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7 1 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Los parientes acuden al hospital para ayudar a los enfermos. A la derecha, una sala para pacientes afortunados por tener unas camas, en lugar de reposar sobre el suelo Chad Nunca enferme en Moïssalá El doctor Pardo Berdún ha tomado nota en un hospital del Chad de brutales carencias, que a veces podrían paliarse con agua y jabón. Tan poco... TEXTO Y FOTOS: JAVIER PARDO BERDÚN MÉDICO Y COOPERANTE Preparando comida junto al hospital n el sur de la República del Chad se encuentra Moïssalá, una población de unos 25.000 habitantes. La ciudad es un dédalo de calles arenosas, por donde caminan personas, gallinas y cabras, entre casas de adobe y techos de fibra vegetal, a orillas del río Ouham. Para acceder al hospital hay que recorrer una calle desnivelada, con enormes socavones productos de la última época de lluvias, llena de basura y animales. El perímetro sanitario está rodeado de una tapia, y el acceso, cerrado con una verja custodiada por un portero. Dentro, una serie de edificios de una sola planta, como barracones, alberga a los pacientes y los escasos dispositivos técnicos. La electricidad- -no hay red externa- -se obtiene con generadores de gasoil. En el exterior, decenas de personas han tendido sus esteras, han encendido hornillos de carbón vegetal o fogatas con leña, y cocinan, durmen, charlan... Son los E familiares de los pacientes. Dentro están viviendo los otros familiares, los garde malades que se ocupan de atender a sus enfermos: los cuidan, les dan de comer, les hacen compañía. A la buena de Dios A los pacientes se les ingresa en las salas sin criterio lógico: junto a una niña con meningitis, una mujer tuberculosa, un hombre con disentería; un bebé desnutrido convive con un adulto con sida No hay agua potable ni electricidad, pero en el patio se oxidan un montón de camas articuladas, un envío tan lleno de buena voluntad como de ignorancia Suciedad. Una de las enfermeras lleva junto a ella a su perro, incluso en pleno trabajo sanitario. Ya no me extraña que la totalidad de las heridas quirúrgicas se infecten y neumonía, y con un gran quemado... La suciedad del suelo es inmensa, tanto como la de las paredes; no hay mosquiteros en las ventanas- -el paludismo es endémico- y multitud de pacientes están acostados directamente sobre el suelo, encima de sacos de plástico o de rafia, sobre esteras de fibra, pero en el suelo. Los más afortunados disponen de una especie de chapa metálica con cuatro patas. Sin embargo, en el exterior, junto al bloque administrativo, se oxidan bajo los árboles una buena cantidad de camas hospitalarias articuladas, una donación europea, posiblemente hecha con buena voluntad, pero sin criterio alguno. Cuando pregunto el porqué de este despropósito, se me dice que no tienen servicio de mantenimiento y que su mecanismo es demasiado sofisticado... Entre los barracones, más basura y más cabras. Pregunto por qué hay animales en un recinto sanitario. Entran desde la calle y nadie lo puede impedir contestan con cierta impaciencia ante las continuas preguntas de los nasara (blancos) Cuando replico que hay una tapia, una puerta y un vigilante, mi interlocutor cambia de tema. Ya no me extraña que una de las enfermeras lleve siempre junto a ella a su perro, incluso en plena tarea sanitaria. Ni me sorprende ya que la totalidad de las heridas quirúrgicas se infecten en mayor o menor grado. Los enfermos tienen la piel sucia. Enferma y sucia. Sucia la ropa sobre la que se acuestan. Suciedad, suciedad... ¡Cuántas vidas se salvarían solamente con agua y jabón! Pero no hay agua corriente. Sólo un pozo, de dudosa potabilidad, donde los pacientes o sus familiares sacan agua; pero no hay donde poder lavar la ropa. Tampoco se puede lavar el cuerpo: no hay duchas. Un crédito del Banco Mundial sirvió para construir siete aseos con sus correspon-