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31 12 06 VIAJES La Habana Ciudad anciana, barroca y santera Parece que el tiempo se ha detenido en la capital cubana. Muchos de sus edificios están tan ruinosos como siempre, pero, en su limbo eterno, la ciudad preserva también intactos su magia, encanto y belleza POR CÉSAR JUSTEL l lado de la plaza de Armas, en el lugar conocido como El Templete, se alza el árbol sagrado de los cubanos: la ceiba. Es el árbol de la Virgen María y- -también- -de Changó, uno de los principales orishas (antiguas deidades traídas por los negros en su viaje forzado desde África) La ceiba se halla en el mismo lugar donde se celebró la primera misa y el primer cabildo cuando los españoles llegaron a la isla. Dicen que la ceiba concede un deseo a todos los que la rodean tres veces y siempre hay alguien- -cubanos o turistas- -dando vueltas a su alrededor. Acto tras el cual deposita en el tronco dinero u ofrendas. El otro árbol sagrado cubano es la palma, donde mora la divinidad A Changó, el que atrae a los rayos, tan frecuentes durante la estación de las lluvias. Es difícil separar la religión católica de la santería en Cuba, donde cada orisha esta representado por un santo. Así, la Caridad del Cobre (patrona de Cuba) es también Oshum, diosa de la fecundidad; la Virgen de Regla (traída desde tierras gaditanas) es Yemayá, que manda sobre ríos y lagos; la Virgen de la candelaria es Oyá, que domina los vientos; la Señora de los Desamparados es Yewá; la Virgen de la Merced, Obatalá; Santa Bárbara, Changó; San Antonio, Eleguá; y San Lázaro, Babalú Ayé, que cura las enfermedades de la piel. Las romerías a sus santuarios recuerdan las romerías españolas, sobre todo las de Galicia. Así, en la de San Lázaro, del 16 de di- ciembre, las gentes marchan de rodillas o arrastrando cadenas hasta el santuario para pedir favores. Unos se postran ante el santo y otros ante Babalú Ayé. Para la mayor parte de los devotos es el mismo. A unos quince kilómetros de La Habana se encuentra Guanabacoa- -nombre que significa lugar alto- sitio también conocido como pueblo embrujado por la santería allí reinante. Dicen que es la ciudad de Cuba donde más gallos se sacrifican. Y alberga un interesante museo de tradiciones afrocubanas. En La Habana poco ha cambiado en estos años; sólo el turismo, que ha aumentado considerablemente. Los edificios se siguen manteniendo milagrosamente en pie. Son los mismos de 1959, con ligeros retoques, al igual que los coches- -sobre todo chevrolets- -que, aunque parezca mentira, andan todavía. La parte más animada de la ciu- Las viejas limusinas de 1959 son, como el resto de la capital, un milagro de supervivencia EPA El corazón de La Habana vieja es la Plaza de Armas, donde se encuentra el Palacio que fuera residencia de los 65 capitanes generales que residieron aquí hasta 1898