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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Maalula La cuna del arameo Paseos mágicos, dulces productos monásticos, vides y olivos aliñan la estampa de postal de Maalula, un pueblecito con casas marrones y malva colgadas de un acantilado, al norte de Damasco, donde pervive en sus calles una de las lenguas vivas más antiguas del mundo TEXTO Y FOTO: MIKEL AYESTARÁN. DAMASCO n la estación de minibuses de Zablatani, al norte de Damasco, no hay duda de cuál es el vehículo que se dirige a Maalula. Una gran pegatina de Jesucristo y el lema en inglés God is our friend decoran la luna principal de una pequeña Toyota en cuyo salpicadero se pueden encontrar también rosarios de pétalos de rosa y retratos de la Virgen. Es la furgoneta compartida que cubre la ruta entre la capital y una de las tres aldeas en las que aún se habla el arameo, la lengua de Jesús. Maalula es la única E de las tres que sigue siendo cristiana; las otras dos, Jabadin y Bakah, se han convertido al islam con el paso de los años. A lo largo del trayecto, de apenas cincuenta minutos, la furgoneta abandona el caos damasceno, se adentra en la autopista hacia Latakia y finalmente se desvía rumbo a las montañas para subir y subir hasta llegar a la plaza de Maalula. La temperatura es más fresca que en la capital y los saludos de los lugareños no suenan al salam aleikum de costumbre. Aquí hablan en una de las lenguas vivas más antiguas del mundo, el arameo, y, además, son mayoritariamente católicogriegos. que servían de vivienda a los antiguos moradores. Las cruces de las numerosas iglesias destacan sobre la moderna mezquita que está en proceso de construcción y los burros aún son el único medio de transporte en algunas de las escarpadas callejuelas. El convento de Santa Tecla es el más importante de la aldea ya que aquí reposan los restos de la que es considerada una de las primeras mártires del cristianismo. Cuenta la leyenda que Santa Tecla estaba huyendo de los romanos, que le querían matar por su conversión al cristianismo, y se vio acorralada al llegar frente a la montaña. Entonces, Dios abrió un desfiladero en mitad de la roca para que la santa escapara. Este cañón, que recuerda al siq de Petra (Jordania) pero en miniatura, lleva hasta la parte alta de la montaña. A la salida del cañón descansa el monasterio de San Sergio y San Baco, donde los monjes locales producen vino tinto y dulce de primera calidad. La vía de escape de la santa es ahora un paseo mágico entre la roca. La Petra de Siria El convento de Santa Tecla es el más importante de la aldea, donde reposan los restos de la que es considerada una de las primeras mártires del cristianismo Se trata de un pueblecito de postal con casas marrones y malva que cuelgan de un acantilado. En la parte alta aún se pueden distinguir las entradas de las cuevas Instituto de arameo, cerrado En mitad de este paisaje bíblico, sembrado de vides y olivos, una pequeña placa en inglés anuncia al visitante la existencia de un centro de estudios de arameo. La puerta, sin embargo, permanece cerrada a cal y canto. Tendría que estar abierto desde el pasado 16 de noviembre comenta Nisrine, una joven de Maalula que se dedica a guiar a los visitantes por las iglesias del pueblo. La cercanía con Damasco y las pocas posibilidades académicas en esta aldea de apenas cinco mil habitantes, han hecho que los jóvenes emigren y ahora su lengua materna se encuentra en grave peligro de extinción. La contaminación del árabe es cada vez más importante y en determinados círculos sociales el arameo es considerado una lengua vulgar que no debe hablarse más que en los hogares. Debemos estudiar para conservar su versión clásica y por eso es tan importante el instituto lamenta Nisrine, quien denuncia la poca implicación de las autoridades que no permiten la enseñanza de esta lengua en los centro públicos por considerarla excesivamente minoritaria. Muy difícil de escribir, pero fácil de hablar, según los lingüistas, en estos momentos más de cien personas esperan la apertura definitiva del centro para seguir con sus estudios de esta lengua más cercana al hebreo que al árabe. No hay libros de texto y apenas unas veinte mil personas en total lo hablan en todo el país, pero el arameo sigue vivo. Por lo menos en las calles de Maalula. Casas marrones y malva colgadas de un acantilado forman la aldea de Maalula