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24 12 06 CLAVES DE ACTUALIDAD Sin piedad La herramienta del verdugo La pena de muerte aséptica, rápida e indolora no existe. EE. UU. busca un sistema limpio de ejecución. Pero basta un repaso de las alternativas para constatar que la tarea del ejecutor nunca será afable POR PEDRO RODRÍGUEZ. WASHINGTON ngel Nieves Díaz, un convicto asesino puertorriqueño ejecutado la semana pasada en Florida, es el último ejemplo de la irónica dificultad que representa la pena capital en EE. UU. a la hora de cumplir con el orden constitucional que prohíbe la aplicación de castigos crueles e inusuales. Al no serle colocada debidamente la sonda intravenosa para recibir su triple inyección letal, el reo tuvo una dolorosa agonía de 34 minutos, más del doble de lo habitual, y requirió una segunda dosis. Avergonzado, el gobernador Jeb Bush se vio obligado a ordenar una revisión a fondo de la pena de muerte en Florida. Una decisión que coincide con una moratoria similar en California por parte de un magistrado federal que dictaminó que las actuales y chapuceras prácticas de inyección letal pueden generar un dolor inaceptable. Claro que un repaso al catálogo de alternativas disponibles no Á ofrece muchas garantías de encontrar soluciones humanitarias Baste una ojeada. El garrote Una tétrica historia Con una prolija inventiva, la historia de la humanidad presenta un despliegue casi enciclopédico sobre los métodos utilizados para aplicar sentencias de muerte. Desde la cicuta clásica hasta el ibérico garrote vil pasando por la revolucionaria guillotina. Sin olvidar toda clase de desmembramientos, las bíblicas crucifixiones, la hoguera, enterramientos en vida, aplastamientos, apedreamientos, empalamientos, e incluso la utilización de animales exóticos y letales. Todos desechados por bárbaros y cruentos. La horca Una larga agonía Aunque hasta el final del siglo XIX fue el método primario de ejecución en Estados Unidos, el ahorcamiento figura ahora como una alternativa marginal. Para evitar la posibilidad de largas agonías o decapitaciones, el reo debe ser pesado y medido para determinar la distancia óptima de caída en el patíbulo que asegure un rápido desenlace. De acuerdo con las directrices establecidas, la soga de cáñamo utilizada, de unos tres centímetros de diámetro y nueve metros de largo, debe ser hervida y estirada para reducir elasticidades. De igual manera, el nudo debe ser lubricado para facilitar su ajuste al cuello del reo. En condiciones ideales, el propio peso del reo debería provocar una rápida y fulminante fractura del cuello. Pero en la práctica, ese objetivo no siempre se alcanza por diversas razones, desde la posición del lazo hasta la anatomía del ejecutado. De no lograrse el fulminante resultado buscado, el preso muere tras un largo proceso de asfixia con la cara hinchada, la lengua y los ojos fuera de lugar, defecación involuntaria y contorsiones violentas. Estos Esta foto de un fusilamiento en Irán fue premio Pulitzer en 1980. Pero sólo ahora se ha sabido quién fue su autor AP La descripción de las diversas variedades de ejecución no es un ejercicio para morbosos, sino el reconocimiento de cuánta minuciosa crueldad va implícita en la pena de muerte