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24 12 06 VIAJES Lituania Vilna y la Colina de las Cruces Este país báltico, el secreto mejor guardado de Europa combina elegancia, historia, belleza y precios asequibles. Se prepara para ser un destino turístico de referencia en los próximos años TEXTO Y FOTOS ESTEBAN VILLAREJO tebuklas Es en el centro de la plaza de la Catedral de Vilna y su torre campanario donde los lituanos muestran con orgullo el acontecimiento histórico que rescató del olvido soviético a esta ciudad. Stebuklas Milagro puede leerse con letras de colores en una baldosa, punto final de la cadena de dos millones de personas que unió un 23 de agosto de 1989- -cincuenta aniversario del pacto Molotov- Ribbentropp- -las capitales bálticas, S Tallin (Estonia) Riga (Letonia) y Vilna (Lituania) El objetivo: la independencia. El milagro llegó, y alejado para siempre el fantasma comunista, la capital de Lituania (unos 542.000 habitantes) se asoma al prismático viajero con el brío de los nuevos tiempos- -será Capital Europea de la Cultura en 2009 junto a la ciudad austriaca de Linz- y el empuje de una ciudad en construcción que se prepara para dejar de ser el secreto mejor guardado de Europa según remarca una prestigiosa guía, y convertirse en uno de los destinos de referencia de los operadores turísticos y las compañías aéreas de bajo coste. Una nueva Praga. Elegancia, historia, belleza y precios asequibles. El terror del KGB Tiempos nuevos pero sin perder de vista los días en los que Vilna (Vilnius en lituano) fue testigo del horror europeo. Fue aquí donde Napoleón enterró a 80.000 de sus hombres tras arrasarla en su retirada de Rusia, donde su otrora rica comunidad judía- -fue considerada la Jerusalén del Norte -quedó reducida a 600 personas tras el paso de la bota nazi, y donde las represiones soviéticas quedan plasmadas en el Museo de las víctimas del genocidio de Lituania, antiguo edificio del Comité para la Seguridad del Estado soviético, el temido KGB. Para empezar, dejémonos llevar por las sinuosas calles del senamiestis o ciudad vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994, que con sus más de cuarenta iglesias de distintos estilos arquitectónicos, desde el gótico flamígero hasta el barroco pasando por el clásico, nos descubre el paso de la huella cristiana en esta tierra de profundas raíces paganas. No en vano el imponente edificio neoclásico de la catedral católica se levanta en la misma zona donde hasta el siglo XIII se dedicaba un templo a Perkunas, dios del trueno de la mitología lituana. En los aledaños de la catedral, el viajero se topa con otro de los síntomas de la modernidad que recorren Europa: las obras. Y es que los fondos de la Unión Europea han insuflado las arcas gubernamentales con millones de euros que convertidos en litas sufragan proyectos de reconstrucción y desarrollo con el objetivo de que Vilna recupere el tiempo perdido. Uno de los ejemplos, el antiguo Palacio Real, demolido en la ocupación rusa de 1795, es reconstruido con esmero ladrillo a ladrillo para que renazca de sus cenizas el 6 de julio de 2009, fecha que conmemora el milenio Iglesia de Santa Teresa en Ausros Vartu (Vilna) El casco antiguo de la capital lituana, caracterizado por su barroco y gótico flamígero, es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1994