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17 12 06 CLAVES DE ACTUALIDAD Ablación La tiranía de la superstición Justifican esta barbaridad por el Islam, pero lo cierto es que el Corán no aconseja una práctica que sólo se basa en supercherías POR LAURA VILLENA ienen entre 4 y 14 años, a veces incluso menos. Apenas conocen su cuerpo, y su inocencia todavía no les hace preguntarse qué es y para qué sirve esa minúscula parte de su físico que las mujeres de su casta califican de diabólica y que no tardará mucho en desaparecer para siempre dejando una huella imborrable. Se calcula que una de cada tres mujeres africanas, en total 130 millones, han sido sometidas a la mutilación genital, la mayoría en su país de origen y otras muchas en Europa. El Viejo Continente, donde sólo han sido denunciados algunos de los numerosos casos de ablación sobre criaturas, lucha todavía por salvar a estas víctimas de la superstición. Dos mujeres me metieron en una habitación. Me temblaba el cuerpo. Una de ellas me sujetó la cabeza mientras aplastaba mis hombros con sus rodillas para que no me moviese. La otra me abría las piernas y una tercera sostenía en la mano una cuchilla de afeitar. Tiró con sus dedos de esa mínima parte de mi cuerpo y cortó repetidas veces. Aún me retumban en los oídos mis propios gritos Es el testimonio de Jady Koita, una hermosa senegalesa de 46 años afincada en Bruselas que refleja en su gesto las marcas del dolor físico y psicológico que la mutilación y las humillaciones de su matrimonio forzado le dejaron cuando apenas era una niña, y que le han servido de trampolín para convertirse en la ferviente militante contra la mutilación genital femenina que es hoy. Como las demás mujeres que han pasado por su experiencia, prefiere no hablar del pasado que ya narra sin reservas en su libro Mutilée (Mutilada) Tenía siete años cuando su abuela le anunció en soniké, su lengua materna, que iba a ser purificada para po- T der rezar. Durante varios días no pudo parar de llorar. Era como si me hubiesen cortado de la cintura hacia abajo. Sentía un vacío total. Tampoco era capaz de comprender el por qué de esa violencia hacia mi cuerpo de niña. ¿Por qué me castigaban? se preguntaba. Se calcula que dos millones de niñas africanas pasan cada año por el mismo tormento. Algunas no sobreviven. Ancianas- -barberas y parteras- -se arman de rudimentarios instrumentos como una cuchilla o un trozo de cristal sin desinfectar para encargarse de la mutilación. El temblor de las pequeñas al ver que el utensilio cortante se acerca sacude su cuerpo con tanta agresividad, que obliga a varias mujeres a sujetar sus extremidades y les llegan a fracturar brazos y piernas en ocasiones. Problemas de por vida Cada una de las formas de mutilación clasificadas por la Organización Mundial de la Salud tiene consecuencias para toda la vida. Infecciones, retenciones, lesiones de los órganos vecinos, dificultades urinarias y menstruales, incontinencias, problemas y dolores en el embarazo, el parto y las relaciones sexuales, riesgo de transmisión del sida o esterilidad son las complicaciones más frecuentes. Jadidja Diallo, senegalesa y víctima de la mutilación, trabaja desde hace diez años como voluntaria en la prevención y ayuda a las víctimas en la organización GAMS (Grupo de Mujeres para la Abolición de las Mutilaciones Sexuales) de Bélgica, y describe indignada el caso más duro que Una de cada tres mujeres africanas- -130 millones en total- -han sido sometidas a la mutilación genital, la mayoría en su país de origen y otras muchas en Europa ha tratado: el de una joven somalí infibulada que acudió a GAMS en busca de asilo. ¡Tenía los labios completamente cosidos! exclama. La joven había orinado y expulsado su menstruación a fuerza de hacer presión sobre su vientre durante toda su vida Tras convencerla para que se operase, la ira de su hermano fue tal, que se la llevó a los Países Bajos para recoserla. La he buscado por todas partes, pero nunca supe nada más de ella dice Jadidja, a quien, desde que emprendió la búsqueda, llaman Madame flic (Señora policía)