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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura Volver, y una de dragones omo muchos suponíamos y esperábamos, la película Volver de Pedro Almodóvar, y la coproducción hispanomexicana El laberinto del fauno de Guillermo del Toro, consiguieron la candidatura al mejor filme en lengua extranjera en esta edición de los Globos de Oro. También Penélope Cruz opta a premio, como mejor actriz, lo que significa un nuevo reconocimiento al cine español, y un peldaño necesario en la escalada de los picos de los Oscar. Gane quien gane, será un refrendo de la cultura en castellano y su lugar en el mundo. Pero, sin duda, la sensación de estas fiestas será la película fantástica Eragon adaptación de la novela del jovencísimo escritor estadounidense Christopher Paolini, de 21 años, magníficamente editada en España por la editorial Roca, autor que comenzó a escribir esta obra con sólo 15. No es nuevo el auge de esta literatura de fantasía épica aunque muchos siguen considerándola menor, que hunde sus raíces en tradiciones como la literatura artúrica, con tantos seguidores y autores, directos o tangenciales, como los reputados Lugones, Borges, o Cunqueiro, por no hablar en nuestros días de la maravillosa Matute o el amigo Luis Alberto de Cuenca. A pesar de su juventud, Paolini demuestra grandes dotes narrativas, buen gusto literario y una cabeza bien amueblada cuando afirma que: No hay nada comparable a poner palabras en una página y saber que van a provocar ciertas emociones y reacciones en el lector y asegura, su voluntad de encontrar, en su escritura, una belleza lírica a medio camino entre el mejor Tolkien y la traducción de Beowulf de Seamus Heaney Un autor singular cuya lite- C ratura ha reconocido The New York Times como un trabajo de gran talento Más miedo que los dragones me dan a mi los sucesos acaecidos en cierta editorial. Si hace unas semanas alabábamos el buen hacer de la editorial Espasa, relanzando la colección Austral que cumplía su setenta aniversario, gracias al sabio esfuerzo de su editora, Nuria Esteban, valiéndole el reconocimiento de muchos y en particular el Premio Nacional al Fomento de la Lectura de este año, nos hemos quedado tiritando al saber que en pago de tan excelente trabajo Espasa la ha despedido una semana después de ser premiada. El prolegómeno fue la expulsión de Antonio Rivero, quien propició una de las mejores Casas del Libro, que pertenecen a la editorial, la de Sevilla, con una nutrida e interesante programación cultural, además de otras diez personas de una profesionalidad más que encomiable, como en el caso de la editora de ficción Mercedes Castro, una de las mejores editoras que hay en este país. Va a tener razón el crítico Manuel Rodríguez Rivero, que conoce bien esa casa, cuando decía en las páginas de este diario: Esa editorial que se llama Espasa y que, a ese paso, quizás termine conociéndose como Ex- pasa y más adelante, la mayor lealtad de los trabajadores hacia sí mismos es que, al final de cada jornada se acuerden de introducir en sus pen drivers sus datos y llevárselos a casa porque está claro que trabajar bien por ella cuesta caro. Resulta que las dos editoras citadas estaban, una, con reducción de horario por maternidad, la otra, embarazada de cinco meses. Quiero pensar que es una torpeza de la nueva directora general de Espasa, Ana Rosa Semprún, y su equipo, porque no casa mucho con la Ley de Conciliación de la Vida Laboral y Familiar. Me cuesta creer que el Señor José Manuel Lara estuviese al corriente, o gente tan humana, profesional y amiga como Ana Gavín o Adolfo García Ortega- -en México cuando sucede esto- -estén de acuerdo, por no decir que Espasa ha tenido siempre mucha independencia a pesar de pertenecer al grupo Planeta. Esperemos que el prestigio de Espasa no resulte dañado, hay que recordar que el gran logro de la Semprún es crear la colección rosa Manderley, no sea que nos encontremos junto a Ortega y Gasset las obras completas de Corín Tellado, o la biografía de Fofó, que son muy respetables, pero tienen otros sellos más propicios. Menos mal que algunas novelas tienen corazón, lema de la colección romántica Manderley, porque hay editoriales que no tienen ni entrañas. JESÚS GARCÍA Economía El búnker europeo uando Pepsico asomó la oreja por el estrecho de Calais y se rumoreó la posibilidad de comprar Danone, el Gobierno francés estuvo a punto de nacionalizar el yogurt. La banca pública apretó filas y esperaba el toque de silbato. El caso es que Danone tiene un 95 de su capital en Bolsa. Francia es de hecho un mercado cerrado a cal y canto por su Ejecutivo a los inversores foráneos. Al menos en todo aquello que consideran estratégico. El criterio, como ocurre con una gran parte de los gobiernos europeos, es discrecional. Las ínfulas de proteccionismo empresarial están convirtiendo a Europa en un búnker que sólo respira por las islas británicas, donde los españoles salen de compras como quien va a unos grandes almacenes, aunque con un zurrón de libras bajo el brazo. La última, Iberdrola que quiere comprar Scottish amistosamente aunque se le ha colado de rondón el Santander que ha comprado un 1,6 de la británica para clientes ¿Constructores? Antes Santander adquirió Abbey, Telefónica compró O2 y Ferrovial el gestor de aeropuertos británicos BAA. Son sólo algunas de las grandes transacciones que se plantean, se pactan y se cierran. Botín, Alierta, los del Pino, Sánchez Galán viajan a la City sin necesidad de salvoconductos gubernamentales. No es el baremo habitual en Europa, pese a la supuesta libre circulación de capitales existente. Y si Francia es bastión de nacionalismo empresarial recurrente en Italia los mercados tienen un cocinero político. Ha sido en esta ocasión el archiconocido ex juez de manos limpias, Antonio Di Pietro, ahora ministro de Infraestructuras, el ejecutor del bombardeo calculado a C la posible fusión entre Abertis, participada por La Caixa y por ACS, y Autostrade, cuyo principal accionista es la familia Benetton. Era un acuerdo pactado para crear la mayor empresa del mundo, un gigante valorado en 48.000 millones de euros. Ha sido el Gobierno del ex presidente de la Comisión, Romano Prodi, un liberal en toda regla cuando estaba en el seno de Europa, el que ha puesto todas las trabas- -incluso una nueva norma para las concesiones- -para evitar la transacción que quedó varada sine die. No gustaba en Italia que la sede del gigante pudiera estar en España y, acogidos a unos 2.000 millones de euros de inversiones pendientes de Autostrade, se ha hecho el embroglio. Ha sido un poquito menos descarado que en el caso de BBVA con BNL en el que Francisco González fue pasado por la túrmix del último gobernador vitalicio del Banco de Italia, Antonio Di Fazzio, cesado tras un escándalo salpicado de escuchas telefónicas que supuestamente le relacionaban con un consejero de uno de los bancos dispuestos, repentinamente, a torpedear la fusión bancaria. Finalmente les robaron la cartera a los de González y entró la BNP. Todo un episodio de saber hacer al estilo bussiness conection La negativa del amigo Prodi y los suyos ha culminado un annus horribilis para La Caixa y sobre todo para Isidre Faine y Salvador Alemany, que habían puesto a dorar la pizza en el horno y una mano pulite les chamuscó la autopista. Decía Napoleón que no había que fiarse de los italianos que inician la guerra en un bando y la terminan en otro. Aunque no hay que olvidar el origen galo de Bonaparte. Medicina similar, aunque con matices, está sufriendo E. On en España, cuyo Gobierno le dio potestades a la CNE para vetar la fusión, hasta que cambió al buen rollito y empezó a hablar de un final feliz en aquella reunión del vino bávaro y ZP con Merkel. Desde entonces se eliminaron las condiciones esenciales a la fusión, aunque sigue abierto el litigio con Europa. Bien es cierto que anteriores gobiernos alemanes con sus ayudas y buen hacer crearon un gigante energético con capacidad para asustar a otras empresas privadas. Europa se construye a retazos, avanza en la moneda, pero los políticos se niegan a perder el poder de influencia sobre las empresas y se saltan con maestría los principios básicos sobre los que se fundamentó la Unión. Si alguien quiere comprar, se tiene que ir a las islas. Que le pregunten entonces a los británicos si quieren ser europeos.