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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE La canciller alemana ha logrado llevarse muy bien con todos los socios, con los más europeístas y con el Reino Unido, con los países del Este y con España e Italia AP Sorprenderá a Europa n Berlín, el mensaje más importante para 2007 es: Angela Merkel no es como Maggie Thatcher. En toda Europa nos hemos aficionado a compararlas. Mujeres poderosas que dirigen naciones poderosas. Dos damas de hierro que forjaron sus carreras dentro de los partidos conservadores. Ambas se declaran a favor de la economía de mercado y han impulsado sus respectivas economías nacionales, un tanto ralentizadas, con reformas liberales. Merkel, como Thatcher, se formó en las ciencias: una es física y la otra química. Y sin embargo, las dos son tan diferentes como la música de las marchas militares inglesas y una sinfonía alemana de Beethoven. A Thatcher le gustaban la pompa y los conflictos, Merkel aprecia el realismo y la armonía. Thatcher intervenía con declaraciones, Merkel con el diálogo. Thatcher tenía olfato para el miedo de los demás, Merkel sabe percibir los anhelos. Thatcher contaba con la mayoría de su partido, Merkel tiene una gran coalición. Su política económica está tan orientada a lo social, que Thatcher la tomaría por una izquierdista. Y su conservadurismo es tan moderno que Thatcher quedaría perpleja. Merkel es hija de un pastor y se crió en la comunista RDA. Con la caída del muro comenzó su liberación personal y su carrera política, vivió en carne propia episodios dramáticos y quizá por eso sea tan escéptica frente a las convicciones inamovibles (por lo pronto, ideologías) Por otra parte, se muestra abierta a cambios y E reformas. Es cualquier cosa menos una conservadora clásica. Mirándolo bien, Angela Merkel es todo lo contrario de Thatcher. También con respecto a Europa. Thatcher despreciaba a Europa; Merkel, desde que vivió personalmente la caída del muro, considera a Europa como un fenómeno muy positivo. En este aspecto es también- -y lo admite de buena gana- -una buena alumna de Kohl. Kohl le explicó en largas conversaciones la arquitectura del poder en Europa, y ambos están convencidos de la importancia histórica de la casa común europea. Los dos creen que el euro no es una moneda común, sino una cuestión de guerra y paz en Europa. Wolfram Weimer es director de la revista política Cicero de Berlín, y fue corresponsal en España Labor de mediación Por ello no es casualidad que en su primera cumbre de la UE en 2005 Merkel haya desconcertado a todos. Los jefes de Gobierno parecían no ponerse de acuerdo sobre el plan de financiación de la UE para el período de 2007 a 2013. Francia y Gran Bretaña se bloqueaban mutuamente. Y pese a que Alemania tenía los mejores argumentos para por fin aportar menos a la caja de la UE, Merkel echó mano al bolsillo y salvó a Europa con un compromiso. París y Londres se reconciliaron, ya que otra vez Alemania pagaría más. Desde entonces, Merkel pasa por ser la El conservadurismo de Angela Merkel es tan moderno que Margaret Thatcher la tomaría por una izquierdista. Bien mirado, Merkel es todo lo contrario de Thatcher verdadera mediadora de la UE. Cuando Alemania asuma la presidencia de la Unión, la UE podría mantener esta sorprendente prosperidad. Porque Merkel asumirá además la presidencia en la reunión del G- 8 y abriga la ambición de conferir a Europa una nueva voz. En este momento puede sentirse muy segura de su posición de poder en Berlín y por ello pretende proyectarse internacionalmente. Se atreve incluso a poner de nuevo en marcha el proceso de la Constitución. Su ventaja consiste en que no tiene enemigos. Mantiene buenas relaciones no sólo con los acreditados europeos de Bruselas, París o Madrid. Ha conseguido también poner a Londres de su parte y reactivar la relación con Roma, que por culpa de Berlusconi había permanecido aislada durante tanto tiempo. Como aventuran en Berlín, en estos días Merkel ha hablado más con Prodi que con su marido. También al Este está enviándole señales de un tipo de acercamiento nuevo, dado que ella ha experimentado el régimen comunista. Con Putin, a quien mira con ojos más críticos que su antecesor Gerhard Schröder, puede comunicarse con fluidez en ruso, y está sopesando un nuevo pacto de seguridad con Rusia que incluya los suministros de energía. Las posibilidades de que la integración europea adquiera una nueva dimensión son más favorables que nunca. El auge económico ha contribuido a distender la financiación. Entre las grandes naciones no hay diferencias de intereses dignas de mención. El euro, el mercado interno y la ace- leración de la convivencia diaria de los europeos han fortalecido la conciencia básica de Europa; pero ha sido la amenaza del islamismo la que ha fomentado el sentimiento de que Europa es al fin y al cabo una familia, una parentela occidental y cristiana. Esta conciencia podría ser la clave para el futuro de Europa, pero también un problema si tenemos en cuenta la cuestión de Turquía. Aquí Merkel se encuentra en una posición delicada, dado que se ha pronunciado en contra del ingreso de Turquía en la UE y ha propuesto que en lugar de eso se convierta en un socio privilegiado En cambio, sus socios de coalición, los socialdemócratas, están a favor del ingreso en la UE. Merkel espera que otros países entablen este debate, en el cual, desde la perspectiva de Berlín, corresponderá un papel preponderante a José Luis R. Zapatero. Las posiciones críticas frente al ingreso de Turquía se han fortalecido; en España es donde podría decidirse la mayoría se comenta en el entorno de Merkel. Hasta ahora se consideraba que Zapatero apoya a Turquía, pero que no es dogmático en la cuestión, es decir, que se mostraría abierto a la solución de socio privilegiado Algo similar ocurre en el caso de Ségolène Royal en Francia. También ella se distancia cada vez más del ingreso de Turquía que antes defendía. Con ocasión de las elecciones presidenciales, Nicholas Sarkozy, gran detrator del ingreso, ha hecho de la cuestión tema central de la contienda electoral. Ya podemos estar ansiosos por el resultado, ya que tras esas elecciones Europa podría verse influida por dos mujeres poderosas, Royal y Merkel. Una derechista de izquierdas y una izquierdista de derechas.