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16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE NUESTROS CORRESPONSALES Roma Buenos Aires Moscú Vodka con Navidad ¡Qué diferentes estas Navidades rusas de las sombrías de la era soviética! Ahora no hay quien pare entre compras, atascos y, por supuesto, vodka. Aquí las 12 uvas se sustituyen por 12 copas POR RAFAEL MAÑUECO Bruselas París Rabat MOSCÚ RAFAEL MAÑUECO Nueva York Jerusalén Lisboa l primer síntoma en Rusia de la llegada de Navidad es el colapso total del tráfico. En Moscú se forma un gigantesco embotellamiento total que dura días. Sigue viva la creencia- -originada en épocas de escasez soviética- -de que la capital está mejor abastecida que la periferia. Ahora la diferencia no es tan enorme como antaño aunque en Moscú, claro, haya más donde elegir. Por eso, en los días precedentes a la noche de fin de año, la ciudad se ve invadida de gente de los pueblos dispuesta a comprarlo todo. Hay que conseguir ingredientes para las pantagruélicas comidas que se avecinan. Y regalos, muchos regalos, para la familia, los jefes, los compañeros de traba- L jo, el cónyuge, la novia, el amante, los amigos... Lo que se traduce en retenciones kilométricas y sin solución aparente. Todo eso desaparece como por arte de magia en la tarde de hoy, cuando todo el mundo empieza a preparar la cena y a acicalarse para la gran noche. Y es que las fiestas en Rusia comienzan precisamente hoy. El calendario ortodoxo sitúa la Navidad en el día 7 de enero, que, al caer esta vez en domingo, convierte el 8 también en fiesta. Ayer nadie trabajó por ser sábado, hoy es domingo, y, de acuerdo con una medida introducida por primera vez el año pasado, serán festivos además los días 1, 2, 3, 4, 5 y 6. De manera que los rusos comenzaron ayer unas vacaciones que durarán hasta el 9 de enero. El año pasado, las fiestas también se prolongaron 10 días, paralizaron el país y, cuando terminaron, reaparecieron las aglomeraciones con una intensidad nunca vista, sobre todo en las sucursales bancarias, a donde los jubilados acuden para cobrar sus pensiones. La gran fiesta es la noche de fin de año, en la que el objetivo principal es hacer nuevas amistades. Tras la cena de Noche Vieja, igual que en España, cada uno se va a recibir el año nuevo a su manera: a una discoteca, a casa de algún conocido, o a la Plaza Roja, en el caso de Moscú. Los rusos no toman las uvas, pero escuchan las doce campanadas para después brindar con vodka o champán. El alcohol, que ya en ese momento ha hecho estragos, corre después como un río desbordado. Según la tradición, Died Moroz el abuelo que vino del frío, equivalente ruso de Papá Noel, y su nieta Sniegúrochka (copo de nieve) reparten los regalos durante la Noche Vieja tan pronto dan las doce. Los juguetes se colocan al pie del iluminado abeto. La celebración del día de Navidad se reanudó tras la caída del comunismo y tiene, por ese motivo, menos tradición. Los que van ese día a misa no son demasiados. Para la mayoría, eso sí, es una ocasión para festejar con familiares y amigos en torno a la mesa. Por supuesto, sin que falte el vodka y los pinchitos. No hay un menú especial, pero todos los caprichos sirven para deleitarse. México Washington Berlín Atenas Londres Berlín Viena Estocolmo Tras la cena de Noche Vieja muchos rusos acuden a la Plaza Roja a acompañar con vodka las doce campanadas