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17 12 06 CLAVES DE ACTUALIDAD No es la primera vez que el cineasta de Torrelavega, Manuel Gutiérrez Aragón, se acerca a un relato duro con el trasfondo del terrorismo. La producción de Enrique Cerezo ha hecho posible que se llevara a cabo el rodaje de Todos estamos invitados una historia que Gutiérrez Aragón llevaba años intentando llevar a la pantalla, que fue pensada antes de la tregua de ETA y tenía un significado distinto del actual, en el que no sabemos si tenemos tregua o no como dice el propio cineasta: De cualquier modo, es mi propio testimonio sobre el terror Gutiérrez Aragón CINEASTA El terror de ETA frustra una historia de amor TEXTO: JOSÉ EDUARDO ARENAS La realidad y la ficción Me impresionó el ver a algún amigo, como Raúl Guerra Garrido, con sus escoltas, mientras yo rodaba para el cine una historia semejante a la suya. Me parecía un juego de espejos, daba vértigo. Llega un momento en que te dices: esto sucede de verdad, no lo he inventado yo A una semana de finalizar el rodaje de Todos estamos invitados Manuel Gutiérrez Aragón combina la filmación en interiores con el proceso de premontaje. El filme es una apuesta personal del cineasta que gira en torno al conflicto vasco desde la óptica del miedo de los perseguidos por ETA. ¿Es un proyecto reciente? -Lo arrastro desde hace tiempo, porque me decían que no era el momento adecuado de hacerlo. Personalmente, creo que siempre es el momento de hablar del miedo, de las amenazas. -Su película no se ha promocionado, pero ya ha levantado una fuerte expectación. -Llama la atención que algunas personas del equipo se te bajen del proyecto. Se pasaron con los temores, porque la película se puede ver de una manera serena y sin demasiadas compulsiones. Quizá fue el miedo. ¿Dónde ha filmado? -El noventa por ciento en San Sebastián. En las calles, en el Ayuntamiento, en sitios conflictivos como la parte vieja de la ciudad. No hemos tenido incidentes dignos de mención. ¿Problemas técnicos, tal vez? -Los conflictos que se viven en el País Vasco se leían cada día en la prensa, que era la que nos los recordaba. -Creo que se ha dado mucha importancia a la figuración, ¿qué tenía de especial? -El realizar escenas de acción y tener aspecto de kale borroka. Quería que fueran vascos, igual que los actores secundarios. Los tres protagonistas son José Coronado, Óscar Jaenada y Vanessa Incontrada, la otra parte de la historia. ¿Que haya un episodio de amor podría solapar los problemas que existen en el País Vasco? -El acierto será si consigo mostrar cómo una situación política anómala influye negativamente en la vida y en los sentimientos, en una relación sentimental frus- ABC trada por el terror. ¿Con quién recabó datos? -Con José María Calleja, que después ha sido el consultor para los temas políticos más delicados y con Ángeles González Sinde para hacer el guión. Yo era amigo de Ernest Lluch, y tuve un buen trato con Bandrés. Conozco a Savater. No cabe duda de que sus peripecias personales me han impresionado. Me he sentido más obligado a hacer esta película como ciudadano que como cineasta. Tenía que hacerla de ficción y desde el lado de la víctimas. -Cuenta en el filme un problema que nos atañe a todos los españoles, ¿hasta qué punto podrá nivelarlo con la ficción? -Muchos diálogos se han tomado de lo que he escuchado a mis amigos, igual que las situaciones vividas por gente que conozco y vive en el País Vasco. Lo que no voy es a caer en el error de poner que está basada en hechos reales. ¿Entonces? -En realidad, cualquier hecho real pasado al cine se convierte inmediatamente en ficción. La historia de amor es pura ficción. ¿Pura? -Bueno, el papel de Jaenada, un joven de ETA que tras recibir un balazo pierde la memoria, tiene un origen real. Sirve de metáfora para los sucesos actuales: si se olvida o no. Cuando salió del hospital, no sabía quién era, si era etarra o no. Me pareció un detalle muy sugerente para la historia. -Y un regalo para el guión. -Por entonces no existía eso de la memoria o el recuerdo... si tenemos que perdonar. La película va a tener muchas lecturas distintas según las situaciones que vayan ocurriendo. Fue pensada antes de la tregua y tenía otro significado al actual, en el que no sabemos si tenemos tregua o no la tenemos. Es mi propio testimonio sobre el terror. -Además empezó a rodar el mismo día en que se robaron las 350 pistolas en Francia. ¡Es la leche! ¿De qué manera se interpretará la película? -De muchas. La pregunta sería: ¿Se debe olvidar o no? Esa pregunta me parece sin respuesta, pero hay otra respuesta que no es a esa pregunta: Es imposible olvidar. ¿Ha pasado miedo? -Cuando leía por la mañana el periódico, me sentía preocupado de lo que podría pasar en el rodaje, pero trabajando se olvida. El hecho de hacer esta película así en escenarios naturales es una decisión difícil. -Veremos escenas violentas? -Un crimen que me atrapó por los visos de realidad. También me impresionó ver a algún amigo, como Raúl Guerra Garrido, con sus escoltas, mientras yo rodaba una historia semejante. Me parecía un juego de espejos. Daba vértigo. Te dices: esto sucede, no lo he inventado yo.