ser recordada por Lily Munster, pero qué le vamos a hacer. La película favorita de Bette Davis, la que más le gustaba a ella, era Amarga victoria pero no es la que la totalidad de sus admiradores nombraría ni en quinto lugar. Y Doris Lessing, encantadora ancianita, se está ganando a pulso que sus opiniones llamen más la atención que sus libros (aunque en el fondo son lo mismo) La que en su autobiografía decía que Hitler fue un mero aprendiz de criminal (comparado con Stalin, claro) o que la preocupación de finales del siglo XX por el abuso sexual a los niños es un movimiento histérico de masas (ella soportó que su padre le hiciera cosquilla como recuerda Coetzee en Costas extrañas sale ahora con que los hombres son un invento reciente y sin asentar. En su última novela, The Clef pinta un mundo de mujeres que viven sin necesidad de sexo o de hombres. Yo de Sofía Mazagatos pedía las coordenadas de ese universo. E FERNANDO GÓMEZ Pedro Ruiz estrenó espectáculo en Madrid y aprovechó la presencia de los famosos para imitar, sobre el escenario, a más de uno infarto. Mientras los Campos retrataban a los simios y se pellizcaban para comprobar que las fieras que andaban a pocos metros eran de carne y hueso en su país de origen se hablaba y no paraba sobre los programas que Hormigas blancas dedicó a la vida y amores de la Nietísima recuperando de los archivos imágenes de su infancia y adolescencia y testimonios tan impresionantes como las palabras del desaparecido duque de Cádiz cuando convalecía del accidente que tuvo que costó la vida de su hijo Fran. ...Y más parejas Aunque habrá quien piense que el matrimonio se ha querido quitar de en medio por estos especiales que han tenido su continuidad en las tertulias del corazón, lo cierto es que el viaje estaba programado y a la espera de que Carmen terminara sus compromisos como bailarina en Mira quien baila Pero incluso hasta África han llegado los comentarios que se han hecho sobre Bordiú y desde allí me llega la indignación que tiene su marido que no piensa tolerar muchas de las afirmaciones que se hacen o los adjetivos que le colocan a la que ya es su esposa ante la Iglesia. Los Campos no re- gresarán hasta dentro de una semana pero, si no cambian las cosas, una de las primeras conversaciones que José Campos quiere mantener es un cara a cara es con el ex cuñado de su mujer y no delante de una cámara. Noche de estreno por todo lo alto fue la que tuvo Pedro Ruiz con su espectáculo Pandilla de mamones en el teatro Reina Victoria. Hacía tiempo que no se veía un poder de convocatoria como el que tuvo el humorista en su regreso a Madrid. Y como lo cortés no quita lo cavanillas Ruiz aprovechó la presencia de sus amigos para hablar de ellos aunque sea bien e imitar a algunos de los presentes. Entre los invitados se encontraba Mar Flores que llegó con su marido Javier Merino tras dejar a los niños en casa. Fiel a su línea Javier evitó dirigirse a las cámaras de la misma manera que huye de los posados que Mar hace en el couché con sus niños. Y aunque en algunos reportajes reivindique su vida de esposa y madre feliz, me consta que Flores sigue soñando con hacer la película de su vida y demostrar en la pantalla que tiene madera y dotes de actriz. Para ello se ha preparado, ha creado su productora y ha ido a clases de interpretación.