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31 12 06 VIAJES Alejandría El espejismo de una leyenda La ciudad fundada por Alejandro Magno y que vio la azarosa vida de Cleopatra, el lugar que fuera el faro del saber en la antigüedad ha perdido el brillo del pasado, pero no su halo mágico y literario POR PEDRO TOUCEDA a realidad en Alejandría es difícil, porque Alejandría es, ante todo, una leyenda. Una leyenda forjada en su glorioso pasado que nació con la ciudad, fundada en el año 331 a. de C. por Alejandro Magno. Él la convirtió en la capital de Egipto y la dotó de espaciosas avenidas, esplendorosos edificios y obras insignes. Aunque el mítico Faro y la añorada Biblioteca nacieron de la mano de los primeros Ptolomeos. El Faro, considerado una de las siete maravillas del antiguo mundo, ha vuelto a brillar bajo las aguas recientemente debido a diversos descubrimientos arqueológicos. Se construyó alrededor del año 297 a. C. alcanzaba una altura de más de 120 metros y contaba con 21 plantas. Las 14 primeras tenían forma circular, las L restantes eran octogonales, y estaba rematado por una torre cilíndrica en cuyo vértice se encontraba la estatua de Poseidón, dios del mar. La Biblioteca fue la más importante de la antigüedad. Ideada por Demetrius de Falera, su primer director y bibliotecario, se cree que llegó a contar con diez grandes salas de lectura e investigación, diversos jardines, un zoológico, una sala de disección y un observatorio astronómico. Allí llegaron a guardarse hasta 700.000 rollos de papiro y en ella trabajaron los más célebres sabios de la antigüedad, como Eratóstenes, el primero en medir la circunferencia de la Tierra; Aristarco, pionero en proclamar que la Tierra gira alrededor del Sol; Hiparco, quien midió el año solar, o Arquímedes. Alejandría resultó siempre una ciudad cosmopolita, tolerante y culta donde convivieron egipcios, fenicios, griegos, romanos y, más recientemente, ingleses, franceses, italianos... De hecho, la otra cara de su leyenda está sustentada en las letras que algunos clásicos de la literatura, como Constantino Kavafis o el británico Lawrence Durrell, destilaron en sus cafés en los últimos siglos. El autor egipcio Naguib Mahfuz, único premio Nobel de Literatura en lengua árabe, describió de este modo la ciudad en una entrevista realizada para el semanario Al- Ahram Era un lugar donde italiano, griego, francés e inglés se escuchaban más que el árabe. La ciudad era hermosa, tan limpia que uno podría haber comido sobre las aceras de sus calles. En definitiva, Alejandría era una ciudad europea, pero nos pertenecía a nosotros los egipcios A la deriva Hoy, como decíamos, la realidad es difícil, pues la ciudad ya no es tan cosmopolita y, ni mucho menos, limpia, pero cuenta con el extraño encanto de las ciudades decadentes, de esas ciudades a la deriva de las que ya habló Stratis Tsirkas. Por eso, para saborear En estas aguas, junto a la fortaleza de Qaitbey, duermen el mítico Faro y otras viejas glorias de Alejandría G. CRUZ Gracias a la nueva Biblioteca Alejandrina, hoy esta ciudad, acamada en las aguas del Mediterráneo, intenta despertarse de una siesta de muchos años