Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Alberto Ruiz- Gallardón Alcalde de Madrid Heroísmo y profesionalidad C González Roa (Selur) José Luis Castillo (bombero de Madrid) Teresa Pacheco (psicóloga de Samur) y Ramón Elías (jefe del Samur) ante la zona cero Gema Rojas, ejecutivo de guardia: Había que minimizar los efectos El objetivo de la sargento Angelines han sido los coches, vivos y muertos Windsor. Estábamos a 100 metros del edificio cuando explotó. No nos lo creíamos. Todos, la Policía y nosotros, nos quedamos mirándonos recuerda Molina. A las órdenes de los tedax- -desactivadores de explosivos de la Policía Nacional- entramos, protegidos por los equipos de respiración autónomos, quince minutos después de la detonación, y tras alcanzar la planta cuarta por la zona más alejada de la terminal, que había quedado en pie, comprobamos que todo se había venido abajo, que lo que quedaba era un precipicio, y luego, el abismo humeante. El 70 por ciento del módulo había desaparecido. Después nos llegan las noticias de dos desaparecidos, pero nosotros- -apunta Olivares- -habíamos visto salir entre el humo a dos iberoamericanos, así que creímos que era una equivocación aunque teníamos la incertidumbre de si habría más gente atrapada. Esa duda estuvo presente en todo momento. Por eso tratábamos a toda prisa de llegar en cuclillas a los coches que tenían las luces interiores activadas por si era la señal de socorro de alguien. En ese agujero había unos 600 coches. Montamos tres líneas de agua desde la cuarta planta y, hasta las cuatro de la tarde en que nos retiramos, echamos un millón y medio de litros: cada vez que al- go se movía y entraba aire se producía una nueva llamarada en la zona cero. A nosotros, se lo aseguro, nos tocó entrar en el área más jodida Y a las órdenes del comisario, y en coordinación con los bomberos del Ayuntamiento de Madrid que en ese momento capitaneaba Joaquín Sáez Murcia, debieron localizar las cámaras de seguridad. Hubo que desescombrar a mano. Y vaya si las encontraron. Con vida, estos bomberos sólo hallaron el perro que una mujer y su hijo de corta edad buscaban despavoridos y que salió ileso, y que como el rayo corrió hacia sus amos nada más abrirle la puerta de uno de los vehículos atrapados. Dice uno de sus salvadores, al que llaman Luismi, que el chico se deshizo en lágrimas. Sin vida, José Luis Castillo, oficial de guardia del Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid, encontró a Diego Armando Estacio, que ha pasado a engrosar el medallero de la infamia etarra como la víctima 819. ¡Qué desgracia- -lamenta el bombero- -que nuestro regalo de Reyes a un padre sea el hijo muerto! Pero lucharon a brazo partido por recuperarlo y hoy, a la vista de tan tremendo amasijo de hierros, hormigón y coches calcinados, parece mentira que alguien pudiera reptar hasta las tripas de la catástrofe y encontrarlo. uando la ciudad es atacada y la racionalidad desaparece en la zona cero del odio, los servicios de emergencias evitan que cunda la parálisis y los terroristas obtengan su objetivo. Las declaraciones de repulsa, las tareas de investigación, las soluciones policiales y judiciales, vienen después y articulan la necesaria respuesta de la sociedad y el Estado de Derecho. Pero los que llegan primero al escenario de la catástrofe y encarnan la reacción instintiva de toda la ciudadanía ante la barbarie son los hombres y mujeres de los servicios de emergencias, que durante los días siguientes, y en medio del horror, se convierten en fuente de esperanza en la condición humana. De ahí que cuando estos profesionales retiran los escombros para que la vida vuelva a fluir por el ancho cauce que es la ciudad, estos no sólo desempeñan una labor en razón de su responsabilidad profesional, sino que representan, en realidad, a cada ciudadano que no puede acudir al lugar de la tragedia pero que, por medio de ellos, lo hace simbólicamente. Allí donde unos ponen destrucción e infamia, otros responden con coraje y solidaridad. Y cuando el polvo se disipa y el discurrir de la ciudad se reanuda, ellos continúan afianzándola mediante su discreta pero decisiva presencia en las concentraciones populares, los acontecimientos deportivos, los actos de Estado, la actividad urbana habitual que supera con mucho lo anterior y cuyo normal desarrollo demuestra porqué esta irreprimible determinación de vivir libres y seguir siendo dueños de nuestros destinos terminará por vencer al desafío. Más de cuatrocientos bomberos, en dotaciones que se han relevado cada seis horas para garantizar una labor de veinticuatro, han puesto de manifiesto estos días en el módulo D de la T- 4 de Barajas este compromiso, sin el cual no serían eficaces los medios técnicos más avanzados. Su esfuerzo y valentía personal en sendos rescates de 8 y 36 horas, con riesgo de sufrir un desplome de los forjados sobre uno de los coches de las dos víctimas que luchaban por recuperar, han escrito una página de heroísmo en la historia del Cuerpo y en la de Madrid, junto a las del 11- M, el incendio del Windsor y otros sucesos que, gracias a ellos, recordamos como menos dramáticos de lo que pudieron ser. Como entonces, han dado, también, una lección de preparación, profesionalidad y capacidad de reacción, como parte fundamental que son de uno de los mejores servicios de emergencias del mundo, dotado de medios y procedimientos de vanguardia, y convertido en los últimos tiempos en clara referencia internacional. Recursos como el Centro Integrado de Seguridad y Emergencias de Madrid, destinado a lograr una coordinación total de todos los cuerpos, el Centro Integral de Formación de Seguridad y Emergencias, o unos simulacros cada vez más sofisticados y útiles, representan hitos a este respecto que se suman a los extraordinarios logros del Samur en sus quince años de experiencia. Junto a los bomberos del Ayuntamiento, los madrileños se sienten en deuda también con todos los que estuvieron a su lado en Barajas: Policías Municipal y Nacional, Guardia Civil, Bomberos de la Comunidad, Samur, Summa 112, Selur, EMT, AENA, taxistas, operarios de la empresa de desescombro, medios de comunicación... Y su manera de saldar esa deuda es la misma de siempre: rechazar el chantaje del terror y seguir viviendo en libertad. El vehículo estaba aprisionado en la planta uno, y sobre ella se iban superponiendo capas de coches aplastados hasta la cuarta, que había cedido. Confirmada la localización por el Cuerpo Nacional de Policía se empezó a desescombrar a mano. La zona era terriblemente inestable. Con trabajos muy lentos para evitar nuevos despren- Qué desgracia- -lamenta el bombero que rescató el cuerpo de Estacio- -que nuestro regalo de Reyes a un padre sea el rescate del hijo muerto dimientos, se abrió una gatera para acceder a los coches que permanecían en su ubicación original, pero que estaban completamente aplastados: el parabrisas había desaparecido y las ruedas se habían integrado en el chasis. Lo primero fue desechar que entre los espacios muertos entre vehículos estuviera la víctima, que hubiera logrado escapar del coche. Después, y siempre pensando que teníamos 60 centímetros de anchura por los que gatear, y una vez confirmado el (Pasa a la página siguiente)