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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE sión entre los alquimistas por la experimentación práctica, por la mezcla de sustancias, que darían una primera base a lo que posteriormente sería el método científico. El nombre más importante cuando se habla de alquimistas científicos es el del suizo Teofrastus Bombastus von Hohenheim (1493- 1541) quien adoptó el sobrenombre de Paracelso para subrayar que había superado a Celso, famoso médico romano del siglo I de nuestra era. Formado como médico en la Universidad de Basilea desde los dieciséis años y gran viajero por tierras de Oriente, Paracelso se enfrentó a los doctores de su época al introducir nuevos tratamientos para las heridas, como el drenaje y la antisepsia, en lugar de la extendida cauterización mediante agua hirviendo o la pura y simple amputación del miembro. Paracelso y la farmacia Aunque toda su vida fue un apasionado creyente y practicante de la astrología, Paracelso está considerado como uno de los fundadores de la farmacología y la química, que surgieron de la aplicación de prácticas alquimistas. Este suizo genial ideó, entre otras cosas, el uso de diversos metales para la curación de enfermedades, como el mercurio para la sífilis; descubrió el papel de determinadas toxinas en algunas dolencias y puso nombre al zinc, inspirándose en la palabra alemana zinke (agudo, afilado) que le sugería la forma de los cristales de este elemento. Entre sus más famosos asertos se incluye el de que todas las cosas son veneno y nada existe que carezca de veneno: sólo la dosis hace que algo no sea veneno o, en otras palabras, la dosis de una sustancia es tan importante como la naturaleza de la sustancia misma, una base fundamental de la farmacología. Caso no menos llamativo es el de Isaac Newton, quien escribió no menos de un millón de palabras sobre alquimia, aunque la Real Sociedad británica determinó que no eran aptas para ser publicadas y tuvieron que esperar hasta mediados del siglo XX para ser redescubiertas. Innumerables experimentos llevados a cabo por el mayor genio científico de todos los tiempos, sobre todo con la luz, se basaron en conceptos alquimistas. Newton creía que la luz era una sustancia única para la explicación de la realidad, ya que materializaba la palabra de Dios, tal y como sugiere la Sagrada Escritura y también la Tabla Esmeralda, base de los saberes herméticos que él tradujo al inglés. De la alquimia a la ciencia no hay más que un pequeño paso. Así imaginó el pintor David Teniers la labor del alquimista: el sabio científico en busca del sueño de transformar en oro la materia AGE Una tarea al alcance todos ¿Puede uno convertirse en alquimista en la actualidad? La respuesta es un rotundo sí y, además, el ciudadano del siglo XXI no necesita caminar por bosques umbríos para dar con el laboratorio oculto de un alquimista y convencerle de sus méritos para ser iniciado. Basta con abrir internet y echar un vistazo. Una búsqueda de cursos de alquimia en Google ofrece 358.000 entradas, seguramente la envidia de cualquier aspirante de los tiempos medievales, aunque por entonces no había que luchar contra el exceso de información. Uno de los cursos, escogido al azar, ofrece siete módulos de entre cuatro y seis meses de duración, tras cuya superación el aspirante no sólo se convierte en alquimista, sino que puede llegar a ser instructor de otros, a razón de 200 dólares por estudiante. En cuanto a la seriedad de los cursos... es algo que sólo la experiencia puede demostrar. El curso en cuestión ofrece en sus dos primeros módulos una iniciación a la filosofía de la alquimia, en la que se estudian los conceptos de este saber arcano y se espera encender en el alma del candidato el Fuego Secreto de su gnosis personal Después se pasa a enseñanzas más concretas, como el estudio de los metales y sus correspon- dencias, los alfabetos cifrados y las prácticas de laboratorio, para las que se dispone de toda la panoplia de instrumentos necesarios. En el módulo sexto, dedicado al uso de la alquimia en la vida diaria el curso adquiere un tono más cercano a la autoayuda, ya que se trata de crear su propia Piedra Filosofal, una guía con un toque mágico. Descubrirá que la salud y la riqueza son parte del oro de los alquimistas. Cuando llegue a esta etapa, empezará a manifestar el incorruptible estado de conciencia y autoconfianza que son la marca del verdadero iniciado En definitiva, parece que la alquimia moderna, más que de la piedra filosofal, trata de la búsqueda de uno mismo en nuestro confuso mundo actual.