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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE NUESTROS CORRESPONSALES era Rusia, o la URSS. Querían que las afganas se quitaran el burka y estudiasen ingenierías. Y que su país abandonase en un par de planes quinquenales el alto medievo social y cultural en el que vivía la población. Pero ni progresaba el experimento social, ni el Ejército Rojo era capaz de controlar a la guerrilla. Con sus carros de combate tenían un aparente control de la grandes ciudades, pero el campo y las montañas eran de los islamistas muyahidin. La verdad es que algo sí que aguantó Nayibula tras la salida soviética. Cuatro años; mucho más de lo que todos esperaban. Los muyahidin entraron en Kabul, y casi al día siguiente ya estaban enzarzados en una inacabable guerra civil entre clanes, tribus y credos. Hasta que, en septiembre de 1996, los talibanes se hicieron con el control del país. Y como primer acto ejemplar, lincharon a Nayibula, refugiado en la sede de la ONU en Kabul desde que perdió el poder. Junto a su hermano, fue torturado y ahorcado. Le cortaron los testículos, le embutieron fajos de billetes en la boca y los bolsillos. Y ahí les dejaron, a él y a su hermano, colgando durante dos días. Con ese elocuente linchamiento el régimen talibán anunciaba su nuevo orden. Roma Buenos Aires Fútbol Sexo y garrotazos Portugal vive con pasión un culebrón en el que se dan la mano la corrupción, la política y las tormentosas relaciones entre el presidente de un club de fútbol y una señorita de polémica procedencia POR BELÉN RODRIGO Bruselas París Rabat Nueva York A Jerusalén LISBOA BELÉN RODRIGO Llegan los seminaristas Los talibanes (literalmente, los seminaristas) eran hijos de los campos de refugiados en Pakistán, donde crecieron entre ejercicios de tiro, miserias, zombis memorizaciones del Corán, venganzas y prédicas fanáticas. En la dinámica de la guerra fría, EE. UU. había pagado y armado a los islamistas que se enfrentaron a la URSS. Bin Laden fue el emisario especial enviado por Arabia Saudí con el visto bueno norteamericano para reclutar y entrenar a las brigadas internacionales islámicas que se dieron cita en el país. Con los talibanes en el poder, Bin Laden se convirtió en el más ilustre huésped de Afganistán. Y en el principal asesor para asuntos internacionales del jeque Omar, un talibán tan piadoso que presumía de no haber tenido más contacto con el mundo exterior que el par de veces que osó escuchar la radio. Muchas fueron las lecciones que se pudieron aprender de aquella desdicha. La URSS había fracasado en la ingeniería social con la que intentó occidentalizar un país por la fuerza; y EE. UU. actuó movido sólo por consideraciones de poder y con un supino desconocimiento del mundo musulmán. Y tantos años después, esos errores se repiten tozuda y persistentemente. No es Vietnam lo que hay que recordar en Irak, sino Afganistán. México Washington Berlín Atenas Londres Berlín Pekín Viena Estocolmo veces es difícil entender qué es lo que manda en la actualidad. Cada país nos sorprende en algún momento con un escándalo que de forma incomprensible se convierte en portada. Luego, como vino, se olvida... Y cuando menos lo esperamos vuelve a resurgir. En Portugal hace unas semanas se vivió uno de esos casos que mantuvo muy entretenida a la sociedad lusa. Es la historia de Carolina Salgado. Es el año 2004. Portugal se prepara para acoger el campeonato europeo de fútbol y sale entonces a la luz un escándalo en el que aparecen envueltos árbitros, dirigentes deportivos... y el presidente del Oporto, Jorge Nuno Pinto da Costa. Este señor, con más de 20 años al frente del equipo portugués, es una figura amada y odiada, pero que goza de un respeto inusitado. Se trata de esclarecer el caso del llamado Silbato dorado en el que se habla de tráfico de influencias, corrupción, evasión fiscal, agresiones... A varios acusados se les daba por culpables pero la falta de pruebas dejó el proceso aparcado. Hasta que aparece el libro Yo, Carolina testimonio de Carolina Salgado, ex novia de Pinto da Costa, de quien se dice que tuvo un pasado relacionado con la prostitución y que conoció a Pinto en un bar de alterne. En los días de romance, no obstante, la pareja se convirtió en una de las más solicitadas y famosas del país. Pero el amor desapareció y se convirtió en odio con sabor a venganza. En su libro Carolina cuenta cómo su ex novio mandó dar una paliza a un joven abogado y político socialista. Confiesa haber sido ella quien, por encargo de su amado, contrató a dos sicarios, que rompieron un brazo al político y le dieron varios garrotazos en la cabeza donde debieron practicarle quince puntos de sutura. Arrepentida, Carolina se compromete a colaborar con la Justicia y ha- Carolina Salgado, autora de un best seller de escándalo bla ahora de tráfico de influencias, agresiones, perjurio, manipulación de resultados deportivos... Unas revelaciones que dan el golpe y reabren el caso. Dice no tener miedo y vivir con la conciencia tranquila. Está convencida de que el día en que Pinto da Costa abandone la presidencia del Oporto irá a la cárcel. Y lo cierto es que las acusaciones que caen sobre él pueden suponerle una pena de hasta diez años de prisión, que podría ser de 12 a 25 años si se considera la agresión un intento de homicidio. Mientras sigue en curso la investigación, Yo, Carolina continúa vendiendo ejemplares. Y es tanta la expectación, que la editorial ha tenido que comunicar que no se va a publicar un segundo libro. Sólo eran rumores, por lo visto, pero no se descarta que, pese a todo, termine apareciendo un Yo, Carolina, Segunda Parte Quizás quede todavía mucho por contar.