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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE NUESTROS CORRESPONSALES Roma Buenos Aires Pekín El timo del té Atractivas muchachas convencen a los solitarios turistas que visitan Tiananmen para presenciar la ceremonia del té, donde les aguarda un truco tan monumental como la Ciudad Prohibida TEXTO Y FOTO: PABLO DÍEZ Bruselas París Rabat Nueva York Jerusalén Lisboa México Washington Berlín Atenas Londres Berlín PEKÍN PABLO DÍEZ Viena Estocolmo a reciente visita de un amigo a Pekín me ha permitido descubrir que, por mucho que cambie esta megalópolis inmersa en obras antes de los Juegos Olímpicos de 2008, hay cosas que permanecen inmutables. Una de ellas es el cuento chino del té: un timo en el que tanto mi huésped como yo picamos en nuestro primer día de turismo en la Ciudad Prohibida. A mí me ocurrió al llegar a la capital del dragón rojo hace dos años, mientras que a él le acaba de pasar hace unos días. Y es que aunque el gigante asiático es uno de los países más seguros del mundo, un cuarto de siglo de milagro económico capitalista no sólo ha traído los mayores índices de crecimiento del planeta, sino también una sobresaliente picaresca a este pueblo que, por lo demás, es muy decente, amistoso y bastante ingenuo. Pero es que siempre hay excepciones que confirman la regla. Es el caso de esas parejitas de atractivas y simpáticas muchachas que pasean por la plaza de Tiananmen y que, de manera inocente, se acercan a los turistas, preferentemente varones que viajan solos, para entablar conversación con la excusa de practicar el inglés o, en ocasiones, incluso el español. Entre risas coquetas, las chicas aseguran ser enfermeras o profesoras que trabajan o están de vacaciones en Pekín y se ofrecen a acompañar al visitante por los rincones más encantadores de los hutongs los viejos y estrechos callejones del centro de la ciudad. Tras invitar al turista a un barato y típico restaurante para comer hot pot una deliciosa fondue de agua hirviendo donde se cuece todo tipo de carne y vegetales, las muchachas proponen ir a un salón de té de la calle Da Shalan, cerca de la puerta de Qianmen y a escasos metros del mausoleo de Mao Zedong. Y ahí, en locales como Lu Yu L Quan, tiene lugar el timo. Tras presenciar durante una hora la laboriosa ceremonia del té a cargo de una esforzada camarera, que hace todo tipo de malabarismos con las tazas, llega la cuenta, que el turista se ofrece a pagar al sen- tirse en deuda por la invitación de la comida. La sorpresa es mayúscula cuando el confiado guiri descubre que la fiesta le va a salir por 2.000 yuanes (200 euros) el sueldo mensual de un oficinista en Pekín y, sin duda, el pago más alto jamás pagado por una desgustación de té. Lo malo es que la lista con tan desorbitados precios está en un rincón del establecimiento que ningún extranjero suele mirar, como enseguida se apresuran a mostrar los camareros ante las quejas del desplumado cliente, que ve así anulado cualquier intento de llamar a la Policía. Luego, las chicas que hacen de gancho se despiden a toda prisa del frustrado turista, que ni siquiera ve cumplidas sus expectativas de conquista, y se reparten el dinero con el dueño del local. Así que, si viene a Pekín, no tomé té con extrañas y, si lo hace, consulte antes el precio. Simpáticas muchachas atraen a incautos turistas a un ritual que sale por un ojo de la cara