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14 1 07 CLAVES DE ACTUALIDAD La arqueóloga Myriam Seco (en el centro de la imagen) en la necrópolis de Dahshur. Al fondo, la pirámide romboidal Arqueología La pasión egipcia Desde hace años, el antiguo Egipto ofrece una irresistible atracción. Varios arqueólogos españoles nos cuentan su experiencia en la tierra de los faraones POR PEDRO TOUCEDA F ascinación. Esa es la palabra que resume la pasión por su trabajo. Pese a que, enseguida, todos intentan dejar muy claro que no son una especie de Indiana Jones modernos, y que su profesión también está llena de rutinas, los arqueólogos se caracterizan por esa luz que aviva sus ojos, que los abre como platos y que les hace hablar de un maravilloso sarcófago de basalto ne- gro en el templo de Monthemhat, de los preciosos escarabeos de lapislázuli de Heracleópolis o de magníficas estatuas halladas más allá de la ciudad de Luxor, a las espaldas de los colosos de Mennon. Hemos conversado, entre otros, con María del Carmen Pérez Die, Myriam Seco y Javier Martínez, tres españoles que llevan años trabajando en distintas excavaciones en Egipto y que guardan aún la ilusión del primer día. Carmen Pérez es conservadora jefe del departamento de Antigüedades Egipcias y del Oriente Próximo del Museo Arqueológico Nacional y directora de las excavaciones en las necrópolis de Heracleópolis Magna, donde acude fiel a cada campaña desde hace 22 años. Heracleópolis, que es el nombre griego, fue capital de Egipto durante una época histórica concreta, pero siempre tuvo un peso estratégico muy significativo. Cada año trabajamos allí un mes o mes y medio, siempre en otoño- -porque en verano el calor es insoportable- un grupo de unas diez o doce personas entre los que hay arqueólogos, restauradores, dibujantes, antropólogos, lingüistas... un poco en función de la necesidad de la campaña. El proyecto empezó en el año 1966, después de participar España en la salvación de los tesoros de Nubia con motivo de la construcción de la presa de Asuán. En compensación, el gobierno egipcio ofreció a nuestro país el Templo de Debod- -que se puede visitar en Madrid- -y una concesión para trabajar en un yacimiento egipcio. Ya entonces se apostó