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D 7 24 12 06 Hija de Fernando Guereta, quien fuera uno de los más destacados galeristas y marchantes de arte del país, desde que era una cría vive inmersa en un mundo en el que el genio y la pura creación transitan bajo las reglas del mercado. Tras una intensa formación académica y vital, desde principios de los años 90 lleva las riendas de la madrileña Galería Guereta (estos días se cierra una gran muestra de Manolo Millares a la espera de que, en breve, se exponga obra del fotógrafo ruso Boris Savelev) desde donde está al quite de los vaivenes del negocio del arte. Un mundo tan complicado como fascinante GALERISTA Y MARCHANTE DE ARTE ISABEL GUTIÉRREZ- -El arte, ¿cuánto tiene que ver con su propio mercado? -A veces, ambas cosas no tienen mucho que ver; otras, el mercado del arte tiene mucho en común con la fantasía y con la capacidad de alguien de hacer creer a los demás que eso es importante. Hay cosas que en el futuro serán fundamentales y que hoy a nadie le importan; y hay otras que parecen imprescindibles y que en breve dejarán de serlo. -Y el comprador de arte, ¿es un verdadero entendido o un simple inversor? -Cuando a alguien le llega una determinada obra, no sólo existe el puro trámite de comprar y vender, sino que hay mucho más: la posibilidad de sentir, y eso siempre es agradable. Pero, quieras o no, ahí está el mercado y si una pieza adquiere un coste muy importante, el que lo paga, además de su satisfacción estética, tiene que pensar si su dinero vale más o menos. ¿Qué lugar ocupa en todo esto la pura anécdota? Hace unos meses, un señor de Las Vegas abrió de un codazo un agujero en un cuadro de Picasso, El sueño que acababa de subastarse por 110 millones de euros. Y... ¡menuda sensación! -El dinero siempre interesa a la gente. Si, por ejemplo, Ronald S. Lauder no hubiera pagado más de 130 millones de dólares por un retrato de Gustav Klimt, de esa obra tal vez no se habría hablado tanto. Pero es que el que compra caro piensa que siempre puede rentabilizar, dada la enorme repercusión mediática que se deriva de un desembolso semejante. Puede exhibir la obra para que masas de gente acudan contemplarla, puede realizar negocios a raíz de poseer un objeto tan valorado... -Entonces, ¿tiene todo esto algo que ver con lo que el artista sintió en el momento de crear? -Pues no, pero... Esto es algo que los judíos en Estados Unidos comprendieron rápidamente: relacionarse con la cultura sale muy rentable. GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Beatriz Guereta Relacionarse con la cultura sale rentable obra condiciona su precio más que el valor de la pieza en sí. Es importante su currículo, su trayectoria, su procedencia, su historia, si ha dado muchos tumbos por el mundo. Todo ello crea un mito. -De verdad, ¿qué condiciona la demanda? -Uf, es complicadísimo saberlo. Son tantísimos factores... Creo que, desde hace 5 ó 6 años, la gente se ha dado cuenta de que el arte es un valor más para invertir. Y luego está la coyuntura económica: hoy hay una cantidad de dinero brutal, y mucho de ese dinero viene de China, de Rusia... Ahora mismo el mercado está muy alto, aunque no encuentras obra. Hay demanda, pero no hay oferta. Y la que hay es demasiado cara. -Y usted, ¿con qué artistas se queda? ¿Para invertir o para emocionarme? Estéticamente, tengo un gusto muy ecléctico, mi mente está abierta a todo. Y en cuanto a la inversión, yo no lo haría en la obra de artistas que, con apenas 35 años, alcanzan unos precios similares a artistas de, por ejemplo, la década de los 20. Tu dinero está mejor en alguien que ya ha desaparecido: no va a producir más obra y no se va a devaluar. -Y todos esos jóvenes tan supervalorados, ¿no podrían estrellarse? -Si el artista es bueno, aunque en un momento dado se devalúe, irá para arriba. Pero hay que tener cuidado si uno se va a gastar un millón de euros por alguien que hace un año y medio valía 50.000. -Todo esto de comprar más o menos caro parece algo contagioso: uno paga en función de lo que paga el de al lado... -Sobre todo, hay que mirar la calidad de la obra y que el precio sea correcto. Pero en el mercado pasa una cosa: cuando un artista vale poco, nadie lo quiere; pero cuando vale mucho, todos lo desean. Y a veces hay que hacer lo contrario. Cuando todo el mundo lo quiere, no lo compres; compra cuando nadie lo haga. Cosas de familia Cuando era niña, en mi casa entraban y salían cuadros constantemente, y aquello me resultaba de lo más normal. Cuando mi padre murió, en 1990, y me quedé con la galería, había una gran crisis en el mundo del arte. Mi padre tenía una personalidad muy fuerte. Sus clientes eran muy importantes, pero ninguno era de mi generación. Así que, con esfuerzo, he ido tomando mi propio camino. Siempre hay una vía para hacer cosas propias Hay demanda, pero poca obra dice Guereta -En España, ¿eso mismo lo entiende alguien? -En España, salvo Alicia Koplowitz y tres más, aún cuesta entender que para una gran empresa, en términos económicos, esa relación es importante. ¿Qué hay de la peripecia existencial de una determinada obra? ¿Suma valor a la misma? -Por supuesto. A veces, el componente novelesco o épico de una SIGEFREDO