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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE dad que cualquier otro pueblo de enterrar a sus hijos antes de los cinco años, de contagiarse de sida, de morir de malaria o tuberculosis, y de necesitar ayuda alimenticia y sin embargo, una encuesta reciente constata que los africanos son los más optimistas del globo. Lydia Polgreen, periodista del diario neoyorquino, lo ha visto con los mismos ojos que este reportero: Cada día vivido aquí, cada nacimiento, boda, graduación, salida y puesta de sol es, en mayor o menor medida, un triunfo diario de la esperanza sobre la experiencia En ese florecimiento de la esperanza juega un papel nada desdeñable la religión, no en vano África es, junto a EE. UU. la región más religiosa del mundo. La miseria brutal que les carcome no se recibe con estoicismo dice Polgreen, sino con una fe inquebrantable en un futuro desconocido El filósofo francés André Comte- Sponville se plantea en La felicidad, desesperadamente qué mayor felicidad que vivir sin esperar nada, en la pura desesperación: ¿Renunciar a la felicidad? Es la única forma de vivirla: ¡dejar de esperarla! ¿Radica en esa aparente paradoja el misterio de la risa negra? Estoicismo sin rebeldía Aurelio Sanjuan, padre blanco que lleva más de 40 años dedicado a África, responde desde Bukavu, al este del Congo, uno de los países potencialmente más ricos del mundo, pero donde el saqueo y la injusticia han echado raíces: El africano vive el día a día y está feliz con lo que tiene hoy sin pensar en mañana. Acepta fácilmente, con resignación, las dificultades de la vida: la enfermedad, la pobreza, la muerte. Hay en él una pasividad que contrasta con la agresividad, la rebeldía del europeo Una rebeldía que Albert Camus reclamaba para ser humanos: negarse a aceptar el absurdo y la injusticia, aunque sea contra toda esperanza. Pero dejemos que hable ese padre blanco que hace unos meses me decía mientras atravesábamos la noche junto al lago Kivu que es Dios quien nos necesita: El africano no vive solo, vive en sociedad, en el clan; el clan es su familia. Hay una solidaridad entre ellos que no existe entre nosotros. Es una solidaridad interesada; se ayudan para ser ayudados. El africano es un hombre muy espiritual. Dios es todo, y es una parte esencial de su vida. Dios da sentido a la enfermedad, la muerte, el sufrimiento... Para mí es una de las causas de esa felicidad, su apertura a Dios. El hombre sin esa apertura al más allá está condenado al fracaso, a ser el más desgraciado de los animales, porque es un ser racional Aplastados por la carga, no sonríen estos niños del oriente congoleño de abnegación; pero también del egoísmo, del sálvese quien pueda Admiré, sin embargo, la fuerza de la vida frente a la destrucción. ¡Qué mujeres más extraordinarias! Cuando todo se derrumba, siguen en pie. Mi chófer en los campos me dijo que iba a tener un hijo. Le hice ver que era un irresponsable, que pronto tendría que huir con la criatura (como así fue) en brazos... Me contestó con un proverbio: Frente a la muerte sólo vale parir Esta apuesta me descolocó. En fin, las risas, las cervezas, los bailes... con los que conviví casi un año (y me sigo preguntando de qué profundidades anímicas podían emerger; quizás de la necesidad de vivir el momento sin que el futuro lo contamine con su negrura) no logran sobreponerse a los rostros tristes y a las miradas angustiadas Unas palabras que remiten a otras de Michela Wrong: Me sentí abrumada de golpe por este sentimiento de desaprovechamiento trágico, de potencial inutilizado, que tan a menudo le entra a una al pensar en África Otro africanista empedernido- -le puso África a su hija- -es el redactor jefe de la revista Mundo Negro Gerardo González Calvo. Bajo el epígrafe tener menos para ser más más escribe: El contacto con la pobreza ha descolocado a muchas personas que viven en los países ricos. Katrin Rohde nació en Hamburgo en 1948. Se hizo con varias librerías en Alemania. En un viaje a África se replanteó su vida. La puntilla se la dio un joven musulmán burkinés, cuando le espetó: Los pobres están ahí para enseñarte algo Menos es más Rohde volvió a Alemania, vendió todo lo que tenía y se instaló en Burkina Faso. Dice en su libro Madre tierra Había acumulado demasiadas cosas que no necesitaba. No quería tener más, sino menos Cuando estaba terminando de leer este libro entrevisté a Stanislas Kaburungu, obispo emérito de Ngozi (Burundi) Le pregunté qué podía dar África a Europa y respondió: Su pobreza. Y con ella un espíritu profundamente humano y religioso Katrin Rohde encontró en África dos cosas: el amor al prójimo (dedica su vida a atender a niños de la calle) y la fe (se hizo musulmana) La vida y la madurez humana fluyen a chorros por las calles africanas. Incluso en medio de la pobreza. Lo he palpado en los musseques de Luanda. Es incuestionable que tenemos la obligación de acabar con la pobreza, no sólo en África. Más que con ayuda, con justicia. El norte padece sobredosis de bienestar. Esta (Pasa a la página siguiente) Un campesino pasa con su carga ante el campo de refugiados de Djabal Uno de los que mejor conocen la región de los Grandes Lagos, Ramón Arozarena, asistió este año a las primeras elecciones democráticas que Congo- Kinshasa celebra en cuatro décadas. Recuerda como una de las etapas más felices de su vida los años que pasó en Ruanda, cuando no tenía nada o apenas nada. Eran años de esperanzas, de esfuerzos y expectativas de progreso En 1995 estuve el año entero en Goma, tratando de organizar escuelas en los campos de refugiados. Fue una experiencia muy dura, un puñetazo en el hígado que me dejó temblando. Vi el sufrimiento, el abandono... esa miseria que hace miserables a los hombres; que les arrebata la dignidad. Claro que fui testigo de solidaridad,