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14 1 07 CLAVES DE ACTUALIDAD El líder afgano prosoviético Nayibula cuelga de la horca (segundo por la izquierda) junto a su hermano ante el júbilo de los talibanes que los lincharon Afganistán La lección que nadie aprendió Todos los imperios han fracasado en ese país. La catastrófica intervención de la URSS pudo ser un ejemplo del que aprender, pero, al contrario, los mismos errores son repetidos una y otra vez TEXTO: ALBERTO SOTILLO FOTO: REUTERS n noviembre de 1986, el entonces dirigente soviético, Mijail Gorbachov, saludó con profundo gozo al nuevo presidente afgano, Mohamed Nayibula. No era para menos, porque Nayibula era el único dirigente afgano dispuesto a aguantar en el puesto de mando sin el respaldo de las tropas soviéticas. Es E lo que quería oír Gorbachov, que sólo pensaba en cómo salir del cenagal en el que se habían metido sus predecesores siete años antes. El líder soviético tampoco quería entregar a los leones a su protegido. Así que, durante algo más de un año, reforzó la ofensiva militar contra los muyahidin islamistas apoyados por EE. UU. terroristas en la jerga oficial de la URSS- al tiempo que redobla los llamamientos a la reconciliación Cuando Nayibula anunció en Moscú que aguantaría sin las tropas soviéticas, los periodistas se pusieron en pie para aplaudirle como a una estrella de la Ópera del Bolshoi. La verdad es que nadie daba cuatro duros por Nayibula. La URSS había invadido el país en 1979 tras un fulminante paseo militar. Afganistán era entonces un país caótico, gobernado por un partido comunista fraticida, escindido y fanático, que se suicidaba día a día con su radicalismo, sus experimentos sociales y su crueldad. Irán acababa de conocer la revolución de los ayatolás. La URSS temía una ola de contagio en sus repúblicas musulmanas centroasiáticas. Y sin pensárselo mucho, se embarcó en su última aventura imperial. Pero, tras el alegre paseo militar, la Unión Soviética fue incapaz de crear un ejército nacional afgano digno de tal nombre. El país se le deshacía en feudos tribales. Y su ocupación sólo conseguía multiplicar la guerrilla islamista. Los prosoviéticos de Afganistán, a su manera, querían occidentalizar el país. Para ellos la referencia europea más cercana