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31 12 06 EN PORTADA Europa Llega la hora de Merkel (Viene de la página anterior) en 2020. La otra presión energética viene de los precios del petróleo, del provocador poder ruso con el gas y de su abuso al incordiar a sus vecinos georgianos, ucranianos, bielorrusos o polacos. La Unión necesita volver a tener una seguridad económica, lo que en estos momentos significa ante todo seguridad energética Entre las cuestiones centrales figuran la preservación de un estilo de vida y valores europeos lo que incluye los principios de solidaridad del envidiado modelo social europeo, aun en los agresivos tiempos de la globalización. Seguridad frente al terrorismo y el crimen organizado, y estabilización de la vertiente sur del Mediterráneo. En política exterior, el Alto Representante, Javier Solana, ganará de mano alemana un mayor protagonismo. Las prioridades críticas serán Oriente Próximo y el embrollo nuclear en Irán y Corea del Norte. Y aunque Suramérica no figure entre los grandes retos, fuentes de la Cancillería indican que Merkel se propone restablecer la relevancia que habría perdido la región para la Unión. Otro tanto espera Merkel del G 8, que se reunirá en la costa balto- alemana, en Heiligendamm, del 6 al 8 de junio. Será la primera vez que el grupo de las grandes potencias es presidida por una mujer, y una por la que apenas nadie daba un euro hace dos años. La cumbre de Heiligendamm estará precedida por toda una retahíla de reuniones ministeriales, en las que se examinarán la seguridad política y económica global. El portavoz del gobierno, Thomas Steg, confirmó antes de las vaca- ciones que la canciller viajará a Washington en enero para informar al presidente Bush de los planes alemanes para el G 8. Merkel ha viajado ya dos veces a Washington y Bush la ha visitado en Alemania. La eficiencia de la cooperación trasatlántica figura siempre en su agenda. No ocurrirá el esperado relanzamiento de la Constitución europea, pero Merkel quiere dejar huella de su compromiso europeo y se propone preparar el camino a varias bandas para un consenso en torno a un tratado asumible por todos los miembros, y que no traicione a los que ya lo han votado. Todo ello sin derivar hacia un texto constitucional aguado ni tener que reabrir al completo el paquete, que se convertiría entonces en Caja de Pandora. No será una Constitución light pero sí ha adelantado Merkel su intención de aligerarla de hojarasca leguleya para concentrarse en lo esencial. La persona a cargo de este vasto programa, hija de un pastor protestante en misión en la Alemania socialista, parece equilibrada, bien humorada, sobria y determinada en su pasión por la libertad. Inmediatamente admirada por recuperar la tradición europeísta democristiana, por defender una lealtad trasatlántica tan funcional como principal, alterna la cima del mundo con los guisos en su piso, del que no se ha querido mudar. Visto su éxito exterior y su escaso margen de maniobra interior, dada la gran coalición de la que depende, corre sin embargo el riesgo de ser más admirada en los escenarios internacionales que por sus guisos. Y esto, de puertas adentro, se lo apunten los alemanes en la cuenta. Kohl, un ejemplo de liderazgo A. S. Cuando se habla de liderazgo alemán en Europa el recuerdo inevitable es para el canciller Kohl, que hizo realidad el viejo sueño de Thomas Mann de una Alemania europea en un continente unido en vez de una Europa germanizada en un continente en discordia. Los tiempos, sin embargo, no parecen estar ahora para un liderazgo como el de Kohl, que fundaba su autoridad en poner siempre el interés general europeo por encima del interés nacional. En Europa el ex canciller tomaba pocas veces la palabra. Pero cuando lo hacía era para cerrar las frecuentes tremolinas que se organizaban en el club. Y había que estar muy convencido de la razón propia o ser muy osado para contradecir al ex canciller. Consciente de su capacidad persuasiva, confesó medio en broma que Chipre jamás habría entrado en la UE si no hubiera sido porque él sucumbió a un ligero sueñecito durante la cumbre en la que se decidió la cuestión. Esa autoridad, sin embargo, se fundaba en callar muchas veces y en tener siempre en cuenta el complejo entramado de intereses entre países del norte y del sur, ricos y menos ricos, pequeños y grandes, sobre el que se asienta la Unión Europea. Hasta que llegaron las vacas flacas de la reunificación, el estilo Schröder, la defensa del interés nacional... y el liderazgo germano ya no volvió a ser posible. Chirac entre Sarkozy y Villepin. Poco puede aportar Francia a Europa hasta que sus dirigentes no resuelvan su fratricida conflicto AP