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17 12 06 OPINIÓN TIRA Y AFLOJA Por César Oroz PILAR CERNUDA Política Memoria ara Memoria, la que dejará Loyola, de la que todos recuerdan su coraje, su valor, su energía, su fortaleza y su cabeza política, sin destacar que era una mujer llena de encanto personal, con sentido del humor, amiga de sus amigos, detallista, muy cálida de trato. El cáncer está haciendo estragos en la vida política española, no hay derecho. Se suceden las malas noticias, las noticias nefastas, y la muerte de Loyola nos ha dejado aún más hundidos en unos tiempos en los que no son muchas las ocasiones de alegría y celebración, aunque las calles resplandezcan de luces, se sucedan las copas de Navidad en las que se intercambian felicitaciones y sonrisas, y nos veamos inundados de christmas con palabras llenas de buena voluntad. Para Memoria, la que dejará Loyola y el puñado de políticos que ya no están entre nosotros y que en su momento dignificaron la palabra política, hoy denostada porque los que ejercen su trabajo anteponiendo sus intereses a los intereses generales no conocen el significado de la palabra generosidad, tampoco saben mucho de lealtades y sí de oportunismo, y tienen que buscar responsabilidad en el diccionario cada vez que alguien pronuncia el vocablo. Este gobierno se empeña ahora en hacernos creer que la Ley de la Memoria Histórica viene a poner justicia donde no la había. No es cierto, ya está bien de hacernos comulgar con ruedas de molino. Hace tiempo que se pusieron las bases para que los perdedores recuperaran los derechos perdidos, pisaran fuerte y recibieran los honores que les habían arrebatado. Si quedaban situaciones por resolver, que quedaban, existían los elementos suficientes para dictar normas con las soluciones pre- P cisas. Pero esta Ley que se ha sacado Zapatero de la manga y que Fernández de la Vega ha intentado suavizar con sentido común aunque algunos artículos eran imposibles de suavizar, ha traído nuevamente amargura, pesadillas y confrontación. Nunca hasta ahora había sabido de las historias familiares de amigos y conocidos; el mismo día que la Ley se debatía en el Congreso, uno de esos amigos me contó Fernández de la Vega intentó suavizar la Ley de la Memoria Histórica JAIME GARCÍA cómo el cadáver de su abuelo había sido enviado a casa hecho trozos. Un abuelo que no estaba en política. Pero así fue- -de terrible- -la guerra civil. Con atrocidades en los dos bandos, aunque es cierto que durante el franquismo daban a entender que sólo los rojos eran los malos. Los gobernantes de la Transición hicieron Justicia, pero a Zapatero le gusta enmendar la plana a sus antecesores, llámense Aznar o Felipe González. Qué cruz. Pocas novedades en el llamado proceso, estamos en lo que estamos desde hace semanas, con la situación en standby como dicen los cursis, con los batasunos lanzando sus diatribas habituales, y a la espera de un comunicado de ETA que al parecer se hará público antes de fin de año. En el PSOE llevan dos o tres días sin echar al PP la culpa de la situación, menos mal que empiezan a encarar el asunto con una mínima cordura; la estrategia de acusar al PP del fracaso de la negociación no sólo no se tenía en pie, sino que empezaba a tener efecto boomerang, la gente tiene más cabeza de lo que piensan algunos socialistas y sabe perfectamente dónde están los fallos de la gestión de este proceso. Si no sale bien es porque ETA no está dispuesta a ceder ni un milímetro; ese es el quid de la cuestión, lo que ocurre es que algunos socialistas han necesitado ocho meses de tiempo para advertir que las cosas en la banda no son como se las habían pintado, y que Josu Ternera no manda lo que dice que manda ni defiende lo que otros jefes de ETA defienden. Lo que deseamos todos es que no acierten los agoreros, que los hay: que no acierten, porque lo que cuentan es que pintan bastos.