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24 12 06 CLAVES DE ACTUALIDAD Amanecer en Abéché, capital de los abasidas y del antiguo sultanato de Ouddai, al este de Chad (Viene de la página anterior) Risa negra Un enigma africano enfermedad sólo se cura con austeridad. La receta se encuentra en el sur. Es un gran remedio que nos sale gratis, porque no se elabora en los grandes laboratorios, sino en las despensas del espíritu. ¿Quiere esto decir que la pobreza es un bien? No, y menos cuando se padece por una injusta distribución de los bienes y no por voluntad propia. Es incuestionable que no sólo de pan vive el hombre. Tener más, a costa de ser menos, es una trampa que tapona los manantiales de la felicidad verdadera González Calvo recordó el año pasado el centenario de Emmanuel Mounier, filósofo católico francés, que en 1947 publicó El despertar del África negra donde dice: El primer drama de África es su retraso en las líneas de salida, en la lucha mundial contra la miseria Páginas atrás, el primer día en Senegal, anota: ¿Qué llama la atención al europeo, en seguida, sin pensar, al abrir por primera vez sus ojos y sus postigos sobre África? Un pueblo alegre, madrugador. Tan sólo los ojos son- ¿qué son? -diríamos tristes, ausentes, a veces lastimosos y vivos a un tiempo. ¡Sin duda tanta contradicción! A Carmen Garrigós la conocí en Somalia. Ahora lleva años trabajando con Unicef en Casamance, al sur de Senegal. Se detiene en tres rasgos que los africanos practican más que los de otras latitudes Amabilidad su cultura les prepara a ser amable con el extranjero compartir cuando abandonan el pecho de su madre, empiezan a utilizar el verbo compartir a través de un paellero donde comen todos, y cada uno se asegura de que no ha abusado del verbo codiciar y sonrisa sonríen porque ante todo lo negro de la vida, enseñan la blancura de sus dientes Acerca de La sonrisa escribe en su libro Mirar a lo lejos (66 escritos sobre la felicidad) el filósofo francés Alain, maestro de Simone Weil (la pensadora que solía ponerse, literalmente, en el lugar del otro: por eso se empleó de fresadora y vivió con el salario de un obrero, o, de niña, dejó de tomar azúcar porque los soldados franceses de la Gran Guerra no tenían) Quisiera decir sobre el mal humor que no es menos causa que efecto; me inclinaría incluso a pensar que la mayoría de nuestras enfermedades son el resultado de un olvido de cortesía, es decir, de una violencia del cuerpo humano sobre sí mismo Espectadores de la existencia Gonzalo Sánchez- Terán trabaja para el Servicio Jesuita a Refugiados (no es un religioso) en África Occidental: Soy poco romántico con respecto a la felicidad africana: yo veo miseria a manos llenas y mujeres dobladas por el esfuerzo y jóvenes con el futuro amputado y hombres como charcos de necesidad. También veo a niños sonriendo a mansalva, pero no olvido que se convertirán, si nada cambia, en mujeres y hombres como sus padres. No hay nada poéti- Su esperanza de vida es la más corta, ganan los salarios más bajos y sufren algunos de los peores gobiernos del planeta, pero los africanos son los más optimistas del mundo No hay nada poético en la pobreza, no hay una épica de la superación: nace, se nutre y muere en la injusticia y no sostengo más reflexión que la urgencia de justicia co o hermoso en la pobreza extrema, no hay una épica de la superación o la solidaridad: nace, se nutre y muere en la injusticia, y no sostengo más reflexión que la urgencia de justicia. Pero es cierto, hay más: la alegría. No sé cómo explicarlo, en Europa nos sentamos a que nos diviertan o nos emocionen desde pantallas, extrañamente somos destinatarios de nuestra propia alegría. Aquí la alegría nace de dentro, no te la trae nadie, se fabrica en el corazón y se comparte a borbotones. En el norte importamos la risa, aquí se cultiva en el alma, como se cultivan los arrozales. Lo ves en cada milímetro de vida: en las conversaciones, en el baile, en todas partes. Las implicaciones de esto son raigales: en Europa no vivimos en primera persona, nos han echado encima la risa hecha por los otros, los productos hechos por los otros, los complejos pensados por los otros; somos espectadores de la existencia. Aquí, con todo el dolor, la podredumbre, la ignorancia, las carcajadas y el acompañamiento se viven en primera persona, la vida sale de uno, la labra uno a golpes y caricias, porque nadie vendrá a darte la vida que no vivas. Y de este big bang individual nace la necesidad de acercarse a los otros, de expandirse y tocarse y protegerse con los otros, porque no hay otro referente que el ser humano. Aquí no existen la soledad y el aislamiento como los entendemos en Europa porque ser es ser entre los demás: no hay otra opción. Lo repito, no veo epifanías africanas de amor y solidaridad frente a los materialistas y egoístas blancos, pero sí hay una fuerza en los corazones y las sociedades, un saberse juntos y en esa trabazón hallar el nudo de la vida, que ojalá aprendiéramos en el norte