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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE Infancia ultrajada: Una niña somalí sometida a la mutilación genital AP Variedades Sunna. La menos grave. Es practicada por los musulmanes y consiste en la eliminación del prepucio del clítoris. Escisión. La más popular. Es practicada en el 85 por ciento de los casos de ablación y supone el corte del clítoris con una eliminación total o parcial de los labios menores. Infibulación. La más atroz. Consiste en la eliminación del clítoris, de los labios menores y en la costura de los labios mayores dejando un pequeño orificio que apenas deja paso a la orina y a la menstruación, y que será descosido en la noche de bodas o momentos antes del parto. En ocasiones es el propio marido quien se encargará de hacerlo utilizando como única fuerza su propia virilidad. Esta espeluznante forma de ablación es practicada todavía hoy sobre el 15 por ciento de las mujeres mutiladas en países como Egipto, Sudán, Etiopía, Yibuti y Eritrea. Esta escisora confiesa haber mutilado a más de mil senegalesas A pesar de que las creencias populares justifican la mutilación como una imposición islámica, el Corán no hace ninguna referencia a esta práctica que ya se practicaba antes de la llegada del Islam. Lo que guía a quienes asumen esta barbaridad son supersticiones como la que dice que el contacto entre el recién nacido y el clítoris de la madre durante el parto condenará al bebé a la maldición o a la muerte, o la de que la mutilación y su consecuente atenuación del deseo sexual es la única vía para asegurar la fidelidad de una mujer y su virginidad anAP tes del matrimonio. Y hay también quienes ven en la mutilación la única forma de encontrar marido para su hija y cobrar así una suculenta dote. Las niñas que se niegan a pasar por el aro pagan un alto precio. Se las considera indecentes una vergüenza para la familia; algunas son expulsadas, y ya sólo les queda la prostitución como modo de vida. Ante este panorama, la mayoría se resigna aun a sabiendas de que tras la mutilación viene un matrimonio forzado, la sumisión al marido, las violaciones, los embarazos no desea- dos, la poligamia y un sinfín de humillaciones. La ablación se practica en 28 países africanos y se extiende por Indonesia, la península arábiga, y varios países de acogida de inmigrantes. En Europa no faltan las escisoras, remuneradas por ejercer esa siniestra profesión La alarma saltó en Europa en 1982 cuando murió en Francia una pequeña de origen maliense de tres meses. Hoy la mayoría de los Estados de la UE castiga la con penas pecuniarias y de cárcel la mutilación realizada tanto dentro como fuera de su territorio. Según un informe de la Universidad Autónoma de Barcelona, los primeros casos en España fueron denunciados en Cataluña en 1993. Diez años más tarde, el 1 de octubre de 2003, entraba en vigor la ley que prohíbe la escisión y la infibulación en España; el año pasado el texto fue completado con una proposición de ley que la penaliza también cuando es practicada fuera de España en niñas con nacionalidad española. También en África se han dado algunos pasos. En 2003 la Unión Africana adoptó el protocolo de Maputo en el que se reconocen los derechos de la mujer y se prohíbe la mutilación, aunque los propios países que los ratificaron actúan a veces al margen del mismo. La experiencia de quienes han sufrido la mutilación apunta en una misma dirección cuando se les pregunta por la vía para erradicar esta práctica: la educación. La prohibición de pensar hubiera sido para mí peor que la mutilación física afirma Jady Koita, a quien la educación que recibió en Senegal y aprender francés le permitió encontrar un trabajo en París, independizarse de su marido y sacar adelante a sus cuatro hijos con la comunidad africana parisina en su contra. ¿Por qué existe la mutilación? ¿Por qué sólo en algunos rincones del planeta? ¿Por qué tengo que aceptar las violaciones y palizas de una persona con la que me casaron sin preguntarme? La ilógica respuesta que Jady encontró a todas las preguntas que empezó a formularse le empujaron a seguir leyendo, a querer escapar y a luchar en nombre de todas aquellas mujeres que soportaban las mismas atrocidades, hasta que se ha convertido en uno de los pilares de la organización GAMS Francia y ha hecho de la militancia su profesión.